EL-SUR

Viernes 12 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

¡Justicia!, en nombre de las mujeres guerrerenses

Tlachinollan

Septiembre 06, 2021

Tío Bernardo, tu radiante empeño por encontrar a los 43 nos dejó una cauda de luz en esta laguna de Tixtla poblada de cempasúchil y maizales, donde trabajaste con denuedo para que tu hijo José Ángel estudiara en Ayotzinapa.

Tocó en una fecha muy significativa para las mujeres indígenas de Guerrero, que la nueva gobernadora Evelyn Salgado Pineda, encabezara la ceremonia de instalación de los comités de entrega-recepción del poder ejecutivo, para iniciar el arranque de su nuevo gobierno. En su discurso remarcó que se trata de “un día histórico, donde inicia una nueva etapa, una nueva era para nuestro hermoso estado de Guerrero. El compromiso es construir juntas y juntos un gobierno humanitario, incluyente, paritario y de puertas abiertas. Transparente en la rendición de cuentas, con el objetivo de cumplir cabalmente con todos y cada uno de los preceptos de esta cuarta transformación: no robar, no mentir y no traicionar a nuestro pueblo. No les voy a fallar, no tengo derecho a fallarles. Que sea por el bien de Guerrero”. Con esta elocuencia y firmeza, la gobernadora electa marca el nuevo derrotero que emprenderá su administración. Su comité de recepción, que nombró de manera paritaria, tiene 40 días para conocer a fondo el estado que deja la administración del gobernador saliente, Héctor Astudillo Flores.
Se percibe un ambiente terso en los dos equipos. Como toda ceremonia formal sobresalen los buenos deseos y la plena disposición para realizar con transparencia y armonía este proceso de cambio de mandos y rendición de cuentas. Como guerrerenses tenemos el derecho a saber con la mayor amplitud posible, cómo se implementa esta transición que tiene un procedimiento legal y administrativo, mediante el cual el gobierno que sale debe entregar de manera ordenada, completa y oportuna todos los bienes muebles, inmuebles, infraestructura, equipamiento, archivos, almacenes, inventarios, fondos, valores y demás documentos e información relacionada con los programas, presupuestos y recursos que manejaron durante el sexenio. Son claves los datos, registros, pruebas documentales y evidencias físicas para darle certeza y veracidad a lo que se informa y entrega. Es la primera prueba del nuevo gobierno contar con personal altamente capacitado, expertos y expertas en estas lides, personas probadas, veraces, porfiadas y plenamente comprometidas con la transparencia y la rendición de cuentas. Sopesar la situación financiera, conocer el quebranto de las finanzas públicas, los endeudamientos y déficit que arrastra cada secretaría.
Se requiere tener una radiografía completa de la administración pública saliente, para saber qué terreno estamos pisando y de qué tamaño son los problemas que va a enfrentar la nueva gobernadora. El gran desafío es desarraigar vicios y corruptelas que se han anclado en las instituciones gubernamentales. No se trata de reacomodos ni de enroques políticos para mantener el aparato corroído; se requiere un proceso de transformación de las instituciones que se han burocratizado y deshumanizado, que funcionan más como cotos de poder, opacas, sometidas a intereses de grupúsculos políticos, agrietadas por la corrupción e infiltradas por intereses mafiosos.
En los albores de esta nueva administración, en lugar de trabajar con el nuevo proyecto de transformación que requiere Guerrero, un gran número de personajes identificados con Morena se han volcado con los jefes políticos en el estado para estar dentro de la nueva administración. Abundan los cabildeos políticos, las reuniones en corto para negociar cargos y sobresalen los jaloneos con el fin de aparecer entre las y los elegidos. Proliferan quienes se ostentan con derecho a estar en el primer círculo, por el simple hecho de permanecer en la trinchera o por ser leal al nuevo partido. Es una reedición de lo que se dio en el 2005 con la llegada a la gubernatura de Zeferino Torreblanca, cuando se dio una fuerte fricción entre el empresario y su visión para gobernar, con todo el movimiento perredista que exigía lugares de primer orden en la nueva administración. Estas disputas intestinas truncaron una transición política y más bien se generó un clima de violencia y animadversión contra el movimiento social y contra sus lideres más representativos, como Armando Chavarría.
La nueva coyuntura política tiene como principal característica de que cuenta con el respaldo presidencial y que existe un ambiente social favorable, porque amplios sectores del estado tienen altas expectativas de que el nuevo gobierno sea encabezado por una mujer que está identificada con el movimiento social y con la población más olvidada de Guerrero. Este capital político puede detonar procesos de cambio, siempre y cuando la composición del gobierno no esté marcada únicamente por el sello partidista o por la lealtad política. Es importante recuperar toda la experiencia de lucha que han protagonizado las y los guerrerenses, que siempre han exigido una mayor participación en las decisiones políticas, que han demandado una política social que acabe con los niveles escandalosos de la desigualdad social que impera, entre una clase gobernante opulenta y corrupta y una población empobrecida y sometida a los cacicazgos políticos. Se tienen que desmontar estructuras de poder clientelares, corporativas y meramente asistencialistas. La riqueza natural de nuestro estado, con sus mares, ríos, costas, montañas y serranías tiene que ser el gran hábitat que dignifique la vida de indígenas, campesinos y trabajadores de los centros turísticos, generando mayores empleos y más inversiones en las regiones olvidadas, donde por la ausencia del gobierno han asentado sus reales grupos de la delincuencia organizada que ahora se erigen como los jefes políticos de los presidentes municipales y de las corporaciones policiacas.
No debemos olvidar que las mujeres guerrerenses han abanderado luchas emblemáticas, como Benita Galeana, quien enarboló los postulados de la revolución mexicana y emprendió una lucha incansable en la defensa de los derechos del pueblo explotado y de las mujeres trabajadoras. Fue un ejemplo de persistencia, valor, intrepidez, sapiencia y mucha visión para dar la batalla en medio de un ambiente político hostil. A pesar de ser un emblema que rompió esquemas machistas y resquebrajó los roles sociales de las mujeres, en nuestra entidad prevalece una cultura patriarcal, reforzada por un gobierno caciquil y militarista, que siempre maltrató a las mujeres. Nunca respetaron su dignidad ni reconocieron su contribución al desarrollo social y político de nuestro estado, por el contrario, fueron personajes sanguinarios que alentaron la violencia contra las mujeres, sobre todo cuando participaban en los movimientos de protesta, en las luchas gremiales o se solidarizaban con los luchadores sociales y la misma guerrilla, para darle cobijo y comida.
En los años de la guerra sucia, las mujeres fueron objeto de vejaciones, de violaciones tumultuarias para causar terror y mancillar su dignidad, generar escarnio entre sus esposos y las mismas comunidades. En el libreto de la contrainsurgencia las mujeres son parte del botín de guerra, por eso los militares se metían a sus casas para ultrajarlas, para obligarlas a darles de comer. Las torturaban para que confesaran dónde se encontraban sus esposos. Fueron las mujeres las que estuvieron siempre como vigías de sus comunidades, las que se encargaron del cuidado de los hijos y de la parcela, mientras los esposos empuñaban las armas y se iban al monte para enfrentar tantas atrocidades.
Los casos de personas asesinadas, desaparecidas y torturadas fueron denunciados y defendidos por las madres, las esposas e hijas de las víctimas que en su mayoría eran jefes de familias que vivían en el campo, que se organizaba para mejorar los precios de sus productos o que simplemente simpatizaban y apoyaban a quienes tuvieron el arrojo de declararle la guerra a los caciques y al Ejército. En estos años sombríos se mantuvo encendida la llama por la justicia y la verdad, gracias a las mujeres que nunca claudicaron, a pesar de la represión y de la imposición de gobiernos gangsteriles.
En Guerrero los familiares que se han mantenido firmes en su lucha por la justicia y verdad en torno a los crímenes del pasado, este 30 de agosto, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, tuvieron una grata noticia por parte del presidente de la república Andrés Manuel López Obrador, de convocarlos a Palacio Nacional. Fue un evento muy especial, por lo que significa su lucha para el país, y porque han sabido enaltecer el legado intangible de quienes lucharon por la justicia. No hubo mejor lugar que el Palacio Nacional, donde se dio el anuncio por parte del Ejecutivo, sobre la creación de la comisión presidencial de la verdad, justicia, reparación, memoria y no repetición, con el fin de realizar investigaciones sobre la llamada guerra sucia. Se trata de una demanda muy sentida, porque fue un período atroz, donde los policías y militares tuvieron licencia para matar a la disidencia política, dejando una cauda de asesinatos y desapariciones forzadas entre los años 60 y 80 del siglo pasado.
Para las mujeres de Guerrero, como Tita Radilla y todas las compañeras de Atoyac, es un reconocimiento presidencial a su tenacidad, su valentía, su firmeza y su gran amor por sus seres queridos, pero también por su lucha inclaudicable por la verdad y la justicia en Guerrero. Las mujeres siguen abriendo nuevos senderos, más allá de militancias políticas y de aspiraciones por un cargo público. Desde sus comunidades y desde los contextos adversos, marcados por la pobreza y la represión han sido un referente obligado en la agenda política del estado. La lucha por la justicia y la verdad debe ser el eje para una verdadera transición política.
Se tiene que desmontar el aparato de seguridad y de justicia estatales, que en lugar de representar a la sociedad y proteger los derechos de las víctimas, han desvirtuado su quehacer y se han coludido con los grupos delincuenciales que se encuentran dentro de las mismas instituciones. Esta descomposición del ejercicio del poder ha desquiciado la vida de las y los guerrerenses, nos ha sumido en el pantano de la impunidad y nos ha dejado desamparados ante el empoderamiento del crimen organizado. En estos tiempos de pandemia las mujeres son las que están pagando con su vida esta violencia delincuencial. El confinamiento de las autoridades ha dado luz verde a la delincuencia que está suplantando los vacíos de poder que hay en la entidad. Lo más grave es que se han metido al mismo proceso electoral financiando campañas de candidatos. Lo insólito es que también sus intereses están representados dentro de los ayuntamientos, el Congreso, y falta saber en qué secretarías podrán incrustarse.
La nueva gobernadora Evelyn Salgado Pineda tiene ante sí un estado convulsionado por la violencia; atrapado por las garras del crimen organizado; instituciones colapsadas e infiltradas, una clase política que solo vela por sus intereses personales y facciosos, comparsas de la impunidad y la corrupción. Tiene que desenmarañar la telaraña de intereses oscuros que se han urdido dentro del laberinto burocrático. Tendrá que conformar un gobierno decidido a enfrentar estos males añejos, a desenraizar la corrupción, a desterrar los intereses de la macrodelincuencia y a empujar desde abajo con los pueblos y comunidades, con las colonias y barrios y con las periferias de las ciudades, para que la nueva sangre de la gente trabajadora le imprima un sello nítido y rumbo claro a un gobierno, cuyo timonel es una mujer que tiene casta de las grandes mujeres de Guerrero, que sacrificaron su vida para demostrar que son capaces de pelear sin denuedo, y de pelear hasta el fin, para por lo menos vislumbrar el resplandor de la justicia.