EL-SUR

Sábado 15 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

J. M. G. Le Clézio y el milagro de la literatura

Adán Ramírez Serret

Agosto 09, 2019

El gran escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia decía que, como en teoría todo mundo puede escribir un libro, pues todos sabemos una lengua y una buena parte de los que hablan sabe escribir, hay escritores que cuando redactan parecen decir a gritos que son escritores, haciendo cosas dificilísimas, que muchas veces terminan por ser incomprensibles. Se pueden perder en retruécanos de la lengua con los que construyen arabescos con los que no dicen nada.
Por el contrario, siempre me han sorprendido y fascinado los libros escritos en el otro extremo. Aquellos que parecen hechos sin el mínimo esfuerzo y que cambian la percepción que se tiene del mundo.
Pienso en la más reciente novela del Premio Nobel J. M. G. Le Clèzio (Niza, 1940), Bitna bajo el cielo azul de Seúl, que parece escrita por una joven coreana de 18 años, por Bitna, precisamente, quien cuenta su historia. Su vida que dio un cambio radical cuando dejó su pasado pueblerino en un pequeño lugar en la provincia de Corea del Sur, para irse a vivir a Seúl, la capital del país, con nada menos que 25 millones de habitantes en su zona conurbada.
Antes de contar de lleno la trama de esta novela, es preciso decir que una de las características de Le Clèzio es precisamente mutar de piel. Incluso, Wikipedia dixit: “no viaja, en realidad, sino que busca distintos lugares para implantarse; pues, una vez elegidos, quiere adaptarse en ellos, adquirir todas las costumbres del lugar elegido en cada etapa. “Son para mí como vidas sucesivas”, dice el Nobel francés.
En efecto, leer esta novela es la posibilidad de habitar la piel de esta joven coreana. Escrita de manera sencilla, como ya se contó, se vive el descubrimiento de Bitna, no sólo de Seúl sino también de la vida misma.
La novela es prodigiosa porque no cae para nada en lugares comunes. La joven en poco tiempo consigue el trabajo de cuidar a una mujer de 40 años que está enferma al grado de tener un pie en la tumba. Sus días están contados y es una persona terrible. Bitna, al principio, la cuida como cualquier enfermera, pero en algún momento decide contarle historias.
Es cuando la novela construye una capa más de ficción, una superficie más con los relatos que cuenta. Se trata de historias poéticas que la joven va sacando de la manga; no sabe de dónde vienen pero no puede parar de contarlas.
Relata cosas como esta: “El señor Cho ha cumplido su sueño, está de vuelta, no anhela nada más, porque para él el mundo es perfecto. Pero aquí, para los que vivimos en otra parte, no hay nada realmente zanjado. La felicidad no existe. Tan sólo algunos sueños. Tan sólo el viento del mar que sacude las plumas de las aves cuando cruzan el estuario. Y la realidad asesina”.
La novela construye capas de ficción que son un refugio. Al haber una historia en donde se cuentan otras historias, se crea una profundidad que le da otra dimensión a la realidad.
Algunas páginas más adelante, en la novela, Bitna reflexiona: “Me he convertido en su dueña, a la que tiene que seguir ciegamente a través de los meandros de la imaginación, a merced de mis palabras y de mis deseos, tengo el poder de continuar o de interrumpir el flujo que le toma tiempo a su vida y retrasa la hora de su muerte”.
Bitna bajo el cielo de Seúl es un relato que hace más amplio el horizonte de cada día. Es un refrán seulita, que hace más rico, más amplio, cada uno de nuestros días, “El día menos pensado volveremos a vernos bajo el cielo de Seúl”. La novela, es un ejemplo de los milagros de la literatura, en donde el autor desaparece y en donde sólo existe la personaje rodeada de su mundo y las historias que se le escapan de las manos.
(J. M. G. Le Clèzio, Bitna bajo el cielo de Seúl, Ciudad de México, Lumen, 2019. 184 páginas).