EL-SUR

Sábado 04 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Ignacio Peyró: un perfil agudo de Julio Iglesias

Adán Ramírez Serret

Junio 06, 2025

Ah, los libros que no nos interesan. Nada mejor que eso. Nada mejor que aquellas obras que jamás leeríamos, pero, que, de un momento a otro, nos descubrimos apasionados, dando y dando la vuelta a una página y otra de un libro que pensamos, según la cuarta de forros y, sobre todo, según el tema, jamás nos interesaría.
Es, precisamente, lo que me está sucediendo con El español que enamoró al mundo: Una vida de Julio Iglesias, de Ignacio Peyró (Madrid, 1980), quien me hizo desde el prólogo disfrutar de una escritura que raya en la perfección al ser portador de una pluma periodística envidiable, pues, poco más, poco menos, nos explica que leeremos un libro sobre un personaje antipático, que no cabría en nuestro presente (no cabe si no es en este libro y en la memoria) por promiscuo, por conservador, de derechas… y que, precisamente, este es un caso por el que vale la pena echar el ojo, zambullirse en la vida de un personaje así, que, en principio, no nos interesa, nos da pereza, pertenece a un pasado que (al menos en apariencia) no dialoga con el presente y cuya música está lejos de estar de moda aún en karaokes aburridos que rememoran un pasado que fue decadente aun cuando sucedía.
La maravilla es que Ignacio Peyró escribe un libro decadente de manera deliberada, el personaje lo es y la forma de abordarlo también; esto se entiende normalmente como literatura, pues, quizá la denominación del arte comienza a serlo cuando está fuera del mundo, cuando aquello que leemos no debería de haberse escrito, porque no sirve para nada, y es precisamente por eso, que se transforma, en muchos casos, en un texto indispensable. No creo que sea el caso de este libro, que sea una obra de arte, pero estoy convencido que todo lo hace muy bien Peyró. Es hace un libro decadente, lo cual me parece muy divertido y, por supuesto, sumamente inteligente, pues es el caso de un periodista un poco cansado de las modas o de ciertos momentos del periodismo en donde hay muchísimas entrevistas y pocos perfiles, lo cual es una lástima, pues es un género delicioso, en donde la persona que lee el texto no necesita saber nada del personaje sobre quien se lee y, aún así, interesarse por lo que lee. Hecho que precisamente fue lo que me sucedió, pues sé poco de Julio Iglesias, salvo que es papá de Enrique, esposo de Isabel Preysler y protagonista de miles de memes cuando se acerca el mes de julio.
Lo que yo recuerdo de Julio Iglesias es que mi abuela decía que era el que cantaba haciendo cara de invidente, verlo en entrevistas en donde no era muy cariñoso con la carrera de su hijo y hasta ahí. Si me preguntaban sobre alguna canción suya, no sabría decir, ni remotamente ninguna. Y, después de leer el perfil de Peyró, las cosas han cambiado. Sé que su primera profesión fue ser futbolista, que tuvo un accidente violento, que sufrió un cáncer, que su padre era doctor, y que, contra cualquier otra premonición, por su talento, por su forma de cantar y por muchas de sus canciones, se hizo uno de los cantantes más famosos de la historia moderna de España.
Descubrí que la decadencia de Julio Iglesias es intrínseca, involuntaria y deliberada, al mismo tiempo, pues en donde aprendió a tocar la guitarra, en donde se rebeló contra su padre alejándose del derecho y haciéndose músico, para sorpresa de todos, incluido él mismo, fue precisamente en la Inglaterra de los años sesenta, en el Londres aquel de los Rolling Stones, The Who o The Kinks; Iglesias se vuelve una isla dentro de la Gran Bretaña y vuelve a su país natal con canciones más de la chanson française y del “pop franquista”, completamente lejano al grito juvenil lleno de poesía moderna, feminista y liberal en general, que planteaba el Rock en Inglaterra, para regodearse más en el amor romántico y, sin quererlo, convirtiéndose en un absoluto sex simbol, un compositor que marcaría un antes y un después en la música popular en español y en un cantante único, que, más allá de su tiempo y su género, contiene una flexión definitiva. Por lo tanto, que vivan los libros como los de Peyró, en donde podemos ser personas diferentes a lo que pensamos, leyendo libros que jamás leeríamos. Soberbio perfil.
Ignacio Peyró, El español que enamoró al mundo: Una vida de Julio Iglesias, Barcelona, Libros del Asteroide, 2025. 327 páginas.