EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La 1ª Gran Transformación La consumación de la Independencia de México, hoy hace 200 años (1821-2021) (Sexta parte)

Julio Moguel

Marzo 31, 2021

I. Una reflexión-puente en el desarrollo de esta historia

En la última entrega, aparecida en este medio la semana pasada, habíamos tratado de mostrar cómo es que, con el caso ejemplar de la presencia y participación activa de Pedro Ascencio –bajo el mando de Guerrero– y de sus tropas, en 1818-1819 no todo estaba perdido para el proceso independentista, sino que adquiría dominantemente la forma de la guerra de guerrillas o de la guerra posicional o popular.
Lejos estaba ya la perspectiva planteada por Morelos de abrir líneas de confrontación en campo abierto, en planos llanos, o en cerco a ciudades atrincheradas que, como la de Valladolid, llevaron a una derrota del ejército insurgente que a, partir de diciembre de 1813, modificó todo el esquema sobre el que se venía dando el proceso de guerra.
No es ocioso mencionar aquí que José María Morelos llegó a creer que con la toma de Valladolid se colocaría en vísperas de una victoria global. Cuestión que, justificadamente o no, le hizo “descuidar” ––e incluso abandonar de alguna manera, después de su derrota en las Lomas de Santa María– el enorme territorio independiente que cubría aproximadamente desde Zacatula –actualmente ubicada en el municipio de La Unión del estado de Guerrero– hasta el estado de Oaxaca, en lo que fue la primera “entidad” convertida en gobierno regional con su capital en Tecpan.
Pero justo en lo que hemos querido insistir aquí es que, “en el repliegue” obligado después de la derrota en Valladolid, y más aún después del fusilamiento de Morelos, más que “muerta” o “agotada”, la insurgencia regresaba al punto del que quizás hubiera tenido que permanecer durante todavía un buen tiempo, antes de pasar a la guerra de movimientos con la pretensión de tomar la plaza de Valladolid. Es por ello que, en esta parte, hemos dado tanta importancia a la recomposición obligada de la “lógica” independentista de la guerra, poniendo como ejemplo –por ser poco conocida– la manera en que Pedro Ascencio se hizo cargo de –siempre desde el comando de Guerrero– mostrar de nuevo el músculo en el ámbito de la guerra de la pulga o de la guerra popular.

II. El ámbito global de la lucha de guerrillas o de la guerra popular en 1918

Volveremos lo más pronto posible a darle seguimiento al proceso de lucha que desde 1818 se convirtió en el campo más fértil y robusto de la guerra independentista, a saber, lo que puede denominarse como “la reconquista del Sur”. Pero antes de ello daremos un repaso a otros focos de rebeldía que, no por casualidad, también tomaron la forma de la guerra de guerrillas o de lo que hemos denominado genéricamente la guerra popular.
Todo el año de 1818 Giordano Guzmán encabezó un proceso de combates hilvanados que mantuvo a raya a los realistas en la Nueva Galicia. Dejando su vida en el camino en una batalla que se dio en el punto llamado Piedras de Lumbre. El coronel Santiago González hacía lo suyo en el oriente del mismo territorio, colocando fuertes muros de contención al avance militar de los realistas comandados por el sanguinario Hermenegildo Revuelta.
El historiador Julio Zárate ilustra con detalle lo que pasaba en Veracruz:
“En la provincia de Veracruz no bastaron a extinguir la revolución las feroces matanzas ordenadas por Hevía y otros puntos, ni la desaparición de don Guadalupe Victoria. Los indios de Coxquihui [Coyusquihui] seguían afrontando con suerte favorable a las secciones realistas encargadas de someterlos, y en el resto el territorio veracruzano varios guerrilleros de poco renombre combatían aisladamente, sin dejar por esto de mantener en alarma constante a las guarniciones realistas de las más importantes poblaciones. Jalapa, por su parte, era amagada con frecuencia por numerosas guerrillas que ahuyentaba con dificultad don Antonio López de Santa Anna”.
Otros núcleos guerrilleros hacían lo suyo en muy diversos puntos de la geografía de la Nueva España, en movimientos furtivos y de rápidas “entradas y salidas” que desconcertaban por lo general a los realistas, quienes, siempre dentro de los cánones sagrados de la “ciencia militar”, no alcanzaban a entender cómo y de dónde se nutría una rebeldía que parecía de pronto emerger desde la nada y sin aviso.
Pocos podían entender –como no alcanzó a entenderlo el mismísimo Iturbide– que se movían permanentemente en un campo minado “lleno de pueblo” en rebeldía. De hecho, y si se me permite la figura, no alcanzaban a entender que navegaban en las aguas aparentemente inofensivas de un volcán, que sólo esperaba nuevas y mejores condiciones para estallar con toda su bravura.
Esta historia del volcán eterno que con los años alguien bautizó como el México profundo es la clave para comprender en realidad las condiciones que llevaron a Iturbide a proclamar el Plan de Iguala en febrero de 1821.
Sin la reconstrucción de esta historia de la lucha o guerra popular muchos seguirán creyendo que el triunfador o el héroe del Ejército Trigarante se apellidaba Iturbide. Lo que representa un error de consecuencias, garrafal.

III. En la proliferación rizomática de la insurgencia era necesario generar una centralidad tan emblemática como real de la nueva fase de lucha posicional. ¿Quién más si no Vicente Guerrero?

Las tropas insurgentes que buscaban reagrupar lo más posible las fuerzas en algún o algunos centros estratégicos –como el Sur– pensaron que era indispensable tener a un nuevo jefe político que lograra ocupar de alguna forma el lugar que había dejado vacante José María Morelos y Pavón. Fue por ello que, en medio del fragor de la lucha, el 12 de marzo de 1818 Guerrero –¿quién más?– fue nombrado General en Jefe de las tropas del Sur.
Ello, por supuesto, no aseguraba que de manera automática o inmediata el conjunto de las fuerzas rebeldes que pululaban por metástasis en muy distintos y distantes lugares aceptaran tal reconocimiento. Fue en la lucha o en el afán de dicho reconocimiento que Guerrero se ocupó de “levantar nuevas fuerzas, organizar las ya existentes y a construir un fuerte en el cerro de Santiago, que en lo sucesivo se llamó de Barrabás.”
Con ello la insurgencia tendría un claro recomienzo, contando Guerrero, entre otros guerreros que hasta el momento habían sido imbatibles, con la presencia ya referida de un claro conocedor del arte de la guerra. Hablamos aquí, por supuesto, del quien había sido arriero en sus tiempos adolescentes, Pedro Ascencio Alquisiras.