EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Índice de ciudades prósperas 2016 para México

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 22, 2016

El pasado martes 19 de octubre, dentro de la Cumbre Hábitat III realizada en Quito, Ecuador, fue presentado por México su Índice de Ciudades Prósperas 2016, acrónimo CPI (City Prosperity Index, por sus siglas en inglés). Dicho Índice fue elaborado de manera conjunta entre ONU-Hábitat, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, y el Infonavit, el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores, con el apoyo de la Sedatu, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.
El CPI es una herramienta global para medir el desarrollo urbano sostenible, que actualmente se está calculando para más de 500 ciudades del mundo. Para México, el cálculo del CPI se realizó en 136 municipios donde se originaron un mayor número de créditos a lo largo de 2014 por parte del Infonavit, así como las 16 delegaciones de la Ciudad de México.
El CPI tiene como base la información oficial que se aglutina en seis dimensiones de la prosperidad: productividad, infraestructura de desarrollo, calidad de vida, equidad e inclusión social, sostenibilidad ambiental, así como gobernanza y legislación urbana. A su vez, cada dimensión tiene diversas subdimensiones (22 en total), que presentan diversos indicadores (41 en total).
En el reporte de síntesis preliminar del Índice, presentado en marzo de 2016, se manifestó como primer resultado, la delimitación de las aglomeraciones urbanas de las que forman parte la mayoría de los municipios analizados; la segunda, se refiere a la determinación de una clasificación tipológica de los municipios a partir del tamaño de población de sus aglomeraciones (más de 1 millón de habitantes; entre 500 mil y 1 millón y menos de 500 mil habitantes) (http://es.unhabitat.org/cpi-mexico/).
El CPI proporciona una medida de la solidez o debilidad de las seis dimensiones de la prosperidad, y sus valores resultantes se presentan en tablas y gráficos que se agrupan en seis escalas o factores de prosperidad, en una escala de 0 a 100 puntos, que a  su vez se agrupan en 3 niveles de intervención. Así en el nivel de intervención “consolidar la política urbana” se ubican los factores  muy sólidos (80-100 puntos) y sólidos (70-79 puntos); en el nivel de intervención “fortalecer políticas urbanas” se encuentran los factores moderadamente sólidos (60-69 puntos) y moderadamente débiles (50-59 puntos); y en el nivel de intervención “priorizar políticas urbanas” se ubican los factores débiles (40-49 puntos) y muy débiles (10-39 puntos).
Conforme a datos proporcionados del Índice en diarios nacionales, ya que el reporte completo no estaba disponible en las páginas electrónicas de las instituciones responsables del Índice, se presentan algunos de sus principales resultados.
En el país en orden de mayor a menor de las 6 dimensiones:
La dimensión equidad e inclusión social obtiene el valor más alto con 70.7 puntos, por lo que se considera sólida.
La dimensión de infraestructura obtuvo un valor de 62.6 puntos, por lo que se considera moderadamente sólida.
La dimensión calidad de vida tuvo un valor de 62.0 puntos, por lo que se considera moderadamente sólida.
La dimensión de productividad para México tuvo un valor de 57.3 puntos, por lo que se considera moderadamente débil.
La dimensión sostenibilidad ambiental, tuvo un valor global de 46.7 puntos, por lo que se considera débil.
La dimensión gobernanza y legislación urbana tuvo un valor de 37.9 puntos, por lo que se considera muy débil.
El valor promedio total del CPI para los municipios urbanos analizados es de 54.3, puntos de modo que el resultado total para México se considera moderamente débil.
Respecto a los datos individuales para 77 zonas urbanas evaluadas se tienen los siguientes resultados.
Las seis zonas urbanas más prosperas del país son las de los municipios de Cajeme, Sonora (66.2 puntos), Cancún, Quintana Roo (65.9), Acuña, Coahuila (65.2), Guadalajara, Jalisco (63.9), La Paz, B.C. S. (63.6) y Tepic, Nayarit (62.4). Todas ellas, se consideran moderadamente sólidas.
En los factores moderadamente débiles (50-59 puntos), se ubicaron 62 ciudades.
Las nueve zonas urbanas menos prósperas del país son las de los municipios de Chilpancingo, Guerrero (46.0), Acapulco, Guerrero (46.1), La Piedad, Michoacán (46.7), Tuxtla Gutiérrez, Chiapas (47.4), Coatzacoalcos-Minatitlán, Veracruz (49.2), Saltillo, Coahuila (49.4), Matamoros, Tamaulipas (49.7), Caborca, Sonora (49.9) y Oaxaca, Oaxaca (49.9). Todas ellas se consideran débiles.
Es decir, ninguna aglomeración urbana de México obtuvo los puntos suficientes para considerarse muy sólida (80-100 puntos) y sólida (70-79 puntos), aunque tampoco muy débil (10-39 puntos).
En la dimensión de productividad se tiene a Playa del Carmen, Q. Roo y a San Miguel, Guanajuato con el mayor valor de 72.7 puntos respectivamente, por lo que se consideran sólidas. Por el contrario, Cadereyta de Montes, Querétaro tiene el menor valor con 41.6 puntos, por lo que se considera débil.
En la dimensión de infraestructura se tiene a Tepic, Nayarit con el mayor valor de 75.7 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Naolinco, Veracruz tiene el menor valor con 40.6 puntos, por lo que se considera débil.
En la dimensión de calidad de vida se tiene a Tula de Allende, Hidalgo con el mayor valor de 73.4 puntos, por lo que se considera sólido. Por el contrario, Acapulco, Guerrero tiene el menor valor con 51.2 puntos, por lo que se considera moderadamente débil.
En la dimensión de equidad e inclusión social se tiene a Piedras Negras, Coahuila con el mayor valor de 77.8 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Chilpancingo, Guerrero tiene el menor valor con 53.6 puntos, por lo que se considera moderadamente débil.
En la dimensión de sostenibilidad ambiental se tiene a Guadalajara, Jalisco con el mayor valor de 89.7 puntos, por lo que se considera muy sólido. Por el contrario, Chetumal, Q. Roo tiene el menor valor con 27.6 puntos, por lo que se considera muy débil.
En la dimensión de gobernanza y legislación urbana se tiene a La Paz, B.C.S. con el mayor valor de 71.3 puntos, por lo que se considera sólido. Mientras que, Salamanca, Guanajuato tiene el menor valor con 22.3 puntos, por lo que se considera muy débil.
Sin duda alguna, los tomadores de decisiones de los tres órdenes de gobierno en México tienen con el Índice de Ciudades Prosperas un instrumento, que habría que aprovechar para llevar al camino de la prosperidad a las ciudades que gobiernan. El mandato es que debemos comprender los factores que promueven o limitan la prosperidad. La fotografía del Índice, que ahora se tiene es que nuestras ciudades en su mayoría todavía presentan diferencias amplias entre e intra en sus seis dimensiones de prosperidad; sus desarrollos son desequilibrados y persiste una clara frontera de desigualdad entre ricos y pobres. No se pretende, decir que nos convirtamos en Barcelona o Berlín, pero está claro que en el mundo hay grandes modelos de ciudades prosperas, de las que debemos aprender para a través de desarrollar políticas, programas y acciones cambiemos a nuestro propio modelo de prosperidad.
No debo de dejar, que en especial me preocupa los casos de Acapulco y Chilpancingo, ambas de Guerrero, que en comparación con otras ciudades del país son las menos prosperas del país. Las dos ciudades tienen problemas estructurales históricos, así como su crónica desigualdad en el acceso a las oportunidades para su ciudadanía y la pobreza generalizada las ubica en esa condición. Esto se expresa en una violencia cotidiana inaudita. Es claro, que se requiere mayor solidaridad externa con ellas, no sólo nacional, sino también internacional. Esto, ante la debilidad institucional de las autoridades locales para responder a semejantes retos. Basta leer los diarios para entender el tamaño de la emergencia. Por ello, se requiere impulsar una mayor participación organizada de la ciudadanía, comprometida con el devenir del presente y mucho más del futuro de Acapulco y Chilpancingo, en donde no debe existir cálculo de poder faccioso o partidista.