EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Plumas acapulqueñas (XXXVI)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Agosto 10, 2017

In memoriam Sergio Galeana Vaca y Leopoldo Polo Vaca. Descansen en paz queridos sobrino y amigo.

Crónica de un viaje esperado.

José Antonio Olguín Ortiz*

Rumbo al Sur

El club premier de Aeroméxico nos avisa el 21 de diciembre de 2016 que los boletos para viajar a Argentina están a nuestra disposición. Al fin se nos hará bailar tango en su cuna, exclamó Rosalba, mi compañera, tan ilusionada como yo por conocer aquellas tierras sudamericanas. Tierras de paisajes exuberantes, gastronomía deliciosa, vinos excelentes y folklore deslumbrante.
Un propósito adicional por mi parte. El ferviente deseo de visitar la ciudad de Montevideo, Uruguay, para conocer a una celebridad política. Saludar a un hombre que había despertado en mí un profundo respeto y admiración porque, a pesar de dedicarse a la política, era un hombre pobre. Algo inconcebible en México ateniéndonos a la sentencia del gurú mexiquense Carlos Hank González: “Un político pobre es un pobre político”. Saludar y quizás platicar un poco con el ex presidente uruguayo José Mujica.
Ya con los boletos en la mano, me di a la tarea de conseguir una entrevista con el entonces senador de la República, según me informaron en la misión diplomática uruguaya. No puedo conseguirla porque era diciembre y todo mundo había salido de vacaciones, tal como lo haríamos nosotros.
Una vez instalados en Montevideo y sin dejar cumplir con los cánones del buen turista, Rosalba y yo nos dirigimos a la Intendencia Municipal. Allí, una secretaria amabilísima nos sugirió que buscáramos al senador Mujica en la sede del Congreso. “Ahora que si no lo localizan allí, podrán encontrarlo en su chacra (ranchito), en las afueras de la capital. Miren, ésta es su dirección y a ella podrán llegar en taxi o tomando dos camiones. Es fácil, cualquier persona les dará razón, nos orientó solícita.

¿Van con Pepe?

Así lo hicimos y en el segundo autobús pedimos al conductor que nos bajara cerca de la casa del senador Mujica. ¿Van con Pepe, eh?, indagó y al poco rato detuvo el camión para mostrarnos la ruta a seguir. Caminamos por una brecha sin pavimentar hasta llegar a una barda con un lacónico letrero de “pare”. Allí preguntamos por el personaje y enseguida apareció una persona para conducirnos hasta un camper habilitado como oficina. Luego apareció nuestro hombre saludándonos cariñosamente mientras se seca las manos recién lavadas. “Estaba laborando en el jardín”, dice a manera de disculpa. Le informamos el motivo central de nuestro viaje manifestándose halagado y agradecido. ¡Qué sencillez de hombre, carajo!
Acompañados con vasos de pomelo “Paso de los toros”, una deliciosa bebida frutal, los Olguín-Gutiérrez de Acapulco se dejaron llevar por aquella voz clara y pausada haciendo remembranzas de sus personajes más admirados: Gandhi, Mandela, Luther King, Lula y Evo, entre otros. Coincidimos con su afirmación en el sentido de que la generalidad de los políticos ven el dinero como un fin y no como un medio. Aspiran al poder sólo en aras del dinero –sentenció–, sin importarles el daño que puedan causar a sus países, a su gente. ¿Por qué no mejor se dedican al empresariado?, preguntó.

¿Y Trump, señor?

–Les diré, amigos de Acapulco, que su presidente Peña no ha estado a la altura de las circunstancias a raíz de que ese señor empezó a ofender a México y a los mexicanos. Su campaña electoral estuvo basada en el racismo y en la explotación de los sentimientos antinmigrantes de la población blanca y poco educada. Les repito: nos ha faltado altura a todos pues ni siquiera hemos tenido el coraje de reaccionar como pueblos soberanos, dignos.
–Señor senador (dime Pepe, por favor, así me llama todo mundo): ¿es verdad que en su visita reciente a México usted se negó a platicar con Andrés Manuel López Obrador?
–Se trata de una confusión, una lamentable confusión. Fui a México, en efecto, a dictar una conferencia a la ciudad de Tijuana y el tiempo era limitadísimo. Ya me he disculpado con él. Ora que, amigos de Acapulco, le diré una cosa: ese señor es la única opción que tiene la izquierda mexicana.
El tiempo pasó volando y cuando reparamos habíamos consumido casi una hora de plática con este hombre que, cuando presidente de Uruguay donó el 90 por ciento de su salario para causas sociales. La mayor parte, unos 550 mil dólares, a proyectos de vivienda para las familias más pobres de Uruguay.
¿Y la foto?, –pregunta Pepe al ponerse de pie.
Nos la tomamos con él agradeciendo, por supuesto, su generosa hospitalidad e invitándolo a visitarnos en Acapulco. Una gráfica más con sus famosos “vochitos”, los autos en los que se mueve y una tercera con las dos perras que son su adoración. Finalmente, los abrazos y los adioses.

¿Quién es Pepe Mujica?

José Mujica –escribe el periodista Rafael Croda–, es un animal político surgido de la izquierda en armas de los sesenta, que por obra y gracia de su intuición premonitoria renunció a la lucha armada tras pasar ocho años en prisión, confinado en un hoyo en el que nunca vio la luz del sol.
Sin rencores, dejó atrás el dogmatismo ideológico sesentero y optó por una socialismo pragmático y eficaz que, convertido en programa de gobierno por la coalición izquierdista Frente Amplio, ha hecho de Uruguay el país con mayor desarrollo humano de América Latina. El mismo aclara: “Yo no estuve preso por héroe, sino por falta de velocidad” (¡para correr!).
En un mundo donde la mayoría de los gobernantes son dueños de grandes fortunas o pensiones de privilegio, es muy probable que el uruguayo sea el más pobre. Cuando dejó la presidencia de Uruguay en 2015 su patrimonio era de 329 mil dólares, según su declaración jurada. Hoy reducida a causa de la devaluación del peso uruguayo. Además de su “chacra”, posee dos autos Volkswagen 1987 y tres tractores que el mismo maneja en sus faenas agrícolas.
–¡Qué voy a ser pobre! –reacciona. No soy pobre porque pobres son los que precisan mucho. Yo estoy con Séneca que promovía el desprendimiento de los bienes materiales como un modo de vida.
A sus 82 años, este atípico político latinoamericano se entiende muy bien con el público joven que acude a sus conferencias. Se comunica con ellos porque habla sencillo, como uno de los campesinos de la ruralidad profunda uruguaya. (Proceso, 16/4/2017).

* Toño Olguín: comerciante acapulqueño y miembro de la Mesa de los Jueves en Sanborns centro.