EL-SUR

Viernes 14 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Interiores, soledad y hombre armados

Federico Vite

Mayo 08, 2018

Interiores (Secretaría de Cultura del Estado de México. Colección El corazón y los confines, México, 2017, 142 páginas), de Enrique Montañez, expone en ocho cuentos la hecateombe personal, algo que ya había sondeado en 96 grados Bucareli (Praxis, 2009), libro en el que agrupa 14 historias de bebedores y de noctívagos que recorren una de las avenidas históricas de la Ciudad de México: Bucareli.
Interiores muestra a un narrador con recursos literarios, con diversos cambios de registro, con fuerza para encarar los vericuetos de un ficción atroz, sucia y coqueta al mismo tiempo. Se trata de una propuesta que intenta dramatizar (crear mediante acciones) la disfuncionalidad de los personajes. En este volumen todos los caracteres tienen problemas consigo mismos, asuntitos que terminan por reflejarse en lo otro: madre, padre, instituciones.
Los personajes de sus primeros cuentos beben como los grandes y encaran problemas singulares, propios de vampiros, de gárgolas, de mujeres demeritadas y sujetos con filosos pensamientos literarios que hurgan en el canibalismo, la piromanía y el machismo. En Interiores, Montañez irrumpe con una sórdida propuesta narrativa en la que el lector realmente ve cómo se le botan los cables a los personajes. Mujeres que no superan sus problemas, mujeres que fingen apuros para demostrar que son sus propias enemigas, personajes con el corazón apagado y el odio encendido, pero lejos de las cuentos tremendistas, a Montañez lo que le importa es detallar lo atrofiado de la sique, el motivo que consumó la herida suprema y para ello utiliza varios subgéneros: el relato histórico, la ficción fantástica y el horror sicológico. Tiene guiños con la narrativa gótica y el relato de fantasmas. Finalmente, expone una serie de reflexiones puntillosas sobre la pérdida de la consciencia, una especie de acting out que dura toda una vida. Propone, oración por oración, el sondeo a eso que se convierte en una carencia emocional complicada, las llagas en el alma. Montañez trabaja con esperpentos y da parte de esa guerra entre funcionales y disfuncionales.
Soledad.piedra (Cal y Arena, México, 2016, 113 páginas), de Edson Lechuga, reúne cinco relatos que recurren al mundo onírico para reflexionar sobre lo que implica el viaje; es decir, para crear una vía de autoconocimiento nacida del sueño. Quizá la mejor metáfora de la autoexploración sea justamente la del viaje y a eso dedica su empeño el autor, a la emotividad y el desconsuelo mediante la desautomatización de la prosa, un hecho que acerca a Soledad.piedra, con cierta timidez, a la prosa de intensidades. Busca la plasticidad poética del versículo. Amasa los recursos estéticos que se fundamentan, insisto, en la sustancia onírica, la prosodia del versículo, los cortes de líneas (emulando versos) y los encabalgamientos.
Son relatos hechos por un autor que posee gran dominio de la técnica; las herramientas utilizadas podrían ser repetitivas porque explora sus mejores recursos (elipsis y cambio del punto de vista) con mucha frecuencia en apenas cinco unidades narrativas breves. Son textos bien trabajados, con mucho oficio, pero sobre todo, con la intención de abrir el rango temático de la literatura actual, proponen una vía alterna al realismo que apabulla todo y termina rompiéndonos el corazón.
En Soledad.piedra se narra la transformación del mundo para alguien que ha vagando por muchos territorios y que anhela la presencia de ciertas urbes. Son cuentos con instantes corpusculares, con una temporalidad simultánea, personajes ubicuos incluso, seres que habitan identidades y espacios, ponen en marcha una maquinaria nacida en el presente. Propician entrecruzamientos entre lo real y lo onírico, y con ello definen el presente como un sitio habitado por fantasmas, por rostros, por palabras, esencialmente por recuerdos, porque la memoria es la materia del canto.
Hombres armados y otras historias (Instituto Sonorense de Cultura, México, 2012, 88 páginas), de Daniel Espartaco, reúne cinco cuentos: Helada, Jardín, Escombro, Tabita, Hombres armados. Unidades narrativas que toman el realismo como una materia de estudio apasionante, tratan de abrir las vetas de esta corriente literaria que tanto le ha dado al país, porque le ha dado tanto que a veces es cansino leer autores realistas, pero no es el caso de este volumen.
Las historias de este documento encapsulan la década de los 90 del siglo pasado en una ciudad del norte de México, fronteriza y violenta. Helada habla de un hombre que enfrenta las temperaturas mas bajas registradas en 100 años en este país y realmente debe hacer mucho para no congelarse librando los obstáculos sentimentales que decoran la frialdad del ambiente.
En Jardín, dos hermanos se encuentran con un avestruz, un presagio del futuro, el futuro mismo, diríamos, y Espartaco logra con este hecho dotar de simbolismo y cierta comicidad al realismo.
En Invierno una chica huye de casa después de no aprobar el examen de ingreso a la universidad y consigue un empleo en una tienda departamental a la vez que pretende perder la virginidad con Elías. Es un plan femenino que tiene algunas fisuras y el autor se encarga de agrandarlas para que el contexto de una urbe violenta modifique esos planes.
En Escombro un joven airado recorre la ciudad con su novia, una madre soltera, cuyos amigos hablan de asesinatos y de cadáveres encontrados en la periferia. La violencia, como dicta la sabiduría popular, es tan fuerte afuera de casa como adentro. Sí, como en Acapulco, como en Guerrero.
En Hombres armados, el relato homónimo del volumen, descubro a Sabato, un tipo que regresa a su ciudad natal y en la frontera norte del país huye de las entidades que han secuestrado a sus compañeros, activistas, comunistas, él es el único que falta y libra una batalla perdida, pero finalmente necesaria para dotar de sentido la propuesta realista de este conjunto de cuentos, pues abre una veta a la utopía que todo hombre que necesita al habitar un país terrible como el nuestro.
De estos tres libros, el lector avezado puede sacar muchas conclusiones sobre la dinámica temática del cuento actual. Interiores apuesta por mirar hacia dentro y encuentra en cada historia un correlato de la violencia rampante; justamente como la muestra Espartaco en Hombres armados. En Soledad.piedra veo un álbum geográfico, un paisaje onírico que me dice, y me dice con fuerza: Un país como México únicamente posee estabilidad emocional y paz en los sueños. La violencia, afincada o no en el realismo, se ha filtrado a todo lo que hacemos en este país. Que tengan un tranquilo martes.