EL-SUR

Lunes 21 de Enero de 2019

Guerrero, México

Opinión

Juan Villoro: observar desde la erudición

Adán Ramírez Serret

Enero 11, 2019

He insistido bastante en esta columna sobre la dependencia de los escritores a su lugar de origen; en la necesidad no tan sólo de apropiarse y hacer suyo un lugar sino de reinventarlo. Ha sido, en algunos casos, esta apropiación tan extrema, esta reinvención tan radical que ya en el siglo XIX muchos lectores se preguntaron si acaso no sería París uno de los grandes personajes de la Comedia Humana de Balzac, o Madrid de las grandes novelas de Benito Pérez Galdós.
Las ciudades han devenido en sitios tan importantes para los seres humanos, que han llegado a tener una existencia propia. John Dos Passos descubrió esto, y ya, de manera explícita, hizo a la ciudad de Nueva York el personaje principal de Manhattan Transfer. Y esta misma ciudad, dicho sea de paso, se ha transformado en la obsesión no sólo de escritores, sino también de músicos, pintores, y desde luego, cineastas. Pen-semos por ahora en dos, Woody Allen y Martin Scorsese.
En nuestra literatura también hemos tomado a las ciudades como personaje principal. Sobre todo, sin duda a la más grande y vertiginosa, la Ciudad de México, ha sido el terreno ideal para desarrollar personajes marginales como La Rumba de Ángel del Campo pero ha servido sobre todo para bosquejar un mosaico inmenso del país. Pienso ahora para no hacer un panorama demasiado exhaustivo, en La región más transparente, de Carlos Fuentes, en los DF de Emilio Carballido y podemos pensar sin duda en José Emilio Pacheco (y claro, la ahora en auge Roma de Alfonso Cuarón), en las crónicas de J.M. Servín como DF Confidencial y, sin duda, en El vértigo horizontal de Juan Villoro (Ciudad de México, 1956).
Se trata del libro que más tiempo le ha tomado escribir, una serie de crónicas que al tratarse de la Ciudad de México, es plural e intenta imponer cierto orden en el caos que es esta urbe. Redactado de manera obsesiva durante 20 años, la ciudad misma le sugirió un final contundente a Villoro, el segundo terremoto del 19 de septiembre de 2017.
Se trata de un viaje, personal y deslumbrante, por la ciudad en la que ha vivido este escritor la mayor parte de su vida. El libro comienza con una suerte de “mini crónica”, “‘Voy a México’, dice alguien que está en México. Todo mundo entiende que se dirige a la capital, que en su voracidad aspira confundirse con el país entero. Extraña-mente, ese lugar existe”. Que el país se llame igual que la ciudad quizá sea el origen del centralismo que ha creado un monstruo.
El título lo toma del escritor francés Pierre Eugène Drieu La Rochelle quien definió a la pampa como un “vértigo horizontal”, porque en efecto, hasta hace muy pocos años la Ciudad de México, a diferencia de las otras grandes urbes de mundo, era extremadamente horizontal.
El libro mismo como objeto es fantástico, diseñado por Alejandro Magallanes ofrece a partir del orden de los capítulos una lectura lúdica, pues están ordenados y desplegados como si fueran diferentes estaciones de la ciudad. Así, la línea uno, es la sección autobiográfica Vivir en la ciudad. Con crónicas fantásticas como El olvido en donde describe el oficio desparecido del lechero y su prestigio erótico. O El conscripto en donde cuenta el extraño capítulo de su vida en que fue militar. La segunda línea/capítulo es Personajes de la ciudad, en donde desde luego aparece El chilango, Paquita la del barrio y El merolico. La línea tres Sobresaltos sobre momentos coyunturales de la ciudad de México como la influenza y el terremoto. Travesías describe las diferentes formas de recorrer la ciudad y desde luego aparece el metro. En Lugares explora los sitios de convivencia como La zotehuela o Tepito y El Chopo. Y, finalmente, en Ceremonias explora precisamente los diferentes ritos de la ciudad que van desde El grito, La pasión de Iztapalapa o La burocracia capitalina.
A pesar de todo esto, de ser un libro que abarca una pluralidad de temas y personajes es una visión personal de Villoro; una serie de crónicas que nos permiten ver el mundo desde su mente; tenemos el privilegio de observar desde su erudición, genialidad y sentido del humor.

(Juan Villoro, El vértigo horizontal, Ciudad de México, Colegio Nacional /Almadía, 2018. 407 páginas).