EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La 1ª Gran Transformación La consumación de la Independencia de México, hoy hace 200 años (1821-2021)

Julio Moguel

Mayo 05, 2021

(Décima primera parte)

Nota de seguimiento

En las últimas dos entregas hicimos un paréntesis para tratar de ubicar algunas de las claves de los éxitos y del resurgimiento de la fuerza independentista en el Sur profundo de la Nueva España, en los años que antecedieron al Plan de Iguala y a la proclamación libertaria, como Nación, en 1821. En lo que sigue retomaremos la secuencia de dicho proceso de reanimación de la insurgencia en 1820, haciendo de nuevo, en la décima tercera parte, un nuevo corte o paréntesis para tratar de ubicar otras importantes facetas de la mencionada lucha insurreccional.

I. Líderes guerrilleros
supervivientes, en abierta actividad rebelde en 1820

En 1820 el gobierno virreinal creía firmemente que la revolución de independencia había llegado a su fin, y que lo que quedaban eran algunas cuantas gavillas o núcleos menores de rebeldes que era relativamente fácil liquidar. No fue muy distinta la opinión de un historiador como Alamán, quien sólo veían en el escenario despojos humanos “pidiendo perdón al vencedor […], degollándose o entregándose vilmente unos a otros para merecerlo”.
No resulta ocioso, así sea ello un ejercicio incompleto, mencionar a algunos de los líderes que en el año mencionado conformaban tales gavillas o “núcleos menores de rebeldes”.
Nombres a distinguir, en Nueva Galicia, Guanajuato y Michoacán, tenemos, entre otros, a José Francisco Gordiano Guzmán y a José María Lobato.
De Gordiano Guzmán podemos decir que ingresó a la lucha independentista desde 1811, y que tuvo el privilegio de seguir con vida después de la proclamación de la Independencia en 1821, falleciendo, en Huetamo, a los 65 años de edad, en 1854.
De José María Lobato podemos decir que inició su carrera militar en el mando de los realistas, pero que después de haber sido hecho prisionero por los insurgentes, en 1811, se incorporó en cuerpo y alma al proceso revolucionario emergente. Nombrado coronel por López Rayón en septiembre de 1812, ganó el grado de brigadier en 1813.
¿Más datos que lo distinguen? [dos puntos] haber participado en el Congreso de Chilpancingo, al lado de José María Morelos, y haber sido uno de los primeros líderes militares independentistas que se sumó sin condiciones al Plan de Iguala lanzado en 1821 por Iturbide.

II. Nuevamente los escenarios de guerra en el Sur profundo de la Nueva España. Pedro Ascencio en la lista

Otros no poco numerosos grupos rebeldes emergían o desplegaban acciones de hostigamiento o de franco enfrentamiento militar contra el gobierno virreinal, entre los que se cuentan Bedoya y los Ortices.
Pero, como hemos venido marcando de manera insistente, los focos rebeldes en crecimiento, incluso en las difíciles condiciones de 1820, se desarrollaban en el “Sur profundo”, encabezados por Vicente Guerrero y Pedro Ascencio.
Ya hemos hablado de “la magia” guerrera en la que se movía el líder popular Pedro Ascencio. “Situado en el fragoso país de Tlataya”, su condición imbatible le concedía en el imaginario colectivo ya una estatura de leyenda, y la mención de su simple nombre, hecha a grito firme en el combate, generaba entre las fuerzas enemigas un pánico parecido al que, años antes, embargaba a los militares realistas cuando “sus negros”, mulatos e indios se lanzaban al ataque con el grito de “¡Galeana!”, “¡Galeana!”, “¡Galeana”!
Mas, por las mismas razones, acabar con la vida de Pedro Ascencio y liquidar a sus tropas se convirtió en un objetivo central del entonces poder virreinal, cuyos jefes mayores, instalados cómodamente en la capital del país, esperaban día a día la siempre “inminente” noticia de la derrota “en toda la línea” del guerrillero-leyenda.
Pero no era lo mismo estar en el suelo parejo de la capital de la Nueva España, muy lejos de la contienda, que tener que enfrentarse día a día, sobre terreno escabroso y quebradizo, caluroso como en el Infierno, lluvioso a más no dar, con el temible guerrero. Un dato muy significativo de este nivel de contiendas se dio cuando a “los inteligentes” realistas se les ocurrió desplegar una estrategia distinta a la de la simple y llana confrontación de las armas. Y vale la pena relatar este especial episodio, pues da claves precisas en torno a la naturaleza popular y plenamente fincada en el medio del ya tan mencionado Ascencio.
En marzo de 1820, un contingente de alrededor de 700 hombres –sigo aquí el relato de Julio Zárate– “empezó a talar los campos de aquella comarca, cultivada por los soldados de Ascencio, quien había fomentado estos trabajos, procurando que fueran compatibles con el ejercicio de las armas”. “Inocente palomita”, habría dicho entonces algún insurgente, pues “las tropas de Ascencio cayeron una y otra vez sobre ellos matando algunos centenares de soldados”.
¡Increíble desproporción de inteligencias y de valores establecida entre un flanco y otro de los que entonces luchaban sobre el terreno! ¡Podemos imaginar el escenario! ¡Podemos imaginar lo que significaba para cualquier soldado realista que, de pronto, sin preverlo, surgidos de la tierra, los maizales o los riscos y montes, apareciera la furia guerrera de quien conoce cada área o cada uno de los rincones del espacio sureño!
Los realistas, entonces, pidieron refuerzos. Nada más fácil que superar numéricamente a los soldados de Ascencio –aunque nunca “salieran las cuentas”, pues ¿quién de los habitantes de aquellas tierras no era rebelde? Con seguridad, hasta los perros.
Volvieron entonces los soldados del régimen reforzados por tropas que llegaron de Toluca, Querétaro y Celaya. Pero los combatientes de Ascencio también sabían combatir a campo abierto, de tal suerte que derrotaron a su enemigo en la batalla de Cerromel, con tal “escarmiento que los realistas, durante algún tiempo, no se atrevieron a presentar batalla”.
Durante el mes de abril de 1820 los combates se extendieron a otras áreas, pero, bajo la comandancia de Pedro Ascencio, los insurgentes siempre tuvieron la ventaja.
Quedará en la memoria, para siempre, en este batallar de 1820, la que se dio en la Hacienda de Los Lubianos, ganada nuevamente a pulso por los rebeldes.