Adán Ramírez Serret
Noviembre 29, 2024
A inicios del siglo XX, el filósofo del lenguaje Ludwig Wittgenstein dijo, palabras más, palabras menos, que el lenguaje es como el trazado de una ciudad por el cual el hablante puede ir y venir por donde quiera, a su libre albedrío, pero siempre por las calles, las posibilidades que le dé deambular por esa ciudad que es lenguaje. Esta idea parece sencilla, mas dice cosas muy importantes: que nuestros pensamientos están dictados por el lenguaje más que por nosotros; que somos una mera herramienta para que existan las palabras y sus historias. Esta idea puede ser bastante confrontada por autores como Octavio Paz quien piensa, más bien, que hay una oscuridad de donde viene el lenguaje y que éste sirve para echar algo de luz en el interior de los seres humanos.
Las dos posturas me resultan fascinantes y más aún con el libro La invención de todas las cosas: una historia de la ficción, de Jorge Volpi (México, 1968), quien explora la dimensión, la expresión más contundente del lenguaje: las ficciones. Sea que responda a su propia lógica gramatical o sea que es la oscuridad hecha carne del ser humano, el lenguaje se expresa siempre con historias, al grado que muchos lingüistas piensan que el verbo ser, primigenio en las lenguas indoeuropeas, tiene una esencia narrativa. Cuando el hablante dice, “yo soy” –Kafka decía en una carta “yo soy la novela”–, está contando una historia. Por lo tanto, es por medio de las historias, de los mitos, como el ser humano se ha explicado su existencia en este mundo.
Sobre estas invenciones humanas como la Biblia, el Popol Vuh o el big bang reflexiona Volpi en su más reciente entrega, erudita y sesuda de casi 700 páginas, que no busca ser un libro exhaustivo sino más bien una puesta en escena de las ficciones en donde dos personajes discuten sobre la existencia de las ficciones. Los personajes son muy importantes porque vienen de un lado extraño de la ficción: uno, el bicho de La metamorfosis de Franz Kafka, y la otra Milena, la amiga/enamorada del autor checo. Por lo tanto, es mediante el diálogo, una persona hablando a otra, que Volpi va haciendo un recorrido por muchas de las ficciones que son los pilares de la humanidad.
Todo son historias: nuestro planeta forma parte de un sistema solar que a la vez es parte de una galaxia y, todo esto, es consecuencia de una explosión hace miles de millones de años. El universo se está expandiendo en una vertiginosa tensión entre espacio y gravedad. Esto es producto de súper sofisticados estudios matemáticos, de físicos geniales que nos han explicado el universo en los últimos cien años. Pero, curiosamente, sólo lo podemos entender mediante el lenguaje y, además, con historias. Las cosmogonías latinas, hebreas o germanas, muchísimos años antes de la física moderna, ya pensaban el inicio del universo como un profundo caos. Era un relato parecido que, por supuesto, no tenía el sustento científico. Pero ya todo era caos al que el lenguaje le daba forma, sentido humano que no es otro que la existencia de las historias.
La elección del bicho de Kafka como narrador de estas ficciones es bastante interesante, pues se fundamenta en la extrañeza intrínseca al relato kafkiano, ¿qué hago aquí y por qué está pasando todo esto? Así, el bicho le va explicando a Milena libros científicos como el de Darwin, mitos fundacionales religiosos o textos literarios excéntricos como El infierno, de Dante.
La invención de todas las cosas es un libro que funciona bien de cabecera, para tenerlo e ir leyendo, aquí y allá, saltando en los relatos de la humanidad que intentan explicar el mundo y sin los cuales jamás entenderíamos el paso de la humanidad por el relato de esta galaxia.
Jorge Volpi, La invención de todas las cosas: Una historia de la ficción, Ciudad de México, Alfaguara, 2024. 694 páginas.