Adán Ramírez Serret
Agosto 08, 2025
And we’ll wait for love
in the shape of us.
The Maccabees.
Entre los motivos literarios más importantes como la venganza, la cólera o la búsqueda del padre, se encuentra, sin ninguna duda, el amor. Al grado que, incluso ahora, en un arranque, diría que es el motivo con el cual más se relaciona a la literatura, y entre ella, es cierto, a la poesía.
Pensar en literatura, es, pues, pensar en grandes historias de amor. Ahora, sin hacer mucho esfuerzo y con sólo el gusto del ejercicio se puede pensar en La Ilíada, qué es si no una riquísima y bélica historia de amor de dos personas que deciden estar juntos aunque el mundo se acabe, que se queme Troya por el atractivo de París y la belleza única de Elena. Dijo el poeta William Butler Yeats en su poema No Second Troy: “Why should I blame her that she filled my days with misery… / Why, what could she have done, being what she is? / Was there another Troy for her to burn?”. ¿Qué habría sido sin el amor y el deseo la obra de Catulo y Ovidio? La de Shakespeare, por supuesto, sin Antonio y Cleopatra, sin Romeo y Julieta cuya tragedia más profunda en sus vidas fue no poder estar juntos. Cumbres borrascosas de Emily Brontë, El sueño de Emile Zola o Una vida de Guy de Maupassant.
En fin, la lista podría seguir durante páginas y más páginas, pero no quería hablar de la novela de Javier Serena (Pamplona, 1982) Apuntes para una despedida, sin mencionar el tema y grandes obras; pues, al parecer, habla ya de otro mundo, uno en donde muchísimas cosas han cambiado, y, al parecer en esta novela, uno definitivo: el amor. Así, la novela desde el título hace alusión al fin. Pero va a ser un final diferente, no como aquellos de los libros de arriba en donde la despedida llegaba luego de que una ciudad fuera abrasada hasta sus última piedra; no uno en donde los amantes se suicidaran y las familias quedaran devastadas por un odio arrastrado por generaciones; no porque fueran casi hermanos y fueran de clases sociales diferentes; o, porque el mundo hubiera cambiado y la fidelidad, la reciprocidad fueran ahora parte de una relación. No, en esta novela de Javier Serena los amantes se despiden porque simplemente ya no se necesitan, y lo que resulta más original, no es que sea por una falta de amor, por una falta de gusto o por aburrición, sino porque en el presente, el individualismo es tan profundo, que muchos seres humanos, sobre todo en las sociedades más industrializadas y en las grandes ciudades, ya no se consideran, necesariamente, como parte de un país, de un grupo, de una familia o de una relación. Ahora, me parece, y quizá me incluyo, se vive más bien por un invento nuevo, cada vez más y día a día más desarrollado que es el individuo, que comienza y termina en sí mismo. Claro, esto no es precisamente nuevo, siempre ha habido personas egoístas, pero, quizás éstas más que nadie, necesitan de un grupo que satisfaga sus necesidades; mientras que el ultra individualismo no necesita a nadie.
La novela es un viaje hacia la despedida que descubrimos desde las primeras páginas. Una pareja está resuelta a disolverse y somos testigos de esos momentos. Es Navidad plena y deciden improvisar una cena, están solos así que pasan la noche cenando, bebiendo y teniendo sexo. Parecieran una pareja normal, pero no lo son. Saben que todo se acabó, y eso fue lo primero diferente. Es quizá un mundo de relaciones tan anodinas que el propio fin lo es; no hay gritos, celos, reclamos, dolores escondidos… nada, sólo la sensación de un final. La historia avanza y ese fin nos va llevando al inicio de la relación, cómo se conocieron, cómo llegaron ahí, cómo terminaron juntos. Los dos son personajes con sueños, ella quiere ser actriz y él escritor. Ella lee sus manuscritos y tiene un ojo fino, una lengua afilada capaz de echar luz en donde él está en plena oscuridad. Pero sus sueños también son anodinos, los gobierna una melancolía más cercana a la abulia, al desencanto del mundo.
Entonces, en esta novela se muestra, de manera triste y bastante desesperanzadora, que no necesitar a nadie para sentirse completo no es una autonomía hipersofisticada que hace a los seres humanos más libres, sino que hay un fin, se asoma, de una sociedad y de un tipo de sueños que están aplastados por la mediocridad.
Javier Serena, Apuntes para una despedida, Ciudad de México, Almadía, 2025. 108 páginas.