EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Karl Ove Knausgard: el rey de la autoficción

Adán Ramírez Serret

Junio 19, 2020

En la película más reciente de Pedro Almodóvar, Dolor y gloria, aparece la madre del personaje –alter ego del cineasta– hablando mal de la autoficción. Un término literario algo incomprensible que el director pone de manera deliberada, inverosímil, en una mujer de a pie. Pero, ¿por qué es molesto este término o género?
La madre del personaje no quiere que su hijo incurra en la autoficción porque a sus amigas difuntas no les hubiera gustado para nada que sus vidas aparecieran en una película. Y tiene razón.
Sucede que de alguna manera, los autores se han visto avasallados por la realidad, la sobreinformación y la megalomanía o el culto al yo, por lo que muchos escritores y escritoras se han adscrito a la moda de escribir sobre sí mismas. A volcarse sobre sus vidas y contarlo todo… o bueno, hasta donde el valor les dé.
Pero sin duda, el mejor en este género, a quien todos imitan, aman o repudian, es Karl Ove Knausgard. (Oslo, 1968), autor sobre el que se ha escrito mucho y que es una especie de obsesión para mí y leo sus libros con sorpresa y maravilla.
El año pasado salió finalmente el tomo Fin, de más de mil páginas que termina su saga, Mi lucha –de más de cinco mil páginas–, que lo ha catapultado a la fama.
De una forma –quizá por algo de disciplina o sólo por postergar el placer–, me prohibí leer el texto al instante y terminé el tomo quinto maravillado por su belleza y profundidad. Hasta que, en algún momento, ya no resistí más y comencé a leerlo y luego ya no pude parar.
La autoficción es definida por sus detractores como mirarse el ombligo. Y en efecto, hay mucho de esto. Se trata de la autora o autor haciéndose personaje de su libro y contando lo difícil que es ser papá, lo terrible y maravilloso que es estar embarazada, la incapacidad de tener orgasmos, si es mejor con un pene o un vibrador; sobre la disfunción eréctil, la masturbación; la falta de inspiración… y todo aquello que atormenta a la especie humana moderna de clase media.
Y, claro, esta literatura selfie como la llama el brillante crítico Guillermo Espinosa Estrada, puede ser patética y muy aburrida. Pero entonces, ¿para qué leerla?
Por otro lado, a quienes les gusta este género, pueden decir que es nada más y nada menos que la épica autodestructiva e introspectiva de la mujer y el hombre moderno. Y lo es, también.
Resulta que como siempre el problema no es el género sino el talento, y por qué no, el valor. Si se dice que se va a contar todo, se cuenta todo.
Karl Ove Knausgard es el rey en este género porque escribe sobre sí mismo sin ninguna piedad. La lucha más profunda y única del personaje, es en contra de sí mismo. Los problemas del mundo no están hacia afuera sino adentro de él.
Y lo profundo en esta obra es que en verdad es contundente, y leer las casi cinco mil páginas que la conforman, es un parteaguas. Ha marcado un antes y un después en la segunda década de este siglo.
Porque es, quizá, el libro más actual en cuanto a los pensamientos sobre la paternidad, la masculinidad, la ética; las escenas, van del acto más frívolo de desayunar, a bañar a sus hijos, separarse de su esposa o traicionar a su familia. Los diálogos y las relaciones humanas están pintadas de manera precisa porque este autor noruego dejó el hígado y los riñones en este libro. Lo cuenta todo y sufrió el odio de su familia, pues como a la madre del personaje de Almodóvar a nadie le gusta ser sacado a la luz. Pero, ¿qué es tan peligroso que no podamos decir en voz alta?
Se hace las preguntas más sencillas que son las que aparecen en los grandes libros, como ¿qué es la literatura?, ¿qué se puede aprender en ella?
Es sabiduría, pensamiento ligero y profundo a la vez, dice en alguna parte, “porque en la novela, la reflexión no está por encima como medio de conocimiento, sino que está equiparada a todos los elementos que contiene. El espacio dentro del que se piensan es tan importante como el pensamiento”.
Karl Ove Knausgard, Fin. Mi lucha: 6, Barcelona, Anagrama, 2019. 1021 páginas.