Abelardo Martín M.
Agosto 19, 2025
Aunque el presidente de Estados Unidos Donald Trump se pone la estrella por las negociaciones para pactar el cese de ataques y hostilidades entre Rusia y Ucrania, el verdadero ganador del conflicto es Vladimir Putin, y un poco más lejos el presidente chino Xi Jinping.
El presidente ruso negocia sobre la base de que logra los terrenos ya ocupados, es decir mantiene y aumenta su predominio sobre territorio ucraniano, lo que a todas luces es una derrota para Occidente. Obviamente quien quedó en medio de los intereses de las potencias fue el presidente ucraniano Volodímir Zelenski.
También gana, como aliado de Rusia, el oriente del mundo encabezado por China, quien consistentemente avanza para consolidarse como la potencia más importante del siglo XXI.
Para Europa, para la OTAN, la pérdida de territorios de Ucrania es sin duda también un revés, ya que su apuesta era que este país se integrara al bloque europeo con mayor apertura, lo que hubiera significado el desmembramiento de Rusia.
La cumbre de ayer de líderes europeos y el presidente Trump tenía caras largas, reflejo de quien es el verdadero ganador de este conflicto estratégico para el equilibrio internacional.
Mientras, China continúa la consolidación de su primacía en el liderazgo mundial.
En otro orden, en el ámbito nacional, la reciente publicación de la medición de los indicadores de la pobreza en México, realizada por primera vez por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Inegi, en lugar del desaparecido Consejo Nacional para la Evaluación de los Programas Sociales, Coneval, muestra una realidad tan contundente como positiva para el país, la reducción de la población en pobreza durante el pasado sexenio en una proporción nunca antes vista.
En efecto, las personas en situación de pobreza se redujeron durante los pasados seis años de alrededor de 52 millones a 38 millones y medio, es decir, trece millones y medio menos. Resultados como éste no se veían en décadas en el modelo conocido como neoliberalismo.
Según el estudio, esta disminución es resultado de la elevación consistente de los salarios, en particular los mínimos, combinada con la derrama de los programas sociales con los que se atiende a la población necesitada.
Durante décadas, el neoliberalismo entonces gobernante se había rehusado a impulsar la mejoría salarial, e incluso de manera deliberada se había propiciado el deterioro del poder adquisitivo del ingreso de los trabajadores. Se manejó la estrategia como un factor de competitividad de la economía mexicana, y se aducía que incrementar los salarios reales generaría distorsiones y dificultades al aparato productivo.
A partir de 2018 esa estrategia cambió radicalmente, y pese a algunas protestas de la representación patronal y de diversos grupos proclives al neoliberalismo y a la llamada derecha, los niveles salariales se han aumentado año con año muy por encima de las tasas de inflación.
El resultado está a la vista, al atacarse uno de los fenómenos más persistentes de la realidad mexicana, que ahora se ve francamente en retroceso.
Es evidente que aún falta mucho por hacer, y que junto a las limitaciones de ingreso, la mayoría de la población aún sufre diversas carencias sociales, como el rezago educativo, la falta de cobertura universal en salud, la carencia de vivienda o el acceso a una alimentación adecuada.
Sin embargo, si se considera el breve lapso analizado, apenas un sexenio, hay un proceso de mejoría y transformación que de persistir en el tiempo dará a la población de nuestro país un mejor nivel de vida generalizado en las siguientes décadas. Este solo hecho muestra uno de los beneficios más contundentes del cambio de régimen que México ha experimentado en los recientes años.
Es evidente que esta mejoría, ahora perceptible en la estadística, se siente en los bolsillos de las familias mexicanas desde que empezó a producirse el viraje que mencionamos. No es ningún secreto que en esa percepción popular se encuentra una de las principales claves por las que la mayoría de los electores en nuestro país ha aumentado su confianza y su apoyo a la llamada Cuarta Transformación, como se hizo evidente en la elección presidencial de hace poco más de un año.
Esa tendencia se ha fortalecido por todo el país y ha afianzado el poder de ese movimiento de transformación, incluso en regiones, como Guerrero, en donde la economía no va tan bien y donde, además de las carencias sociales de siempre, se sufren los embates de la violencia y la criminalidad.
En el fondo, la gente tiene confianza de que con un movimiento popular unido y fortalecido, se podrá enfrentar y remontar situaciones complejas como la local que señalamos.
Ojalá que así sea, porque la violencia sigue. Ahora le tocó poner los muertos y heridos a la policía comunitaria de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero, en Ayutla. No hay fin de semana en la entidad en que no haya al menos una grave noticia como ésta, pues los avances en el trabajo del gobierno guerrerense, encabezado por Evelyn Salgado, no han dado aún los resultados deseados, no obstante la evidente preocupación y prioridad en la que tiene a Guerrero la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Como siempre, el abuso de confianza, el encerramiento en equipos más ocupados en lisonjear a la jefa o gobernadora que en hacer bien su papel, repercute en un escaso avance, como ocurre a Guerrero, por más que se intente hacer cuentas alegres u ocultar una realidad que se vive y se sufre a diario.
Así estamos.