EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Inundaciones

Arturo Martínez Núñez

Septiembre 01, 2020

El pasado domingo recorrimos en compañía del gobernador del estado las comunidades de Tetitlán, en el municipio de Tecpan de Galeana y de Hacienda de Cabañas en el municipio de Benito Juárez, ambas del distrito 10 que me honro en representar, para evaluar los daños ocasionados por las intensas lluvias que cayeron sobre el territorio de nuestra entidad.
Tanto en Tetitlán como en Hacienda de Cabañas el principal problema fue que la cantidad de agua que bajó de los ríos, y que incrementaron de manera muy importante su caudal, provocó que se rompieran y quedaran rebasados en algunos tramos los muros de contención que se construyeron a raíz de las tormentas Ingrid y Manuel, que devastaron al estado de Guerrero en 2013.
Cuando el río reconoce su memoria más allá de los márgenes acostumbrados no hay bordo, muro de contención, compuerta u obra hidráulica que contenga la fuerza de la madre naturaleza. Afortunadamente esta vez solo hablamos de importantes daños en casas y en producción agrícola y ganadera, pero solamente hubo una pérdida humana de un ciudadano atoyaquense que, a decir de sus vecinos, intentó cruzar el río crecido y fue arrastrado por este con consecuencias mortales.
La Conagua, encabezada por la doctora Blanca Jiménez, de inmediato envió a un representante y a la delegada en Guerrero, para evaluar los daños en estos muros de contención y ordenar su reparación inmediata. En este punto hay que reconocer la labor del Ejército mexicano que en el caso de Hacienda de Cabañas estuvo desde las primeras horas en que el río se desbordó auxiliando a la población y evitando una catástrofe mayor.
Más allá de las obras de infraestructura que tengan que realizarse y de los apoyos puntuales a los damnificados, debemos de insistir en dos aspectos que me parecen fundamentales en la cultura de la protección civil.
El primero de estos aspectos es el grave daño ecológico que se ha provocado en las partes medias y altas de la sierra, la deforestación y la tala clandestinas y excesivas, y la basura y descargas en los cauces de los ríos a su paso por los centros poblacionales. Todos estos factores han hecho que cada vez que llueve con intensidad, las bajadas del agua sean más fuertes y vengan acompañadas con muchísima materia orgánica, ramas, plantas, troncos, e inorgánica, piedras, basura y otro tipo de elementos que provocan que las inundaciones sean mayores. Sumado todo esto al cambio climático que provoca tormentas cada vez más violentas y menos fáciles de anticipar, genera un caldo de cultivo para una eventual catástrofe que ningún muro de contención y ningún plan de contención va a poder dcontener en el caso de que el agua decida volver a caer en las cantidades en que lo hizo.
En segundo lugar, debemos de insistir en darle alternativa a la gente para que deje de instalarse y construir en partes bajas y propensas a inundaciones, siguiendo al pie de la letra las indicaciones de los atlas de riesgo municipales, estatales y federales y evitar con el convencimiento que la gente se siga asentando cerca de las márgenes de los ríos, siempre será más caro y más costoso en vidas y en presupuestos atender desastres que prevenirlos.
Guerrero ha tenido un desarrollo urbano caótico, irregular, anárquico y sin ningún sentido, ni social, ni político; Guerrero ha tenido un desarrollo que no se ha sujetado a criterios de desarrollo sostenible, de viabilidad y de no impacto ambiental, por el contrario, nos hemos ido instalando en lugares peligrosos en laderas, en los cauces de los ríos, en las partes bajas, sobre los humedales, y cerca de fallas, corrimientos y roturas geológicas.
Podemos afirmar con tristeza, y tocamos madera para que no suceda, que si volviera a llover como llovió durante Ingrid y Manuel, el daño que tendríamos sería similar o mayor incluso que el que se tuvo.
El ser humano es el único ser humano que tropieza, dos, tres, cuatro y varias veces con la misma piedra. No hay fondo de desastres, sistema de protección civil, ni obra de infraestructura, que detenga a la naturaleza cuando esta decide desatar y demostrar su poderío.
Lo que si podemos hacer es cumplir la ley, ser firmes con la gente, atenderlos, pero también hacer una labor pedagógica para insistir hasta el cansancio en que vivir al borde de los ríos es y será un peligro latente que lejos de disminuir se incrementará con el cambio climático y con la deforestación inclemente de las zonas medias y altas de la sierra.
Al agua no hay muro que la detenga. Lo único que podemos detener es el desarrollo desordenado sin rumbo sin orden, que atendía únicamente intereses económicos y políticos
Un desarrollo urbano ordenado, planeado y bien ejecutado, es parte fundamental de las tareas de la Cuarta Transformación Nacional.