EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Inundaciones en México

Octavio Klimek Alcaraz

Septiembre 11, 2021

Esta segunda semana de septiembre ha sido particularmente trágica para el centro del país. En especial, las inundaciones en el Estado de México e Hidalgo son nota preocupante y constante en medios de comunicación. Sin tener todavía un recuento de los daños, hay vidas humanas perdidas y daños materiales incalculables, desde viviendas, hospitales, comercios, cultivos agrícolas, caminos y puentes, entre otros.
Se dice que los desastres son socialmente construidos, y al parecer estamos necios en repetir las historias de desastres. Tengo la convicción de que la naturaleza cobra factura a una suma de malas decisiones en la política pública que ha dominado durante años y de la propia sociedad ante la falta de cultura ecológica y de la prevención. Por ello, se debe comprender, por nuestro propio bien, que se trata de recuperar y conservar el buen estado de salud de los ecosistemas acuáticos.
Trato de explicarme, no es sólo un problema de lluvias intensas, sino que están las condiciones creadas para el desastre. En general, hay una grave destrucción de ecosistemas naturales en el centro del país, que han alterado los ciclos hidrológicos. En la región centro del país se han disminuido drásticamente la cubierta forestal, que sirve para amortiguar e infiltrar el agua con menos violencia, ahora con las lluvias no sólo se causa erosión de suelos y con ello además el azolvamiento de muchas infraestructuras hidráulicas, sino que los arroyos y barrancas de las partes altas y medias de las cuencas en poco tiempo se cargan de grandes avenidas de agua que desbordan e inundan en sus partes bajas. Adicional, el desarrollo urbano en el centro del país ha sido caótico y desordenado, son áreas densamente pobladas, los suelos han sido sellados con concreto. Las imágenes no engañan, literalmente, las aguas de lluvia en pocos minutos inundan las calles, son canales; el agua no tiene forma de infiltrase al subsuelo, así que en poco tiempo se forman grandes avenidas de agua que arrasan todo a su paso buscando una salida. La gestión del riesgo de inundaciones simplemente no existe con trágicas consecuencias.
No se debe olvidar, que además los ríos y cuerpos de agua se encuentran gravemente contaminados, se han convertido en el mejor de los casos en simples canales o depósitos de agua. El Valle de México descarga no sólo sus grandes avenidas de tormentas, sino también sus aguas contaminadas hacia Hidalgo.
En general, la forma de gestionar el agua ha sido de una intervención masiva sobre el ciclo hidrológico a través de grandes infraestructuras de almacenamiento, distribución y control de las aguas. En donde las políticas públicas del agua han estado al servicio de las políticas económicas y de los intereses particulares. Con enormes inversiones, principalmente públicas, se ha construido a diestra y siniestra infraestructura hidráulica: drenes, túneles emisores, presas, para beneplácito de contratistas y servidores públicos coludidos.
Esto es evidente, que ha sido una visión reduccionista, con planteamientos de soluciones tecnocráticas, simplistas, acotadas y fragmentadas ante lo que debería ser una gestión integral y democrática del agua considerando la complejidad de los ecosistemas acuáticos. Peor aún, ha existido un desprecio absoluto por las incertidumbres, que ahora exhiben nuestra gran vulnerabilidad hídrica ante el cambio climático global. Con una pésima gestión del riesgo que se evidencia en la triste y dramática inundación de un hospital con muertos de por medio en Tula, Hidalgo.
Hace poco más de un mes escribí sobre las inundaciones en Europa (El Sur, 24 de julio de 2021). En dicho texto expongo los cinco principios que propusieron ante las inundaciones un grupo de científicos de distintas instituciones de investigación en Alemania, coordinados por el Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ) con sede en Leipzig, uno de los principales centros de investigación ambiental de ese país. Estos principios son más que aplicables en el caso de México, los presento nuevamente:

1. Mejorar los sistemas de alerta temprana y fortalecer la protección civil:
Para las cuencas hidrográficas más pequeñas, también es importante mejorar el pronóstico de las olas de crecidas y establecer sistemas de alerta confiables. Además del desarrollo de modelos de pronóstico sólidos, el establecimiento de una comunicación permanente y confiable con los representantes de las ciudades y municipios, así como con los ciudadanos locales, es esencial. Sólo una advertencia que las personas comprendan y confíen conducirá a las acciones deseadas.

2. Aumentar la capacidad de esponja y la capacidad de almacenamiento:
Además de las soluciones protectoras establecidas como diques, muros y polders, es cada vez más importante diseñar comunidades, ciudades y paisajes como esponjas y mejorar la retención del agua en el paisaje. Cada metro cúbico de agua que no se vierte en arroyos y ríos a través del sistema de alcantarillado contribuye a la reducción de las inundaciones, pero no puede prevenirlas, como ocurrió con los eventos de 2021. Por lo tanto, es importante aumentar la capacidad de retención y almacenamiento de agua de las llanuras aluviales, los bosques y los paisajes agrícolas, pero también en las áreas más densamente pobladas a través de espacios verdes y abiertos adicionales. Especialmente para las precipitaciones extremas, los espacios de almacenamiento adicionales y las infraestructuras verdes deben diseñarse de modo que también estén preparados como vías fluviales de emergencia en caso de una emergencia. Una alta capacidad de almacenamiento de agua no sólo ayuda en inundaciones, sino también en tiempos de sequía.

3. Hacer cumplir la evaluación climática de las infraestructuras críticas:
Al renovar, reconstruir después de desastres y construir nuevas infraestructuras públicas y edificios, especialmente las llamadas infraestructuras críticas, es importante evaluar las consecuencias del cambio climático y actualizar los valores de calificación en consecuencia. Esto también incluye la consideración de los efectos en cascada debido a la interrupción de los servicios de suministro en los sistemas de infraestructura. Las infraestructuras (suministro de agua, electricidad, etc.), columna vertebral de nuestra sociedad moderna, deben diseñarse de tal manera que también funcionen en condiciones climáticas extremas o permitan opciones de reserva adecuadas. Es inaceptable cuando las redes de comunicación, los servicios médicos y las instalaciones necesarias fallan durante una crisis porque no están adecuadamente preparados para tales eventos extremos.

4. Promover la seguridad climática en los edificios:
Al construir un nuevo edificio o renovar uno existente, es importante pensar en la seguridad climática de los edificios desde el principio y aumentar el nivel de protección, especialmente de las instalaciones que se adaptan a grupos particularmente vulnerables como niños, personas mayores o discapacitados. Al igual que la renovación energéticamente eficiente, esto requiere apoyo financiero e instrumentos de incentivos, así como el establecimiento de primas de seguros preventivas. También se debe proporcionar y solicitar sistemáticamente información adecuada sobre los peligros de las lluvias intensas o las inundaciones para las aplicaciones de construcción y la venta de propiedades. No será suficiente tratar de hacer frente a los desafíos futuros en los edificios existentes de manera apelativa o reactiva.

5. La voluntad de diseñar y aplicar es tan necesaria como la cooperación y la solidaridad:
La renovación requiere la voluntad de diseñar y aplicar por parte de ciudades, sus municipios, y ciudadanía, así como el uso de instrumentos de financiamiento e incentivo por parte de los gobiernos federal o de los estados. Se requieren instrumentos de planificación asertivos, así como marcos y procedimientos coherentes y estandarizados. Además, los beneficios y las cargas de la conversión a ciudades y municipios seguros para el clima deben compartirse de manera solidaria. Para dar solo un ejemplo: los municipios que crean más espacio para el agua en los tramos superiores de los ríos sólo se beneficiarán indirectamente de esto; municipios en los tramos más bajos, sin embargo, de inmediato, ya que se reduce el riesgo de inundaciones.
Concluyo, en México, es necesario adaptarse de manera urgente al cambio climático, pretender que no existe es autoengañarse con consecuencias negativas para las generaciones del presente y las del futuro. Si no la hacemos así, los desastres serán cada día más graves y recurrentes. Hay que insistir, tal vez se escuche un poco entre los políticos responsables de tomar de decisiones y entre la propia sociedad.