EL-SUR

Miércoles 12 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Joël Dicker y el peso del talento

Adán Ramírez Serret

Septiembre 14, 2018

Hace cinco años, en el ya un tanto lejano 2013, entró en la literatura mundial un escritor ginebrino escandalosamente joven y talentoso. Joël Dicker (Suiza, 1985) se catapultó a la fama con su inquietante y virtuosa novela La verdad sobre el caso Harry Quebert, obra de suspenso que no sólo lo hizo vender millones de copias y ser traducido a 33 idiomas, sino también ser comparado con el escritor sueco de suspenso Stieg Larsson y por si esto fuera poco, con los gigantes Philip Roth y Vladimir Nabokov.
La novela resultaba a tal grado deslumbrante, profunda y madura, que mientras la leía volvía una y otra vez a la primera de forros para comprobar que en verdad fuera posible que alguien de 28 años pudiera escribir algo así. No fui el único. Recuerdo que se la regalé a un amigo depurado lector de Stendhal y Elias Canetti y quedó fascinado. Nos reuníamos para discutir la obra intentando desentrañar los nudos más profundos y complejos. Y luego de horas de hacerlo, hasta las tantas de la madrugada, concluíamos que era imposible que alguien de esa edad hubiera escrito tal obra maestra.
Con el paso de los años la editorial Alfaguara ha ido publicando todo lo que escribe Dicker. Comenzó por retomar la primera novela que escribiera, Los últimos días de nuestros padres. Se trata de una obra en la cual nuestro espíritu se siente más tranquilo al descubrir a un autor inmaduro con personajes no muy profundos que buscan ser entrañables. Con una historia de amor ya antes vista y una historia paternal un poco demasiado dramática. Sin embargo, sin duda tenía grandes momentos. Ya aparecían algunos rasgos que luego encontraríamos en la segunda brillante novela como la traición y la envidia que el talento y la belleza pueden causar. En fin, pues, que la novela se leía con gusto porque se descubría el origen del escritor en ciernes y se podían dilucidar sin problemas las carencias de una prosa primeriza.
Como fiel lector de los autores que escriben grandes libros me mantuve a la expectativa de lo siguiente que escribiera Dicker. Así estuve a la espera hasta que hace un par de años al fin salió en México El libro de los Baltimore. Debo decir que lo leí rápidamente y que también, según avanzaba de una página a otra, me convencía cada vez más de lo evidente. Se trataba de una obra que dejaba mucho que desear. Joël Dicker retomaba en esta novela al narrador de La verdad sobre el caso Harry Quebert, Marcus Goldman. Mientras la leía descubría a pesar de mí, que era el personaje que menos me gustaba de la novela anterior y ahora todo iba sobre él. Dicker relataba un drama que no sólo sacaba un tanto de la manga sino que también resultaba un tanto clasemediero. Sin embargo, debo decir que a pesar de que ya pasaron un par de años y han venido muchas lecturas más, aún permanece la historia fresca en mi memoria.
Al terminar de leer El libro de los Baltimore, no podía dejar de dar vueltas a la seductora idea o prejuicio que se tiene por la gente joven y talentosa. La incómoda certeza de descubrir que alguien a quien el genio y el éxito les viene muy jóvenes, se verán perseguidos y muchas veces arruinados por el pasado, por el peso del talento.
Sin embargo, este 2018 Joël Dicker ha vuelto a la carga con apenas 34 años pero con la experiencia de haber triunfado y fracasado. Lo hace con la trepidante novela La desaparición de Stephanie Mailer. Me parece que ha entendido muy bien sus alcances y cuáles son sus talentos, y uno de ellos –cuando las cosas le salen bien– es que la vida no tiene sentido si no se llega hasta la última página y se descubre el enigma planteado desde la primera. Sobre la última novela, ahora, tan sólo puedo dar la primera parte al lector. Una mujer sale a correr por la tarde en un tranquilo barrio de la región de los Hamptons. Es una joven de treinta y pocos años y su esposo, acostumbrado a su meticulosidad, se sorprende que no vuelva a la hora de siempre. Después de un rato de impaciencia, decide salir a buscarla. En poco tiempo la encuentra abatida en medio del parque. En cuanto llega la policía, se percatan que en la casa de enfrente la puerta se encuentra abierta. En poco tiempo descubren que dentro, toda la familia ha sido asesinada.
(Joël Dicker, La desaparición de Stephanie Mailer, Ciudad de México, Alfaguara, 2018. 650 páginas).