EL-SUR

Viernes 14 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

La cabeza de la FIL de Guadalajara

Adán Ramírez Serret

Diciembre 02, 2022

Hace ya algunos años que la industria del libro comenzó a despertar a las políticas de equidad de género. Editoriales, periódicos y organizadores de ferias del libro, comenzaron a incluir, poco a poco, a mujeres. Sin duda muchas personas vieron un ataque a la propia calidad literaria, ¿por qué se debe incluir a alguien solo por su género? A lo que se contestaba que esta política arbitraria respondía a una profunda desigualdad de oportunidades.
Los años han pasado, y sin que haya ni remotamente una igualdad de género, lo que sí hay es muchas, muchas más escritoras, periodistas y mujeres en las ferias del libro. La gigantesca y masiva Feria Internacional del Libro de Guadalajara no es la excepción.
Este año la feria se recupera después del Covid-19, que arrasó al mundo y que ahora vuelve a amenazar. Sin embargo, hasta ahora luego del 2020 que la FIL fue virtual y el 2022 que fue híbrida, todo vuelve a una masiva normalidad en este espacio en donde caben 10 canchas de futbol, plagado de libros y que espera recibir 800 mil personas.
El Premio FIL de Lenguas Romances fue otorgado este año al genial autor rumano Mircea Cartarescu, quien en el discurso de la entrega del premio defendió la poesía, a su manera, excéntrica, poética. Dijo: “La poesía es el gato muerto del mundo consumista, hedonista y mediático en el que vivimos. No se puede imaginar una presencia más ausente, una grandeza más humilde, un terror más dulce. Nadie parece ponerle precio y, sin embargo, no existe nada más valioso”.
El Premio Sor Juana 2022 fue para la original escritora mexicana Daniela Tarazona, quien sigue consolidando con el paso de los años una obra breve, pero definida.
Entre los nombres de las autoras asistentes a la FIL podemos pensar un rango tan amplio que va desde la autora argentina de culto, Ariana Harwitz, pasando por la brillante prosista, Laura Restrepo; la formal y activista Cristina Rivera Garza o la súper éxito de ventas, Irene Vallejo, divulgadora de la literatura clásica.
Y entre todas estas geniales autoras, me gustaría subrayar a Alma Delia Murillo, quien este año publicó La cabeza de mi padre. Novela brutal sobre la ausencia de su padre, quien ella pensó durante una buena parte de su vida que estaba muerto, y después descubrió más bien que había huido.
La novela arranca con la confesión de la narradora de un talento particular y esotérico: cuando sueña que alguien muere, sucede a los pocos días. Entonces, una noche sueña con la muerte de su padre a quien nunca conoció, y decide, así, de buenas a primeras, ir en búsqueda de ese padre que siempre ha sido un hueco en su vida y que nunca ha podido llenar.
La novela ha involucrado y tocado a miles de personas que han tenido un padre ausente. Murillo, desde luego, no olvida a Juan Rulfo y su Pedro Páramo y escribe en algún momento que este país no solamente esta lleno de Juanes Preciados, sino Juanas Preciadas y ella es una de ellas.
Por medio de la autoficción Murillo va reconstruyendo su vida, los pilares del vacío que la han definido, a la vez que descubre ya no solo en la vida, en la literatura y en la poesía a su madre y su abuela.
La cabeza de mi padre deja clara la ausencia de paternidad, y ahora, en este nuevo mundo, podemos ver que, a la cabeza de la literatura, están las mujeres: son el mapa que describe el presente.

Alma Delia Murillo, La cabeza de mi padre, Ciudad de México, Alfaguara, 2022. 216 páginas.