Esthela Damián Peralta
Abril 21, 2026
El fin de semana desde Barcelona la Presidenta Claudia Sheinbaum habló de paz, de cooperación y de la responsabilidad compartida frente a la violencia. Fue un mensaje breve pero profundo el que compartió con la comunidad internacional. Creo que no fui la única que se conmovió por la manera en que nos condujo desde nuestras raíces como mexicanos a la búsqueda inagotable de construcción de paz en el país, la región y el mundo.
Con esto en mente, pensaba en cómo la Estrategia Reconecta con la Paz encarna, de manera concreta, esta búsqueda por la paz. Está dirigida a adolescentes de 12 a 17 años y a jóvenes de 18 a 35 que cometieron por primera vez un delito no grave. Se trata de una medida cautelar que les permite continuar en libertad, siempre que cumplan con ciertas condiciones orientadas a disminuir la probabilidad de reincidencia y a facilitar su inclusión social. Reconecta –como le decimos de cariño– se sostiene en una metodología sólida que atiende de forma integral a las personas jóvenes en su entorno: desde lo psicológico hasta el acceso a educación, salud y opciones de trabajo.
En los últimos días, he tenido la oportunidad de acompañar las graduaciones de personas beneficiarias del programa Reconecta en Nayarit, Tlaxcala y Baja California. Desde las diferentes latitudes del país, en todas ellas con una calidez humana impresionante, las ceremonias comparten algo que pocas veces podemos observar en la realidad revanchista en que a veces vivimos. Me refiero a ese instante en el que quienes durante mucho tiempo fueron juzgados sin mirar sus contextos y reducidos únicamente a sus errores, empiezan a ser reconocidos por algo mucho más justo, su esfuerzo.
En las graduaciones resulta profundamente gratificante que nos acompañen las y los gobernadores, secretarios de Seguridad, presidentes de los Tribunales de Justicia. Su presencia nos ayuda a reforzar el mensaje de que el Estado también sabe acercarse, reconocer y acompañar. Aquellos que en algún momento fueron olvidados por los gobiernos neoliberales el día de hoy, pasan a ser historias de éxito para su comunidad.
Además, también las y los graduados están acompañados de sus familias. Sus madres, quienes muchas veces son su principal sostén, sus parejas, sus hijas e hijos, que en no pocos casos son todavía bebés por la población objetivo del programa. Asimismo, están sus tutoras, que en su gran mayoría son mujeres, quienes les han acompañado en cada paso de este proceso. Innegablemente para todas las personas que presenciamos estas ceremonias, se convierten en un ejemplo de construcción de paz a partir de la voluntad personal y la intervención del gobierno de México y los estados.
Uno de los momentos que personalmente más me emociona es cuando alguna chica o chico Reconecta toma la palabra, porque sus historias sinceras conectan con la audiencia de una manera trascendental. Hablan de lo que eran antes de entrar al programa y de lo que son ahora. De cómo aprendieron a responder desde el diálogo y no desde la violencia. De cómo han empezado a hacerse cargo de sí mismos. Quienes enfrentaban problemas de consumo hablan de sus tratamientos, de sus recaídas y de sus avances, sin adornos.
Pero, sobre todo, hablan de transformación. De reconciliaciones que parecían imposibles con sus padres, con sus parejas, con sus hijos. De cómo algo se movió en su forma de pensar, de sentir, de reaccionar. De cómo, poco a poco, han ido reconstruyendo su lugar en el mundo en el que el camino sea mejor para ellas y ellos, y para sus familias.
Detrás de cada uno de esos avances hubo una red de apoyo que permitió sostener a la persona beneficiaria. Cuando se enfermaban, se buscaba atención médica. Cuando querían trabajar, se generaron convenios con el sector privado para abrir oportunidades reales. Cuando necesitaban un impulso adicional, hubo gobiernos estatales que apostaron por ello, entregando apoyos de hasta 30 mil pesos a fondo perdido para iniciar un negocio. Todo ello no como un mecanismo asistencialista, sino con la confianza de que con diferentes oportunidades se hubieran tomado diferentes decisiones de parte de nuestros jóvenes.
Cuando me toca dirigir unas palabras, lo hago con el objetivo principal de reconocer lo que han logrado, porque no es menor romper inercias, enfrentar historias personales complejas y, sobre todo, decidir cambiar. De la misma manera, siempre agradezco la confianza de la Presidenta para dar continuidad a este esfuerzo que pone en el centro a las personas.
Finalmente, al concluir la ceremonia, viene lo más importante, nos acercamos en un abrazo fraterno y una felicitación acompañada de orgullo. Me gusta pensar que hay una conclusión importante a la que llegamos quienes participamos como instituciones y quienes lo hacen como beneficiarios: que el gobierno no es su enemigo, sino un aliado.
Un aliado que entiende que la seguridad también se construye así, generando condiciones para que las personas puedan reconstruir su vida y elegir un camino distinto. Esa es la meta, que todas y todos puedan vivir en paz, felices y que encuentren, en su propia historia, muy seguramente su primera oportunidad.
Nos leemos el siguiente martes.
@EsthelaDamian