Octavio Klimek Alcaraz
Mayo 10, 2025
En un artículo publicado el pasado 1 de mayo en la prestigiosa revista de divulgación científica alemana Spektrum der Wissenschaft, titulado La investigación climática bajo el signo de la motosierra” y escrito por Hans Christoph Böhringer, se detalla cómo la administración del presidente Trump en Estados Unidos está llevando a cabo esfuerzos para desmantelar la investigación científica relacionada con el cambio climático. Mientras tanto, científicos de todo el mundo trabajan arduamente para rescatar datos y buscar alternativas para los proyectos de investigación que han sido afectados (https://www.spektrum.de/news/us-kuerzungen-wie-klimaforscher-ihre-daten-vor-der-kettensaege-retten/2262327). Me permito retomar gran parte de la información proporcionada en dicho artículo, realizando algunas modificaciones y adiciones.
Lo primero que se vio afectado fue la justicia y la equidad. En los primeros días después de la segunda toma de posesión de Donald Trump, los sitios web gubernamentales relacionados con estos términos desaparecieron. Por ejemplo, mapas que muestran qué grupos de población se ven particularmente afectados por la contaminación ambiental (consultar página actualmente en reconstrucción de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias, https://www.fema.gov/emergency-managers/practitioners/recovery-resilience-resource-library/ejscreen-environmental).
Böhringer señala en su artículo, que la geoquímica Gretchen Gehrke estaba preparada. Junto con sus colegas, ya en enero de 2025 había comenzado a archivar sitios web y datos de investigación. La iniciativa logró salvar y restaurar (ver https://screening-tools.com/climate-economic-justice-screening-tool). No es una tarea fácil, explica Gehrke, ya que estos sitios web vinculan muchas bases de datos entre sí.
Esto tiene como causa lo que, en abril de 2025, la revista Nature y otros medios de comunicación como The Guardian, informaron sobre los planes del gobierno de Estados Unidos. El actual gobierno se propone recortar radicalmente la NOAA y la NASA, citando documentos filtrados (https://www.theguardian.com/science/2025/apr/11/trump-climate-science-nasa-noaa-cuts). La NOAA y la NASA son particularmente importantes debido al tamaño de sus áreas de investigación: el espacio y los océanos. Los recortes planean reducir a la mitad el presupuesto de investigación de la NASA, y los futuros satélites ya no estarán equipados con instrumentos para la investigación climática. La NOAA verá recortado más de una cuarta parte de su presupuesto y se eliminará gran parte de la división que se ocupa de la investigación oceánica y atmosférica a largo plazo; de esto también depende el reconocido Observatorio de Mauna Loa. Cientos de empleados de la NOAA ya han sido despedidos o forzados a jubilarse anticipadamente.
Craig McLean, ex científico jefe de la NOAA, es una de las voces no oficiales más importantes de la NOAA, aunque se retiró en 2022. Él cree que el liderazgo de la NOAA en la investigación climática es una de las principales razones por las que la agencia está sufriendo actualmente recortes masivos.
Al parecer su fundamento es el denominado Proyecto 2025, que es una guía para reorganizar el gobierno de Estados Unidos. El think tank de derecha Heritage Foundation lo escribió antes de las elecciones estadunidenses; Trump afirmó durante la campaña electoral que no sabía nada al respecto. En el Proyecto 2025, se identifica a la NOAA como objetivo de recortes, en particular por el papel de la agencia en la investigación climática. Los autores de dicho documento afirman que esta investigación sólo alimenta el miedo (https://www.mandateforleadership.org/).
La mayoría de los sitios web que contenían datos de investigación que fueron eliminados justo al comienzo del segundo mandato de Trump están nuevamente en línea, explica Gretchen Gehrke. Un tribunal había ordenado esto (https://apnews.com/article/trump-cdc-fda-doctors-for-america-5263fc6b6cbc723ca0c86c4460d02f33). Por ello, las autoridades estadunidenses están obligadas legalmente a publicar los resultados de sus investigaciones. Sin embargo, se duda que se detenga a la actual administración Trump. Si se despide a demasiados científicos, las autoridades ya no podrían cumplir su misión, y ya se está cerca de ese punto.
La geoquímica Gehrke ya había lanzado una iniciativa de investigación de datos junto con antropólogos e historiadores ambientales a finales de 2016, inmediatamente después de la primera victoria electoral de Trump. Decidieron archivar datos de investigación públicos y documentar cómo cambiaría el enfoque del gobierno sobre el clima y el medio ambiente. De hecho, durante el primer mandato de Trump (2017-2021), la página de información de la Agencia de Protección Ambiental sobre el cambio climático desapareció. El uso del término “cambio climático” en los sitios web gubernamentales cayó casi un 40 por ciento, encontró la iniciativa en un estudio (https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0246450). Pero en instituciones como la agencia espacial NASA o la Administración Meteorológica y Oceanográfica (NOAA), la investigación climática continuó en gran medida en esa época.
Gehrke dice que a menudo le han preguntado si su iniciativa podría simplemente archivar rápidamente todos los datos de la NOAA. Su respuesta: “Absolutamente no”. Calcula aproximadamente que se necesitarían 500 mil dólares al mes sólo para el almacenamiento del servidor. Ni siquiera se han tenido en cuenta los costes de administración y acceso. Por ello, Gehrke y sus colegas han preguntado a los expertos qué datos necesitan absolutamente para su investigación. Esto ha dado como resultado una lista de conjuntos de datos con los que ahora están trabajando.
Por ello, la iniciativa de Gehrke está cooperando con otros proyectos de recuperación de datos. Juntos quieren construir un sitio web que ofrezca una descripción general de dónde se pueden encontrar los datos medioambientales y climáticos guardados. Los investigadores del clima en Alemania también están trabajando en la realización de copias de datos estadounidenses previamente disponibles. Así lo informa de acuerdo con Böhringer, por ejemplo, Toste Tanhua, biogeoquímico del Centro de Investigación Oceánica Helmholtz GEOMAR en Kiel. Cuando se le preguntó al Instituto Alfred Wegener, este respondió que había comenzado a obtener algunos datos.
Las cosas son diferentes en el segundo mandato de Trump. “La velocidad y la escala son significativamente mayores que lo que vimos la primera vez”, dice Gehrke. Las autoridades estadounidenses habían desempeñado hasta ahora un papel central en la investigación sobre el clima. Financian la serie más larga de mediciones de dióxido de carbono (CO2) atmosférico, así como importantes modelos climáticos, satélites climáticos y estaciones de medición en todo el mundo, en aguas internacionales y en tierra. Recopilan datos climáticos y los ponen a disposición de la comunidad investigadora. Expertos de la NASA y de la agencia meteorológica NOAA han participado en numerosas colaboraciones de investigación internacionales. Los satélites de la NASA, por ejemplo, observan la cobertura de nubes, que tiene una influencia importante en el cambio climático. Y la NOAA está estudiando los océanos, que absorben aproximadamente una cuarta parte del CO2 provocado por los humanos, se están calentando y cuyas corrientes están cambiando. Todo esto está ahora amenazado.
Un caso conocido de esta motosierra con la investigación climática a destacar, dado que es una contribución fundamental a la ciencia del clima, que hoy se encuentra en peligro, probablemente sería una de las joyas de la investigación climática: el Observatorio de Mauna Loa. Desde 1958, esta instalación ha registrado sistemáticamente la concentración atmosférica de CO2 en Hawái, brindando datos esenciales para el estudio del cambio climático. En marzo, la oficina que la NOAA utiliza para operar el observatorio apareció en las listas de recortes presupuestarios del gobierno de Estados Unidos (https://democrats-science.house.gov/news/press-releases/committee-leaders-huffman-lofgren-dexter-and-amo-demand-information-on-noaa-lease-terminations). Desde entonces, la comunidad científica ha expresado una creciente preocupación por la posible interrupción de la serie de mediciones de CO2 más prolongada y consistente del mundo.
La famosa Curva de Keeling es producto de las mediciones de la estación de Mauna Loa. A través de la estación se ha documentado el aumento constante de CO2 en la atmósfera. Se considera un punto de anclaje para todo lo relacionado con el cambio climático. Ningún otro punto de medición dispone de tantos puntos de datos que puedan utilizarse como referencia, por ejemplo, para comprobar si un aumento medido en la concentración de CO2 es especialmente inusual (https://keelingcurve.ucsd.edu/).
Además, los recortes presupuestarios planeados y la supresión de la financiación también amenazan la contribución de las autoridades estadounidenses en materia de instrumentos de medición, es decir, las fuentes de nuevos datos de observación de la Tierra. Esto se aplica a los satélites de investigación de la NASA, pero también a la observación de los océanos, por ejemplo. Miles de flotadores, los llamados Argo Floats, cubren los océanos de todo el mundo con una red de estaciones de medición. Cada flotador a la deriva se sumerge periódicamente en las profundidades y determina, por ejemplo, la temperatura y la salinidad del agua, valores esenciales para comprender las corrientes oceánicas. Estos datos proporcionan una contribución importante a los modelos meteorológicos y climáticos actuales. Más de la mitad de los flotadores fueron aportados por Estados Unidos, a través de la NOAA. Si Estados Unidos se retirase del programa Argo, supondría “un deterioro drástico para todas las previsiones” a largo plazo, a menos que otros países incrementen significativamente sus contribuciones.
Las colaboraciones con centros académicos de investigación de frontera en cambio climático están siendo suspendidos. La NOAA depende del Departamento de Comercio. En abril, el secretario de Comercio, que ahora debe revisar personalmente todas las subvenciones superiores a 100 mil dólares, puso fin a una colaboración entre la NOAA y la Universidad de Princeton. En Princeton, los expertos han estado trabajando en uno de los modelos climáticos más antiguos e importantes. La razón oficial para terminar con la financiación parece provenir del manual del Proyecto 2025: según el Departamento de Comercio la investigación contribuye a “un fenómeno llamado ‘ansiedad climática’ que ha aumentado entre la juventud estadunidense”. Esto no coincide de acuerdo con el boletín del Departamento de Comercio con los objetivos del actual gobierno (https://www.commerce.gov/news/press-releases/2025/04/ending-cooperative-agreements-funding-princeton-university).
En conversaciones con investigadores del clima, se observa que el papel pionero de Estados Unidos en la ciencia del cambio climático llegará próximamente a su fin. Ante el posible cierre del Observatorio de Mauna Loa, a principios de año, otra noticia dio la vuelta al mundo desde Mauna Loa: el aumento anual medido de CO2 en la atmósfera alcanzó un récord en 2024 (https://keelingcurve.ucsd.edu/2025/01/17/new-record-for-annual-increase-in-keeling-curve-readings/). Al parecer la investigación climática incomoda realmente.