EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

José Agustín y la contracultura a la mexicana

Adán Ramírez Serret

Octubre 01, 2021

Para Mario Casasus

Pocos autores han cambiado con tanta tranquilidad una tradición literaria como José Agustín (Acapulco, 1944). Pues novelas suyas, como La tumba, Se está haciendo tarde, De perfil o Ciudades desiertas, no sólo han sido devoradas por generaciones de jóvenes que se reflejan –se encuentran a sí mismos– en sus páginas, sino también ha marcado una pauta en diferentes formas de escribir, lejos de la soberbia intelectual y clasista, que, por desgracia, ha permeado el medio y la literatura mexicana.
Porque la generación de José Agustín, como Gustavo Sainz y René Avilez Fabila, no solamente buscaban refrescar las novelas con personajes adolescentes que habitan la Ciudad de México, Cuernavaca o Acapulco, si no que tocaban temas hasta antes vedados en la literatura mexicana, en donde los escritores buscaban escribir la Gran Novela mexicana o latinoamericana.
La generación llamada de la Onda tuvo una identificación inmediata con los jóvenes lectores, al grado que escritores como Juan Villoro han dicho que, sin los libros de José Agustín, no se habría hecho escritor, porque hasta antes de leerlo, pensó que todos los escritores para serlo tenían que estar muertos y lo escenarios debían ser remotos o desaparecidos hace muchos años.
Así, cuando descubrió que Agustín tenía apenas diez años más que él y que además sus novelas sucedían en la misma colonia donde él vivía, descubrió que era posible ser escritor, y él mismo se convirtió en uno.
Sin embargo, José Agustín y su generación, de la Onda, no fueron precisamente bien recibidos en el medio literario mexicano, pues eran vistos de manera despectiva por utilizar un lenguaje prosaico y escribir sobre drogas y rock.
Sucede que estos escritores venían de una generación que cambió el mundo; una que quiso cambiar las reglas y le dio un giro a la historia moderna de la humanidad. Aquella que inventó el rock y transformó su realidad con drogas.
Además de escribir sus ágiles y exitosas novelas, José Agustín también escribió un ensayo, La contracultura en México, que tiene mucho de declaración poética, de principios, en donde hace un recuento de la historia reciente mexicana, de sus grupos marginales que trajeron literatura, artes plásticas, revistas, danza, tetro y rock y han incluido a grupos que antes estaban excluidos del mundo del arte.
José Agustín entiende la genealogía, el principio genético de jipis, punks y cholos, de los pachucos, aquel grupo marginal nacido en la frontera, quienes, a partir de ser rechazados por dos sociedades, se ubican como un grupo alterno, que va contra corriente.
Sobre lo que entiende como contracultura, dice Agustín, “en este libro la contracultura abarca toda una serie de movimientos y expresiones culturales, usualmente juveniles, colectivas, que rebasan, rechazan, se marginan, se enfrentan o trascienden la cultura institucional”.
Por lo que hace un recuento por los universos ya mencionados: pachucos, existencialistas, beatniks, jipis, jipitecas, punks, cholos…, movimientos de jóvenes odiados y marginados en una sociedad cerrada, la cual ellos fueron cambiando y dejaron un mundo en donde cabe más gente.
La contracultura en México es un viaje en donde se cuenta la historia del mundo occidental de los últimos sesenta años, del blues al rock, de la mariguana a los hongos, y de los conciertos de unos cuantos a experiencias masivas como Avándaro.
José Agustín, La contracultura en México, Ciudad de México, Penguin Random House, 2021. 270 páginas.