EL-SUR

Sábado 06 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

LA POLÍTICA ES ASÍ

Juventud que no se rinde

Ángel Aguirre Rivero

Agosto 15, 2025

Cuando recorro las calles de Guerrero, me encuentro con rostros jóvenes que reflejan, a la vez, esperanza y preocupación. Jóvenes que sueñan con estudiar, trabajar y formar una familia, pero que chocan contra un muro de desigualdades que, por décadas, no hemos podido derribar en una entidad de profundos contrastes.
Las cifras son contundentes: en Guerrero, la población de entre 15 y 29 años representa casi una tercera parte de nuestros habitantes. Sin embargo, más de la mitad de quienes tienen entre 15 y 17 años no están en la escuela, y en educación superior la cobertura es todavía menor que el promedio nacional. No es solo un número: es la historia de muchachos que, muchas veces, dejan las aulas para apoyar en la economía familiar o porque la preparatoria les queda a varias horas de camino.
En el terreno laboral, la estadística oficial presume una tasa de desempleo baja, pero la realidad es que más de la mitad de los jóvenes trabajan en la informalidad. Venden en las calles, laboran sin contrato o se emplean en actividades temporales. Es un círculo que atrapa: sin un empleo formal, no hay seguridad social, ni acceso a créditos, ni estabilidad para planear un futuro.
A ello se suma un reto silencioso, pero igual de grave: la brecha digital. Apenas seis de cada diez hogares en Guerrero cuentan con internet y poco más de siete de cada diez tienen celular. En el mundo de hoy, estar desconectado es estar un paso atrás, no solo en entretenimiento, sino en educación, emprendimiento y acceso a servicios.
La salud sexual y reproductiva es otro espejo de nuestras carencias. Aunque la tasa de fecundidad adolescente ha disminuido en los últimos años, sigue por encima del promedio nacional. Cada embarazo en la adolescencia representa una historia de sueños interrumpidos y responsabilidades asumidas demasiado pronto.
Y no podemos ignorar el impacto de la pobreza. A pesar de que Guerrero ha reducido sus porcentajes en los últimos años, sigue siendo uno de los estados con mayor número de jóvenes en condiciones de marginación.
Pero no todo es desaliento. He visto también a jóvenes que, contra todo pronóstico, concluyen sus estudios; que emprenden un negocio con lo poco que tienen; que lideran causas sociales y ambientales en sus comunidades. Esa energía es la que debemos saber canalizar.
Las políticas públicas no pueden seguir siendo reactivas, parchando emergencias. Necesitamos una visión de largo plazo que coloque a la juventud en el centro de la agenda municipal, estatal y federal.
Hemos visto muchas reuniones entre el gobierno y los empresarios. Se saludan, se toman la foto, comparten mensajes positivos. Y claro, eso siempre será preferible al conflicto. El diálogo es importante.
México necesita señales claras, firmes y coherentes, y una apuesta decidida por el presente y el futuro del país, que son nuestros jóvenes, quienes no pueden seguir esperando promesas ni fotografías. Necesitan inversión que se vea, que impulse emprendimientos, becas de estudios en el extranjero, inversión que toque su vida diaria.
Además, ellos no solo requieren becas o apoyos; requieren sentirse parte de las decisiones que definen su presente y su futuro.
Sé que los retos son enormes, pero también creo firmemente que la fuerza de esta generación es capaz de transformar la realidad. No dejemos que esa fuerza se apague. Invirtamos en ella, no como gasto, sino como la mejor apuesta por un futuro donde nuestros jóvenes no tengan que irse para encontrar las oportunidades que merecen.
Porque el verdadero desarrollo no se mide solo en carreteras o edificios, sino en la posibilidad real de que cada joven guerrerense pueda mirar hacia adelante con confianza. Y esa es la deuda que, entre todos, estamos llamados a saldar.

Del anecdotario

Cuando fungía como secretario general de Gobierno, no existía una Secretaría de Seguridad Pública, sino una Subsecretaría que dependía del secretario general de Gobierno. Por lo que, a mis 27 años, me dispuse a pasar revista a la Policía Estatal en el cuartel localizado en la salida para Tixtla.
Cuando escuché la voz de un primer comandante que dijo: “¿Ese chamaquito es nuestro nuevo jefe?”. De inmediato fui y lo encaré para decirle: “Repítame lo que usted acaba de decir”, –el comandante balbuceaba–y volví a insistir con más fuerza: “Repítame lo que acaba de decir”.
Cual si fuera un militar de alto rango le dije: “Dos pasos adelante” y Agregué: “Si usted vuelve a hacer un comentario como el que hizo, lo voy a arrestar no una semana, lo voy a arrestar un mes, ¿le queda claro?”.
A partir de ese momento se volvió mi mejor promotor.
–El nuevo secretario general de Gobierno está muy jovencito, pero tiene un carácter de la ching…
Yo, por mi parte, me moría de risa por dentro.
Con frecuencia convivía con policías, salíamos a montar, hacíamos concursos de tiro al blanco, desayunaba con ellos y, lo más importante, siempre me preocupé por mejorar sus salarios y sus prestaciones.
La política es así…