Florencio Salazar
Agosto 18, 2025
Si deseas crear una relación confiable,
es preciso ser digno de confianza. Stephen Covey.
Jorge León Robledo vivió 80 años. Nació en Tixtla y emprendió el viaje a Ítaca en enero de este año. Fue servidor público responsable y empático. Tuvo la formación profesional para ser eficaz: como economista trabajó en Honduras en la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL/ONU), y, desde esa posición, se relacionó con el también economista Alejandro Cervantes Delgado, quien sería –uno de lo más queridos– gobernador del estado.
Del análisis económico pasó a la administración pública y la política. Una triada de conocimientos que lo hicieron un servidor público competente. Además, tuvo una variedad de cargos que ampliaron su visión sobre el objeto de su quehacer: servir a la sociedad con honestidad y eficacia. Porque es lo que cuenta: servir, entregar buenos resultados; y hacerlo con honestidad, viviendo en la justa medianía (no en la mediocridad).
Los genes regionales fueron parte de su esencia: con buen tono para cantar, montar a caballo, conversar sin exaltaciones y con buen ánimo. Vivió con la serenidad que tuvo –ahora más lodo que agua– el tixtleco espejo de los dioses. Fue secretario particular de don Alejandro; procurador social de La Montaña, diputado local y alcalde de Chilpancingo, asesor del gobernador Héctor Astudillo. Precandidato a alcalde en elección interna y candidato a diputado federal del PRI; en ambas aspiraciones resultó derrotado.
Fue derrotado sí, pero no vencido. El derrotado examina contexto, factores de riesgo, estrategias, imprevistos. Así, incrementa su experiencia, fortalece su capacidad y ánimo para seguir en la consecución de sus proyectos. El vencido –por el contrario– cae, se hunde, se victimiza, responsabiliza a todos hasta provocar conmiseración. El derrotado tiene energía; el vencido es un nudo de nervios sin voluntad.
En el evento organizado por varios ex alcaldes de Chilpancingo, el pasado 16 de este enero, cada uno participó recordando anécdotas, conversaciones, actos personales y públicos: Jorge indujo a Joan Sebastian a montar para que cantara a caballo. Se habló de su generosidad formativa, de las gratas comidas para enderezar –aunque fuera oralmente– la realidad, se leyó un breve discurso, escrito con armonía en forma y fondo… Fue un diálogo entre quienes tuvieron una amistad estrecha, un trato cordial y de aquellos que poco lo conocieron pero aprecian su legado. Todos agradecimos que nos haya abierto las puertas de su domicilio y de su afecto. (Menciono en general para evitar omisiones en dichos y nombres).
Sí quiero referir la participación de la maestra Magdalena Vázquez Martínez, decana de los ex alcaldes. ¡Qué mujer! A sus 97 años, siempre muy señora, digna –con tacones altos– y de sabiduría en sus palabras. Y, desde luego, el reconocimiento del presidente municipal Gustavo Alarcón Herrera, quien hizo recuento de la obra del ayuntamiento presidido por Jorge.
Por supuesto, nos acompañó la familia León Manzo: su esposa Tere y sus hijos Víctor, Alejandro, Patricia y nietas. Patricia habló en nombre de la familia:
“Mi padre nos enseñó a ser coherentes con el pensar y el actuar; que nuestros ideales y principios deben prevalecer por encima de nuestros deseos y que lo que lleguemos a tener sea en base a nuestros esfuerzo y trabajo.
Era un hombre de lucha y esfuerzo, leal a sus principios y convicciones, conciliador, amigo del empresario y del campesino. En los cargos que le fueron encomendados, tenía la fuerte convicción de que era para servir a la gente y no para servirse”.
Habiendo sido un acto –en Arcadia– en memoria de nuestro amigo, recordé a García Lorca: “Porque yo ya no soy yo/ ni mi casa es ya mi casa”. Es decir, ahora soy materia volviendo al origen y mi casa es todo: luz, aire, naturaleza, Dios. Mi casa sigue ahí: en el amor de mi familia, en el aprecio de mis amigos, en el espacio que nunca acaba.
Gracias a los muchos amigos y colaboradores de Jorge, que nos acompañaron.