EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Informe

Arturo Martínez Núñez

Septiembre 03, 2019

 

Como resultado de nuestra desfasada y anquilosada estructura legal y ritual, el pasado 1 de septiembre, se realizó el Primer Informe Anual de Gobierno, que en realidad cumplió ese día, tan solo nueve meses de encargo. Ya el actual gobierno había realizado previamente dos informes, uno a los 100 días y otro el 1 de julio al cumplirse un año de la histórica elección del 2018. Adicional a esto, hay que recordar que el Presidente de la República comparece ante los medios casi todos los días en punto de las siete de la mañana. Por lo tanto es poco lo que se podría haber esperado como anuncio sorpresa o estridente. Probablemente lo mas rescatable de un formato que, ya no aguanta mas, es el mensaje político al margen del cúmulo de cifras.
El Informe de Gobierno era en la tradición mexicana el Día del Presidente, mas que un acto republicano de rendición de cuentas, se trataba de un día en que los mexicanos segúian en cadena nacional al hombre-Estado que salía de Palacio Nacional a bordo de un gran vehículo descapotable, ataviado con la banda presidencial. A lo largo del trayecto entre el zócalo y San Lázaro, las calles atestadas de acarreados que vitoreaban al primer mandatario entre una nube de papelitos tricolores que eran lanzado desde los techos de los edificios. El Presidente y su séquito arribaban a San Lázaro y eran recibidos por la puerta principal, que sólo se abría para tales ocasiones, bajo el majestuoso mural de bronce de José Chavez Morado. Tras cruzar el portico, el presidente de la república, el gran Tlatoani, caminaba por un pasillo central –pasillo Imperial le llamó Porfirio Muñoz Ledo en 1997– hasta la máxima tribuna de la nación. Una vez instalado, el Presidente-Emperador mantenía un soliloquio de horas mientras los legisladores –casi todos del partido de Estado– y los invitados especiales, la llamada “clase política”, aplaudían como focas.
Hasta 1988 no existió el diálogo y era una falta gravísima interpelar al presidente. Hoy ese formato unidireccional, donde uno habla y millones escuchan, ha dejado de ser eficaz.
A nueve meses de iniciado el gobierno de la cuarta transformación nacional, son muchos los avances que se tienen y también son muchas las áreas en las que los resultados tardarán en llegar más de lo planeado. Son muchas décadas de rezagos en áreas como la seguridad y la distribución de la riqueza como para pretender arreglarlos de un plumazo o a fuerza de voluntad.
Lo más importante es la nueva relación del poder con el pueblo. Nunca más ceremonias faraónicas. El informe de trabajo y la rendición de cuentas deben de hacerse no cada año sino cada día de cara a la nación. Hoy el jefe de Estado recibe las preguntas libres que le formula todo aquel medio que esté dispuesto a desmañanarse. El Presidente viaja en vuelo comercial y todo ciudadano que quiera acercarse a plantearle algo es bien atendido. La democracia se construye todos los días y en cada momento. La ciudadanía tiene derecho a estar informada de manera permanente y tiene de derecho a cuestionar a reclamar y a exigir. En este gobierno no se solapa a nadie ni se protege a nadie.
La cuarta transformación no tiene la piel delgada. No se esconde detrás de los escritorios, no se rodea de guardaespaldas. No necesita que la protejan convenios publicitarios ni aparatos de comunicación. No necesita ni ocupa personeros para enviar mensajes envenenados. Su fortaleza dimana de un inmenso apoyo popular, acreditado por todos los estudios de opinión publicados a la fecha.