EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

Juan Rulfo y la Goodrich-Euzkadi

Julio Moguel

Septiembre 27, 2016

¿Qué relación pudo haber existido entre la experiencia de trabajo de Juan Rulfo en la Goodrich-Euzkadi y la redacción de Pedro Páramo? En este artículo marco algunos de los puntos que, provenientes de la propia pluma de Rulfo, ofrecen a mi parecer algunos indicios significativos sobre la importancia de dicho vínculo.
Dice Rulfo en Pedro Páramo 30 años después (1985): “Al llegar a casa después de mi trabajo en el departamento de publicidad de la Goodrich, pasaba mis apuntes al cuaderno […] Dejaba párrafos a la mitad, de modo que pudiera dejar un rescoldo o encontrar el hilo pendiente del pensamiento al día siguiente. En cuatro meses, de abril a agosto de 1954, reuní trescientas páginas […]”.
En carta fechada el 16 de febrero de 1947, Rulfo informa a su prometida Clara Aparicio que ha iniciado su proceso de capacitación para su ingreso a la Goodrich. En ella, divertido, se burla un poco de la falta de imaginación y de sentido del humor de quienes le “enseñan” lo que debe saber para ingresar al trabajo. Pero en unos cuantos días el gozo se va al pozo. Convertido ya en capataz en la fábrica, Rulfo cambia el tono de su escrito: “[Los obreros] no pueden ver el cielo. Viven sumidos en la sombra, hecha más oscura por el humo. Viven ennegrecidos durante ocho horas, por el día y por la noche, constantemente, como si no existiera el sol ni nubes en el cielo para que ellos las vean, ni aire limpio para que ellos lo sientan. Siempre así e incansablemente, como si sólo hasta el día de su muerte pensaran descansar […] Te estoy platicando lo que pasa con los obreros en esta fábrica, llena de humo y de olor a hule crudo […] Quizá no te lo pueda explicar, pero más o menos se trata de que aquí en este mundo extraño el hombre es una máquina y la máquina está considerada como hombre […]”.
¿Quiénes son esos personajes que el autor de Pedro Páramo describe? Sombras, fantasmas, vivos-muertos que no descansarán sino “hasta el día de su muerte”. Son hombres sin rostro, negados a ver cielo y a respirar aire limpio.
Todo en la vida de Rulfo ha sido trastocado. Quiere decirle a Clara, y no sabe cómo, que si se queda mucho tiempo más en ese ambiente terminará por ser él mismo destrozado en cuerpo y alma. Pero ello no sucederá –le explica a su prometida–, pues en esos días ha llegado a la conclusión de que “[…] uno debe vivir en el lugar donde se encuentra uno más a gusto. La vida es corta y estamos mucho tiempo enterrados”. Y será entonces cuando Rulfo inicie su periplo de salida del referido trabajo embrutecedor.
Las señales del vínculo entre sus vivencias en la Goodrich y la redacción de su novela aparecen claramente establecidas en el calendario del 47. Pues el 1 de junio de ese año dice en otra carta a su novia que quiere escribir “algo” que, de lograrse, se llamará Una estrella junto a la luna (Primer título pensado por Rulfo para su futura novela).
¿Bastan estas notas para mostrar que entre el paso de Juan Rulfo por la Goodrich y la redacción de Pedro Páramo hay algo más que una simple coincidencia de tiempos? El mismo Rulfo nos ofrece las claves definitivas cuando es entrevistado por el periodista argentino Máximo Simpson. Ante la pregunta de cuál es el significado de que Juan Preciado pregunte a otros muertos: “¿Están ustedes muertos?”, el autor de Pedro Páramo responde: “Usted ha de decir que [en la Goodrich Euzkadi] adquirí alguna experiencia o que aprendí mucho. Y no, lo único que aprendí fue a perder la memoria […]; acabé por no conocer a nadie, ni acordarme de cómo eran los pueblos y las ciudades por donde anduve y no tenía a nadie junto a mí para que me los recordara […]: me fui a mi casa para nunca más volver. […] Esa fue la coyuntura que aproveché para salirme de su infierno sin buscar ninguna otra justificación y así lo hice, aunque ya para entonces no sólo tenía quebrantado el cuerpo, sino adolorida toda el alma […] Así pues, ése era mi estado de ánimo cuando escribí Pedro Páramo.