EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La bahía

Silvestre Pacheco León

Agosto 23, 2021

(Primera de cinco partes)

Zihuatanejo vanguardista

En octubre próximo se cumplirán 20 años del inicio de un amplio movimiento de la sociedad civil por la defensa y preservación de la bahía de Zihuatanejo, contaminada por los residuos sólidos provenientes de la ciudad que afectaron negativamente la calidad del agua en perjuicio del turismo que es la actividad económica principal del puerto.
La exigencia generalizada para tomar medidas contra esa situación perjudicial involucró prácticamente a todos los grupos organizados y a sectores representativos de la ciudad, dando paso a la movilización y al debate democrático sobre el origen y solución del problema frente al azoro del gobierno y la clase política aglutinada en los partidos.
En el proceso de defensa de ese recurso natural que tuvo como aliados a grupos nacionales e internacionales de ambientalistas se fue descubriendo que en el problema de contaminación estaba encubierto el proceso de privatización de la bahía bajo un proyecto que se conoció como Escalera Naútica, el mayor desarrollo náutico de América Latina, se diría después, involucrando a 22 localidades costeras a lo largo de 5 mil 700 kilómetros de litoral para beneficio de las empresas navieras de cruceros que dominan y contaminan los más bellos mares del mundo.
Para Zihuatanejo se contemplaba la construcción de una terminal de cruceros dentro de la pequeña bahía de 2.59 kilómetros cuadrados para recibir hasta tres de los también llamados hoteles flotantes de poco más de 300 metros de largo, proyecto al que se ajustó muy bien la empresa inmobiliaria Punta del Mar la cual bajo el método de ganarle terreno al mar se adueñó de una de las playas más populares de la ciudad como plataforma de lanzamiento para la construcción de una marina para 200 embarcaciones, pretendiendo disponer de casi la mitad del cuerpo de agua, para lo cual construyó un espigón de piedra como continuidad al cerro del Almacén con el propósito de restarle fuerza a las corrientes marinas y garantizar un mar calmo para su propósito.
Contra esos intereses defendidos a toda costa por las autoridades de los tres órdenes de gobierno se movilizó la población, unos a favor y otros en contra, hasta que el debate decantó a la mayoría de la población a favor de la bahía.
Como la memoria social es tan corta y los intereses muy grandes de quienes pretenden que la gente borre de su mente esas hazañas populares, vale el recordatorio contra el olvido y también el reconocimiento a quienes defendieron el recurso natural protestando en una marcha, repartiendo volantes, exhibiendo una manta, pintando un cartel, hablando en un mitin, escribiendo una consigna, haciendo una denuncia y defendiendo públicamente sus puntos de vista, manteniendo presente la importancia del poder popular que se manifestó en aquella experiencia, teniendo presente que la clave para vencer cualquier intento de privatización de los bienes públicos es mediante la movilización, pues lo que aprendimos todos es que los recursos de naturales son propiedad de las futuras generaciones que están de manera temporal bajo nuestro cuidado para dar cuenta de ellos.
El presente trabajo tiene el objetivo de conmemorar aquella gran experiencia que forma parte de los cambios generados en el seno del pueblo y que fue también el preámbulo de la transición democrática que vivimos en el orden federal y municipal.
A finales del siglo pasado la sociedad civil de Zihuatanejo era la vanguardia de los cambios sociales encabezando protestas y propuestas para el bienestar de sus habitantes.
Diez años antes el puerto vivió una época de bonanza que se reflejó en un incremento constante de visitantes extranjeros y junto con ello su población que creció de poco más de 6 mil habitantes en 1980 a 37 mil 328 en 1990 dilatando los límites de la ciudad con numerosas colonias irregulares, llamadas así por la ausencia de servicios, las cuales crecieron mediante invasiones a terrenos del Fideicomiso Bahía de Zihuatanejo, organismo de carácter estatal creado precisamente para atender la demanda de suelo urbano para vivienda con el propósito de alcanzar el crecimiento ordenado de la ciudad.
El proceso de educación política que vivió la sociedad comenzó como una crítica sistemática al gobierno municipal representado por el partido único que gobernó desde la fundación del municipio en 1953.
En esa época una de las organizaciones sociales más influyentes en el puerto desde el campo de la izquierda fue el Colectivo Costa Libre constituido en torno a la revista del mismo nombre en la que participaban ex militantes del PRD, maestros de la UAG, la CETEG, intelectuales, artistas y dirigentes gremiales, defensores de derechos humanos y partidarios del EZLN en 1994.
Cuando el flujo de turistas comenzó a decrecer a finales de los ochenta se fueron apareciendo los problemas acumulados de la ciudad. Pronto se hizo visible el arrastre de los residuos sólidos del anfiteatro por las avenidas pluviales en la turbidez del agua de la bahía.
Las organizaciones de pescadores y los vecinos junto con los prestadores de servicios turísticos señalaban el origen de la caída del flujo turístico a la baja calidad del agua.
En la ciudad se hablaba de que los males de la bahía provenían de la obsolescencia de las plantas de tratamiento rebasadas en su capacidad y carentes de mantenimiento, obligadas a liberar las aguas crudas del drenaje.
Había además, entre las quejas de los prestadores de servicios turísticos conocidos como lancheros, una reiterada denuncia contra la empresa inmobiliaria Punta del Mar a la que todos conocían como Puerto Mío, nombre de su principal hospedería en el cerro del Almacén, ocupando como de su exclusividad una playa muy popular entre la población local llamada precisamente el Almacén.
Los habitantes de la colonia La Noria en el poniente del puerto, así como los socios de las cooperativas de pesca Vicente Guerrero, la más antigua del puerto dedicada a la captura de pulpo, langosta, ostión y mejillón, y la de servicios turísticos náuticos “Altamar” manifestaban constantes quejas contra el representante de esa empresa conocido como Héctor Rebaque, un corredor de autos, déspota y de pocos amigos que tenía amenazados a los lugareños para que se mantuvieran alejados de sus instalaciones.