EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La 1ª Gran Transformación La consumación de la Independencia de México, hoy hace 200 años (1821-2021)

Julio Moguel

Mayo 26, 2021

(décima cuarta parte)

 

I. Nuevos y necesarios paréntesis intermedios

Con ésta y las siguientes dos entregas estaremos ya prácticamente a la mitad de esta serie, que deberá concluir el martes 28 de septiembre, fecha en la que, en 1821, se consuma finalmente la independencia de México.
Pronto retomaremos la historia que hemos venido relatando, en el punto crítico y decisivo en el que Iturbide entra en escena para dirigir las fuerzas realistas del Sur en el lugar del derrotado Armijo, en un ciclo que pasa por el Plan de Iguala y culmina con la entrada triunfante del Ejército Trigarante un día antes de la mencionada declaración formal de la liberación de nuestro país del yugo Ibérico.
Pero antes de entrar en esta nueva línea del relato conviene mencionar algunas de las líneas básicas que guían nuestra exploración en torno a esta 1ª Gran Transformación de México, e indicar, dentro de la inabarcable bibliografía que existe en la materia, cuáles son algunos textos, libros o documentos que nos parecen esenciales, limitándonos a señalar sólo algunos para no convertir nuestro esfuerzo en un ejercicio “academicista”.

II. ¿Contra qué tipo o concepto de esta historia se dirige nuestra
historia?

Nuestra línea de aproximación histórica confronta de manera directa y sin dobleces una concepción que resulta dominante en una parte de la intelectualidad y/o de la población mexicana. Me refiero específicamente a la que defiende el conocido historiador Enrique Krause –entre otros–, quien resulta para cualquier efecto práctico una especie de émulo de Alamán, y quien fue durante mucho tiempo el “preferido” de los regímenes neoliberales para “rehacer” la historia de México. Uno de sus libros más conocidos sobre el tema es Siglo de caudillos: biografía política de México (1810-1910), publicado en 1994 por la editorial Tusquets.
De obras como la mencionada, el más que importante, indispensable, historiador Eric Van Young, ha dicho:
“En la historiografía romántica/nacionalista, aunque también en trabajos de carácter más sociológico y escéptico, se ha descrito a la población indígena en particular como si hubiera acudido en masa en pos de la bandera de la Guadalupana, movidos por una especie de reflejo pavloviano. Según esta interpretación, lucharon codo a codo con los cabecillas criollos de la independencia, formando una alianza situada más allá de las clases y las etnias, para hacer realidad un México independiente, visión articulada desde la élite y más o menos común a todos”.
Frente a esta interpretación de Krause –y de otros estudios, como los de Jorge I. Domínguez, en su Insurrection or Loyalty: The Breakdown of the Spanish American Empire (1980)– Eric Van Young apunta en mi opinión en el sentido correcto: la insurrección independentista tuvo su fuente básica y nutricia en la vida y en la cultura de los pueblos, “sujetos que seguían siendo predominantemente indígenas en su conformación sociocultural a finales del siglo XVIII”, considerando entonces “al pueblo” como la verdadera fuerza motriz del cambio revolucionario.
Llega a conclusiones importantes como la siguiente: “El análisis de la ideología popular insurgente respalda la de la rebelión rural de origen ampliamente comunitario […]”.
Si usted, amigo lector, ha leído nuestra serie, se dará cuenta de que toda nuestra información y análisis apunta en la misma perspectiva.

III. La magnífica obra histórica de Eric Van Young: indispensable en el estudio del proceso de Independencia

Me refiero en este caso a la indispensable obra de Eric Van Young, particularmente al libro, catedralicio, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, publicado en 2001 en su primera edición en inglés, y en 2006 en su primera edición en español (del Fondo de Cultura Económica).
Libro compuesto por un millar de páginas, cubre temas y aspectos de la guerra de la independencia que prácticamente no pueden encontrarse o revisarse en ninguna otra fuente, con una información extensa y precisa, y un rigor que es poco común en este tipo de estudios.
Me ubico en uno entre muchos de los puntos que vale la pena mencionar de la obra. Dice nuestro historiador:
“[…] el enfoque materialista-histórico/economicista resulta simplemente anacrónico para entender el pensamiento y la acción colectiva de la gente rural en este tiempo y este lugar […] Un problema intelectual similar surgió en los estudios de los sesenta y los setenta en torno a la utilidad de conceptualizar la coexistencia de dos modos diferentes de producción en muchas sociedades coloniales o bien “periféricas” en diversos momentos históricos, un modo capitalista dominante y un modo precapitalista subordinado”.
Dos líneas críticas de conceptualización que asumo en esta serie en toda su literalidad, recogiendo, de Van Young, el reto de hacer una aproximación al análisis histórico desde una perspectiva en la que “lo cultural” adquiera una connotación sustantiva y no derivada o secundaria.
¿Cuántos de nosotros, desde nuestras antiguas trincheras de estudio o de aproximación histórica, no estuvimos sumergidos durante algún tiempo en las dos líneas criticadas de interpretación?
La denominada predominancia “en última instancia” de lo económico sobre cualquier elemento superestructural hizo –hace aún– mucho daño a las posibilidades de comprender cualquier tipo de historia. Más daño hicieron aquellos estudios que, provenientes del althusserianismo francés y, en México, de escritores como Roger Bartra, achataron los picos de cualquier tipo de historia y la convirtieron en un ejercicio meramente especulativo. Porque la idea de que toda “formación social” eran en realidad una específica “articulación” de dos o más “modos de producción” dio al traste con el “análisis concreto de una situación concreta”, lo que transferido a los estudios históricos “absorbió lo real” en “el concepto” y, creyéndose marxista, simple y llanamente se volvió una manera “idealista” de “mirar”.
Afortunadamente este tipo de conceptualizaciones idealistas fueron sana y seriamente hechos a un lado por historiadores de la talla de Eric Van Young, sin contar a una buena camada de historiadores que dieron aliento al desarrollo de estudios de gran fertilidad.