EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Juan Villoro ante los robots que nos validan

Adán Ramírez Serret

Noviembre 22, 2024

Una de las imágenes que más recuerdo del cine durante mi infancia es la del inicio de Terminator 2: se trata de un tanque de guerra –futurista para esos días– que avanzaba a través de cráneos humanos; en las siguientes imágenes se veían robots terribles que se dedicaban a exterminar a los seres humanos, quienes huían en pequeños grupos rebeldes que eran cada vez más disminuidos. El remoto año del que hablaba la película era 1997, cuando el mundo caería bajo el dominio de las computadoras –hoy lo pensaríamos como Inteligencia Artificial– hasta el 2029, cuando es el inicio de la segunda parte en donde son aplastados los cráneos.
Para ver el futuro de manera normal, había que voltear hacia delante. Sin embargo, en años recientes ha habido un cambio radical, pues para pensar en el apocalipsis, para pensar en la forma en que puede cambiar el mundo, hay que ir al pasado. Para descubrir nuestro presente, es necesario ir al pasado, pues el presente ya es un futuro incomprensible. Es la forma en la que comienza el ensayo de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) No soy un robot. Yendo al pasado, al libro Galaxia Gutenberg, de Marshall McLuhan, de los años sesenta, en donde explora el fin de la era del libro y ve el inicio de una nueva época que estará fundada en la imagen más que en la palabra. Desde esos años se presagiaba que vendría un cambio profundo, no se sabía exactamente qué sería lo que pasaría, pero era un hecho que el mundo estaba por cambiar. Villoro explora en su ensayo que, de manera paradójica, vendría un mundo con el de las computadoras en donde no sería la imagen sino la palabra lo que explotaría. No mediante la literatura sino por medio de las computadoras el ser humano occidental estaría más cercano que nunca a las letras.
Las paradojas parecen ser parte esencial del ADN del conocimiento de los seres humanos, pues normalmente se busca una cosa y termina sucediendo otra. McLuhan pensaba que se acabaría el reino de la palabra y terminó sucediendo que habría más palabras que nunca, y que la tecnología parece construir un mundo más sofisticado y termina por generar un retroceso en la humanidad, pues, según un estudio de James Flynn, el ser humano va en un profundo camino hacia atrás en cuanto al CI, ya que, según sus estudios, en los años setenta la humanidad dio un salto de treinta puntos en coeficiencia intelectual, lo cual diferencia a un genio de una persona normal, y esto ha disminuido en los últimos años de manera preocupante, pues las dulces máquinas, al darnos números de teléfono, ubicaciones y versos de poemas, nos han quitado el ejercicio de memorizar, lo cual implica un serio detri-mento en el desarrollo intelectual, según los datos de Flynn.
El mundo de los teléfonos inteligentes ha hecho menos inteligentes a los humanos, lo cual, de alguna manera, siempre ha sucedido en la historia de la humanidad. Es casi imposible una generación que no haya caído en la tentación de ver el apocalipsis, que sea posible ver el mundo arder y que muramos todos juntos. Que vea en la tecnología el fin.
Juan Villoro escribe un libro lúcido, pues da luz en temas que en general son subjetivos por el exceso de información; da el paso que siempre se le agradece a un intelectual: que se pronuncie en un tema del cual no es experto, pero del que puede investigar. Así, desde su curiosidad indaga el tema de nuestro presente en donde vivimos muchísimo más a través de fotografías de nuestras redes que de la experiencia y en el cual la inteligencia artificial hace un cerebro más perezoso. Pero Juan Villoro no sólo es un brillante intelectual, sino un escritor que ama la literatura y sabe que allí se ha encontrado, se encuentra y estará la presencia de lo humano: nuestra utopía más bella.
Juan Villoro, No soy robot, Ciudad de México, Anagrama, 2024. 309 páginas.