EL-SUR

Jueves 13 de Agosto de 2020

Guerrero, México

Opinión

Informe de los recursos hídricos en el mundo 2020

Octavio Klimek Alcaraz

Junio 20, 2020

El pasado 22 de marzo, con motivo de la conmemoración del Día Mundial del Agua, fue presentado el Informe de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo. La Unesco, en nombre de la ONU-Agua, se encarga de dicho informe, ya que su elaboración es coordinada por el Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos (WWAP) de la Unesco. El citado informe anual busca proporcionar a los decisores conocimientos e instrumentos útiles para formular y aplicar políticas sostenibles relativas a los recursos hídricos en el mundo (https://en.unesco.org/themes/water-security/wwap/wwdr/2020#resources).
Realizo una síntesis del informe. Este año, se enfocó al tema de agua y cambio climático. Su mensaje principal en la comunicación oficial es que: “el cambio climático va a influir negativamente en la cantidad y calidad del agua disponible a nivel mundial para satisfacer toda una serie de necesidades humanas básicas, lo cual irá en menoscabo del derecho fundamental de miles de millones de personas a tener acceso al agua potable y el saneamiento”.
Entre los datos significativos del informe se señala que en el mundo existen ahora 2 mil 200 millones de personas privadas de acceso al agua potable y otros 4 mil 200 millones que carecen de sistemas de saneamiento seguros. El consumo de agua en el mundo se ha multiplicado por seis en los últimos 100 años y, sigue creciendo a un ritmo anual del 1 por ciento, como resultado del aumento de la población, el desarrollo económico y los cambios en los patrones de consumo.
Pero lo peor está por venir. Los cambios en la precipitación y la temperatura afectarán directamente al presupuesto del agua terrestre. El cambio climático agravará la situación de las regiones actualmente estresadas por el agua y generará estrés hídrico en regiones donde los recursos hídricos siguen siendo abundantes hoy en día. Se espera que la evaporación de la superficie terrestre aumente como resultado de la tendencia mundial del aumento de las temperaturas del aire en todas las regiones, menos en las más secas, donde la falta de agua impide tal aumento. Este aumento puede verse compensado por un aumento de las precipitaciones, pero en muchas regiones y especialmente en aquellas áreas donde los volúmenes de lluvia disminuirán, conducirá a una reducción de los volúmenes de flujo y una disminución de la disponibilidad de agua en diferentes estaciones.
La consecuencia será que el abastecimiento del agua también se verá afectado y redundará en perjuicio no sólo de la agricultura –que representa el 69 por ciento del aprovechamiento del agua dulce– sino también de la industria y la producción de energía eléctrica, e incluso de la pesca. Así, se van a presentar reducciones en la producción de alimentos.
Un asunto que poco se dice, y que se indica en el informe, es que el aumento de la temperatura del agua y la disminución del oxígeno disuelto en ella van a mermar la capacidad autodepuradora de los ecosistemas de agua dulce y así se verá afectada la calidad de los recursos hídricos de éstos. Por tanto, nuestra salud se verá afectada, ya que aumentarán los riesgos de proliferación de gérmenes patógenos causados por las inundaciones, o por las mayores concentraciones de contaminantes que se registran en las épocas de sequía.
Indudablemente, el informe señala que debemos adaptarnos al cambio climático, y al mismo tiempo debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) causantes del cambio climático. Al respecto, el informe hace énfasis que tratar las aguas residuales contribuye a generar entre un 3 por ciento y un 7 por ciento de las emisiones de GEI. Estas emisiones proceden de la energía y los procedimientos bioquímicos utilizados precisamente para ese tratamiento: Por ello, se necesita cambiar las formas de tratar aguas residuales, teniendo en cuenta que no tratar aguas residuales también generan cantidades muy considerables de metano, un GEI muy potente, como es conocido. La recomendación es invertir en el uso de técnicas modernas de tratamiento de las aguas residuales que pueden extraer el metano de la materia orgánica a fin de obtener biogas utilizable para producir energía eléctrica. La tarea es grande, se estima que entre un 80 por ciento y un 90 por ciento de las aguas residuales del mundo se vierten en la naturaleza sin que se las someta a ningún tipo de limpieza.
Para aquellos creyentes de las grandes infraestructuras, como las presas. El informe señala, que el cambio climático genera riesgos adicionales para la infraestructura relacionada con el agua, lo que requiere una necesidad cada vez mayor de medidas de adaptación. Por ello, para la infraestructura de almacenamiento de agua, es necesario reevaluar la seguridad y sostenibilidad de las presas, y evaluarlas para posibles modificaciones o desmantelamiento, con el objeto de minimizar sus impactos ambientales y sociales, y para la optimización de sus servicios. En muchas regiones del mundo, las aguas subterráneas y los acuíferos presentan la mayor capacidad de almacenamiento, a menudo órdenes de magnitud mayor que el almacenamiento de agua superficial.
El informe indica que los humedales albergan las mayores reservas de carbono entre los ecosistemas terrestres, almacenando el doble de carbono que los bosques. Teniendo en cuenta que los humedales ofrecen múltiples beneficios conjuntos, como la mitigación de inundaciones y sequías, la purificación del agua y la biodiversidad, su restauración y conservación es de importancia crítica en términos de mitigación del cambio climático.
El informe señala que tanto el cambio climático como la gestión del agua requieren mecanismos de supervisión y coordinación. La fragmentación sectorial y la competencia burocrática pueden plantear serios desafíos para la integración en todas las escalas.
Esto requiere: 1) una mayor participación de la sociedad para discutir y gestionar el riesgo climático; 2) desarrollar capacidades de adaptación en múltiples niveles y 3) priorizar la reducción del riesgo para los grupos socialmente vulnerables.
El informe sugiere una mayor participación pública para gestionar el riesgo climático como una forma de desarrollar capacidades de adaptación a múltiples niveles, evitar trampas institucionales y priorizar la reducción de riesgos para los grupos socialmente vulnerables. Al mismo tiempo, la información y los datos científicos también deben estar disponibles a nivel local e incluirse como información en los procesos locales de decisión de las múltiples partes interesadas.
También en el informe se precisa que una de las razones que subyacen en la brecha de inversión en agua y saneamiento es que estos servicios se perciben principalmente como una cuestión social (y en algunos casos ambiental) en lugar de económica, como la energía. Sin embargo, los costos económicos de un brote como la actual crisis del coronavirus son enormes, tanto en términos de economías nacionales y mercados de valores, como (y lo que es más importante) en términos de ingresos de los hogares, cuando la gente no puede trabajar debido a enfermedades o bloqueos. La valorización de la importancia económica del agua y el saneamiento debería proporcionar un catalizador adicional para una mayor inversión.
Otro desafío principal para llenar el vacío de inversión en agua y saneamiento radica más en el lado del saneamiento de las cosas. La sociedad generalmente está dispuesta a pagar por el agua que entra en sus hogares, pero no por transportarla y tratarla una vez que se va (es decir, una vez que se tira por el inodoro, desaparece y se convierte en el problema de otra persona). El problema es que el tratamiento de las aguas residuales es varias veces más caro que tratar el agua de origen en primer lugar. Por lo tanto, sin la voluntad de pagar por parte de los usuarios, corresponde a los gobiernos cubrir la factura. Y dado que no reconocen el valor económico del tratamiento de aguas residuales (percibido como una cuestión más ambiental), la voluntad política detrás de ese gasto es baja.
Se concluye en esta apretada síntesis, que la crisi de coronavirus podría ayudar a los gobiernos a darse cuenta de que el agua y el saneamiento son tanto una cuestión social (sanitaria), como una cuestión económica y, por lo tanto, reconocer el retorno de la inversión en términos de costos de atención médica y beneficios económicos positivos.