EL-SUR

Miércoles 12 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Justicia poética

Adán Ramírez Serret

Septiembre 29, 2017

Diana del Ángel (Ciudad de México, 1982) ha escrito Procesos de la noche, un libro valiente, una crónica plagada de poesía y coraje sobre uno de los casos más trágicos y terribles de la historia reciente de México. Sobre la escandalosa muerte de Julio César Mondragón, el joven nacido en el Estado de México desollado en Iguala la noche del 26 septiembre del 2014.
Diana del Ángel no es periodista, sino investigadora de literatura, y poeta. En el prólogo a la crónica, la periodista y novelista Elena Poniatowska, escribe: “El paisaje de fondo de estas páginas que jamás debieron escribirse nos golpea, porque en un país ‘normal’ esta joven ensayista estaría dedicada al estudio de la poesía de César Vallejo, Jaime Sabines y Carlos Pellicer (…) en lugar de descender al abismo para documentar nada menos que un desollamiento, que en cualquier lugar del mundo –si es que se practica– es sinónimo de locura, de barbarie, de salvajismo y de monstruosidad”.
Sin duda tiene razón Poniatowska, pues con estas palabras subraya el valor y la conciencia social de Diana del Ángel, quien en lugar de estudiar y analizar, de manera legítima, poemas, se lanza a seguir el caso de Julio César Mondragón, la exhumación de su cuerpo, para buscar la verdad, esclarecer lo sucedido. Para exigir justicia. Y en el transcurso de esta desencarnada investigación, Del Ángel escribe una crónica con dos vertientes. La primera, ya dicha, de exigir justicia. Y la segunda, devolver un rostro a Julio César Mondragón.
En estos dos cauces, en el de la justicia y la poesía; se encuentra, la primera, con la burocracia; y la segunda, con el recuerdo vivo de las personas que conocieron y quieren a Julio César Mondragón.
En la búsqueda de la justicia aparece este mal de nuestro tiempo que es la inhumana burocracia: Escribe Diana del Ángel sobre la actitud de un abogado encargado del caso: “Lo principal es mantener siempre un lenguaje técnico, no humano. Entre más técnico mejor, entre menos persona veamos a la víctima mejor, para qué decir: Julio, veintidós años, padre de una bebé, esposo de una mujer, hijo de una madre, eso podría ser, no sé, acercarnos un poco a la víctima, sentir por un momento que podemos ser iguales a esas personas violentadas. Mejor que usar cadáver, esa es la distancia precisa”.
Sin embargo, este poderoso libro tiene el aliciente de la exhaustividad de la búsqueda incansable de la verdad por parte de los familiares de Julio –me tomo la licencia de llamarlo por su nombre de pila.
Y la otra vertiente del libro, la poética, la búsqueda del rostro es desgarradora a la vez que llena de belleza, pues Diana del Ángel encuentra a Julio Mondragón con vida, encuentra su rostro en las personas que lo conocen y lo quieren. Así, en el transcurso del retrato del joven estudiante, nosotros como simples lectores, vamos conociendo a través de diferentes voces, su personalidad andante y sus anécdotas aventureras de vida que permanecen en el recuerdo de familiares y amigos.
No puedo terminar sin citar unas líneas del cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos que rondaron mi mente mientras leía la crónica de Diana del Ángel, palabras duras sobre la violencia en Colombia: “Sucede que los asesinos –advierto de pronto, mientras camino frente al árbol donde fue colgada una de las sesenta y seis víctimas– nos enseñan a punta de plomo el país que no conocemos ni en los libros de texto ni en los catálogos de turismo. Porque, dígame usted, y perdone que sea tan crudo, si no fuera por esa masacre, ¿cuántos bogotanos o pastusos sabrían siquiera que en el departamento de Bolívar, en la Costa Caribe de Colombia, hay un pueblo llamado El Salado? Los habitantes de estos sitios pobres y apartados sólo son visibles cuando padecen una tragedia. Mueren, luego existen”.
Procesos de la noche, es, pues, en muchos sentidos, una defensa de la poesía, del derecho de las víctimas a ser humanos. De existir más allá de la tragedia de la que hayan sido víctimas. Humaniza, a través de la justicia de la poesía, a las víctimas deshumanizadas de México, que usualmente sólo son un número.

(Diana del Ángel, Procesos de la noche, Almadía, Ciudad de Mé-xico, 2017. 210 páginas).