EL-SUR

Miércoles 10 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Juan Pablo Villalobos: ser feliz y escribir

Adán Ramírez Serret

Junio 03, 2022

Existe una suerte de lugar común, no sé del todo qué tan cierto, sobre la escritura y la infelicidad. Que la mayor parte de los escritores son atormentados, han sufrido mucho y su vida es una desgracia. Sólo cuando se es infeliz se puede escribir bien.
Incluso, he escuchado a muchos escritores decir que escribir es muy doloroso. Los escritores pueden ser drogadictos, alcohólicos y esquizofrénicos, pero nunca tibios y felices. Disfrutan de su profesión.
Me gusta la idea de Milan Kundera sobre esto, dice que los autores que han sufrido escriben a pesar de sus dolencias más que gracias a ellas. Muchísima gente ha sufrido, pero pocas personas han hecho obras de arte.
Sobre esto reflexiona Juan Pablo Villalobos (Lagos de Moreno, Jalisco, 1973), acerca de la posibilidad de escribir, aunque tenga una relación estable con su esposa, se lleve bien con sus dos hijos y tenga tranquilidad económica. La posibilidad de ser feliz y seguir escribiendo buenos libros.
Juan Pablo Villalobos se ha consolidado como uno de los autores más originales de la literatura en español. Vive desde hace mucho en Barcelona y varias de sus novelas se sitúan tanto en México como en España. Cercano muchas veces a la autoficción, a hacer de sí mismo y de la escritura del libro, el asunto central de la historia que escribe. Su más reciente novela, Peluquería y letras, comienza con un advertencia, “Nada en este libro es cierto, salvo lo que sí”.
Recuerda mucho el tono de Jorge Ibargüengoitia y no es casualidad, porque Villalobos viajó a Barcelona a terminar un doctorado sobre el autor de Los relámpagos de agosto. Villalobos asume una escritura que toca diferentes temas, pero que siempre se distingue por la ironía y el sarcasmo, por aquello muy complicado, quizá lo más difícil del mundo: el humor, tópico complicado y un tanto despreciado gracias al cual, la mujer que trabajaba en la casa de Ibargüengoitia le reprochó, “Oiga don Jorge, ¿cuándo va a escribir un libro en serio?”.
Esto lo caracteriza en libros escabrosos como Fiesta en la madriguera, que toca el tema del narcotráfico de una manera original, como una fábula. O No voy a pedirle a nadie que me crea (que le valió el Premio Herralde de Novela) en donde hace una parodia de sí mismo de manera virtuosa.
Abre el primer párrafo de Peluquería y letras de esta forma, “Éramos felices y comíamos tacos, butifarra y feijoada. Éramos tan felices que yo me podía permitir escribirlo desvergonzadamente al inicio de un libro, como si fuera el final”.
Es cierto, los relatos clásicos terminan con un final feliz, porque, ¿qué hay después de la felicidad? En este libro lo que sigue a la felicidad no es otra cosa que la vida común, lo cotidiano. El desayuno, las palabras baladís en familia… y por supuesto, ir al médico.
El narrador, quien siempre tiene la pluma en mano y nos da la oportunidad de entrar en su mundo creado de tinta y papel, cuenta que todo comenzó con una colonoscopia. Su esposa lo acompañó y necesita que le expidan un comprobante de que en verdad estuvo allí en el hospital. El asunto es burocrático, ese momento absurdo en donde el autor nos advierte que acaso se está inventando algo en busca de una trama. Va de la pluma al papel, a las dos recepcionistas que se niegan de manera maligna y cómica a ayudarlo.
A partir de aquí comienza a haber cada vez más enredos y todos suceden en el tiempo que hay entre que sus hijos van y vuelven de la escuela. Va a cortarse el pelo y sucede un accidente. Habla sobre escritura creativa ante sus propios colegas y un hombre un tanto perdido que quiere escribir un libro. Come en su restaurante mexicano favorito y en cien páginas se crea un enredo que no es otra cosa que miedo a no poder escribir y el terror de que la felicidad acabe con la literatura.
Pero no, Peluquería y letras se instala en un género poco recurrido, difícil, tocado por Ibargüengoitia, Villalobos y sus hermanos de sangre, en donde se puede ser feliz escribiendo.
Juan Pablo Villalobos, Peluquería y letras, Ciudad de México, Anagrama, 2022. 101 páginas.