EL-SUR

Sábado 02 de Marzo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Humanizar y construir la paz

Jesús Mendoza Zaragoza

Septiembre 25, 2023

El Diálogo Nacional por la Paz realizado en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de Puebla, se desarrolló después de una serie de conversatorios y foros regionales con la finalidad de proponer una agenda y una red, ambas nacionales, para la construcción de la paz. Durante tres días hubo tiempos para el análisis y los diagnósticos, para mostrar una serie de buenas prácticas en los temas de seguridad ciudadana, justicia y reconstrucción del tejido social, para escuchar a las víctimas de las diferentes violencias, como la desaparición de personas y el desplazamiento forzado, y para trazar perspectivas orientadas a la elaboración de una agenda nacional.
Lo que quiero compartir ahora son algunos puntos de una conferencia teológica realizada por Gloria Liliana Franco Echeverri, religiosa de origen colombiano que hizo un esfuerzo para trazar el perfil humanizante de la construcción de la paz. ¿Qué es lo que nos hace competentes a las personas para una construcción de paz humanizante y para que tenga eficacia? Este perfil humanizante de la construcción de la paz no ha trascendido aún como para que haya resultados decisivos tanto para quienes trabajan por la paz como para los contextos en los que se desarrollan acciones y procesos de paz y de reconciliación.
El asunto está en comprender cuáles son las actitudes, capacidades y habilidades humanas y espirituales de quienes quieren construir paz entre nosotros. Hablemos de algunas más básicas que pueden hacernos más competentes.
La actitud de la fraternidad es fundamental. Ser radicalmente hermanos cuando importan todos los seres humanos, a quienes se abre el corazón sin distinguir su situación moral o legal o social o política, sin enjuiciarlos, sin crear dependencias ni sumisiones. De manera particular, importan quienes viven más cercanos, en el metro cuadrado del propio entorno, sobre todo, los más sufrientes. No importan sus méritos ni sus culpas. Lo que importa es que somos radicalmente hermanos y abrimos los brazos hacia ellos para tejer relaciones de fraternidad. Nos fijamos más en sus necesidades que en sus merecimientos. Hay quienes necesitan consuelo, respeto, sanar sus dolencias, sentirse escuchados y aceptados como son. Esta actitud fraterna es básica para no generar otras violencias y para generar procesos de paz.
De la actitud de la fraternidad surgen habilidades básicas para la vida y para las relaciones humanas y sociales. Para construir la paz se requieren habilidades para el encuentro, la escucha y el diálogo, habilidades no muy comunes en las relaciones humanas, sociales y políticas. La primera de estas habilidades es la del encuentro que nos hace posible dar la cara y mirar atentamente al prójimo, sobre todo, a quienes sufren. Ya sea en encuentros ocasionales, circunstanciales o también encuentros buscados y organizados. Tener buenas miradas y buenas actitudes hacia todos. Miran el lado bueno de cada persona, de cada comunidad o de la misma sociedad. Dejar atrás los prejuicios para no rehuir a nadie. Y remover los muros que hemos puesto para no encontrarnos, sobre todo a quienes nos incomodan o remueven nuestros pensamientos y sentimientos.
La segunda habilidad que se construye sobre la actitud de la fraternidad es la escucha. Esta es una necesidad fundamental que todos tenemos. Hay una imperiosa necesidad de catarsis en todas partes. Negarse a escuchar llega a ser un muro que se coloca para establecer un área de confort y hasta un mecanismo de defensa para proteger nuestras inseguridades, nuestros egos y nuestros intereses. No solemos sentirnos escuchados por nuestros gobiernos que establecen medidas para eso, para no escuchar. Eso mismo hacemos unos con otros en la vida cotidiana porque el narcisismo que sufrimos no nos lo permite. Quien no escucha, suele agandallar y cerrar los procesos en sus intereses o en la satisfacción de algunas necesidades.
Y la otra habilidad es la del diálogo, tan urgente en contextos de polarización política. Quien dialoga, lo hace porque sabe que no tiene la verdad y se abre a la verdad de los demás. Cada quien tiene su propia verdad que, compartida, puede ofrecer una visión más amplia de la verdad misma y puede propiciar decisiones por consenso. El diálogo nos capacita para involucrarnos en acciones y procesos para el bien común y para construir la paz.
Una capacidad fundamental está en vencer la indiferencia como estilo individualista y egoísta de vida. Aún no sospechamos el daño individual y social de la indiferencia que discapacita a personas, comunidades y sociedades enteras para abrir caminos de justicia y de paz. Es espantoso cuando la indiferencia se convierte en la respuesta espontánea, generalizada e institucionalizada ante el dolor humano y social. La indiferencia rompe toda posibilidad de justicia, de fraternidad y de paz social. Es como un mecanismo de defensa para que no nos afecte el dolor ajeno. Es poner muros para no sentirnos afectados por las mil formas de violencia que se dan en nuestros contextos. En México, en nuestros contextos guerrerenses es uno de los factores mayores que no nos permite hacer procesos de paz. El altar del individualismo se llena de adoradores que son simplemente egoístas y buscan justificar su inmoralidad y su perversidad. No alcanzamos a ver el lado perverso de la indiferencia que prevalece entre nosotros. Se mira como algo tan natural cuando se aleja la mirada del dolor de los colectivos de desaparecidos.
En contraposición a la indiferencia, se despierta la compasión como una actitud de vida, que nos hace capaces de acompañar a quienes sufren el dolor de ser víctimas en cualquiera de sus formas, a comunidades victimizadas, alguna de las dolencias sociales más sentidas. Nuestra sociedad necesita compasión para avanzar en un camino de sanación social. La compasión es un gran motor que genera entusiasmo, persistencia, resistencia y fortaleza ante las adversidades.
Una actitud más, necesaria para la construcción de paz es la actitud del cuidado. Necesitamos reconocer una grave carencia: no nos cuidamos. Los gobiernos no han cuidado a los ciudadanos, las empresas no han cuidado a sus trabajadores, las iglesias no han cuidado los valores espirituales de sus miembros, las escuelas no han cuidado el desarrollo integral de alumnos y estudiantes y las familias no han cuidado a sus niños. Quien nació y creció sin los cuidados necesarios, ha ido desarrollando un sentimiento de abandono y de orfandad que le lleva a no valorarse a sí mismo y a descuidar su vida. Si no sabe cuidarse a sí mismo, está discapacitado para cuidar a los demás. Nadie cuida a nadie. Ganar, comprar, competir, vender, trabajar, consumir, y otros han sido los verbos preferidos. El verbo cuidar no está en nuestro vocabulario cotidiano. La violencia ha arrasado todo e instrumentalizado todo.
Hay que entender que los graves entornos de violencia que tenemos en el país y en nuestras localidades, nos han deshumanizado al grado que inconscientemente empeoramos las cosas. Los descuidos, la indiferencia, el individualismo, el agandalle y otras actitudes más nos discapacitan para abonar a la paz. En la medida en que trabajamos por la paz podemos desarrollar un proceso de humanización personal, comunitaria y social. Es necesaria una forma de ser diferente que nos haga capaces de construir la paz en nuestro metro cuadrado.
En posteriores entregas ofreceré algunos temas que se tocaron en este Diálogo Nacional por la Paz, como una contribución que nos ayude en Guerrero.