EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

La 4T y las benditas redes sociales

Jorge Camacho Peñaloza

Julio 12, 2019

 

Todo cambia, nada permanece.
Heráclito.

La llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador ha tratado de ser interpretada de todas formas, por chairos y fifís, sin que hasta ahora haya quedado claro qué tipo de gobierno o ideología está rigiendo la vida del país, y al cumplirse un año de la decisión de más de 30 millones de mexicanos de votar por Andrés Manuel López Obrador, el 53 por ciento del padrón electoral, no sabemos qué quiere decir exactamente López Obrador cuando sostiene que su gobierno es la Cuarta Transformación.
La votación por López Obrador el primero de julio de 2018 fue histórica, al igual la visión que como candidato puso al centro de su discurso, la de iniciar la Cuarta Transfor-mación de la vida pública de México. Nunca en las contiendas electorales recientes del país se había hecho de nuestra historia un discurso de campaña electoral, y se vale. Lo que no, es engañar con la historia.
Fue sin duda una gran estrategia aventar la historia como eje central del discurso persuasivo electoral, pues ¿quién podría negar nuestra historia? Lo peligroso es que los más grandes dictadores que ha habido en el mundo han justificado precisamente con la narrativa facciosa de la historia de sus pueblos, su permanencia en el poder.
En el triunfo de López Obrador que cumplió un año el pasado primero de julio, no hay nada linealmente histórico, la gente no votó por la Cuarta Transformación de la República o por transformar por cuarta vez la República, es muy difícil que la mayoría de los mexicanos sepan de las etapas de la historia del país, la gente votó contra el PRI, la corrupción y punto.
Dicen que lo realmente subversivo no son las armas o los movimientos guerrilleros clandestinos, lo realmente subversivo son las ideas, y fue precisamente eso, una idea, lo que permitió a López Obrador subvertir el régimen priísta. En doce largos años, como ningún otro candidato, logró meter en la mente de los mexicanos una idea muy sencilla, fácil de digerir e imposible de estar en desacuerdo: la corrupción como la causa de todos nuestros males.
En el argot del marketing político se dice que la verdadera guerra en una contienda electoral no está en las plazas, las marchas de simpatizantes, en la propaganda o en los spots: está en la mente del ciudadano y en ese sentido López Obrador logró colocar en la mente de la mayoría de los mexicanos la idea de rechazar la corrupción y a sus creadores los priístas, y vaya que lo son. Una lógica contundente, impecable, ganadora… y gracias a las benditas redes sociales.
Los mexicanos, ahora con celular en mano y acceso a las benditas redes sociales, tenían muy claro que la clase gobernante a través de la corrupción, y riéndose, se hacía de los recursos públicos como si fueran suyos, y eso fue lo que convenció a los electores mexicanos y no iniciar la Cuarta Transformación de la República. Por cierto, seguramente la idea original de la Cuarta Transformación le corresponde a Porfirio Muñoz Ledo quien hace este planteamiento en sus libros La vía radical para transformar la República y La ruptura que viene, en los que propone refundar la República, la cuarta; de ahí que el diplomático mexicano sea visto hoy como el tótem ideólogo del movimiento obradorista.
El resultado del primero de julio no fue, como muchos izquierdosos de librito de editorial Progreso, incluido el flamante y jocoso director del Fondo de Cultura Económica, quieren ver: una revolución popular, el triunfo de la teoría revolucionaria; díganles que no estén soñando que el gobierno de López Obrador es una revolución con un rumbo indescarrilable hacia el socialismo o socialdemocracia, no, fue algo mucho más sencillo, fue el triunfo de una idea de marketing político colocada en la mente de los electores con la ayuda de las benditas redes sociales: todos contra la corrupción, y párele de contar.
El electorado no procesó para definir su voto qué transformación histórica debería continuar, cuál iba, cuáles eras las otras tres, no. Simplemente ya para 2018 los mexicanos estaban mayoritariamente convencidos de la idea que López Obrador les había metido en su mente: que se debía votar contra la corrupción, así de sencillo, claro y diáfano, y tenían claro que votar contra la corrupción era votar contra el PRI.
Electo como presidente, López Obrador escogió como imagen institucional –de marketing– de su gobierno las estelas de Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas, lo cual es una exageración, incluso vituperio, porque seguramente se ve a sí mismo como el quinto héroe en la serie. En los tiempos de esos héroes las estructuras de los pueblos se podían manipular desde el poder político, ahora ya no, el poder ya no tiene esa capacidad, ya no se puede desde el Estado crear una conciencia nacional, pretenderlo es totalitarismo.
A un año de su victoria vamos a desear que López Obrador gobierne bien, que genere bienestar para más mexicanos y que reduzca la corrupción como se ve que lo está haciendo. Eso no será la Cuarta Transformación ni se ganará un lugar entre Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas, simplemente habrá gobernado mejor y faltará mucho por hacer.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la chairiza que ya despierte, que se ponga en acción, que se bajen ya de la nube, que nomás traten de gobernar bien y no soñar con la Cuarta Transformación.