EL-SUR

Martes 28 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

La caída de Creel

Jorge Zepeda Patterson

Junio 19, 2005

A lo largo de los últimos meses Santiago Creel ha seguido la estrategia que tantos resultados le dio a Cantinflas: “Si no puedes convencerlos, confúndelos”. Salvo que Creel, a diferencia de Cantinflas, no hace reír a nadie, a excepción de sus rivales. Hace dos días Creel descubrió que no era foxista, luego de varios años de sostener lo contrario. El miércoles aseguró que si llega a la Presidencia no mantendrá las directrices que caracterizaron al gobierno de Fox y criticó la gestión de su ex jefe en materia de empleo y en temas relativos a la desigualdad. Esta declaración marca un                                     cambio drástico con respecto a su discurso anterior. Hasta ahora Creel se había presentado a sí mismo como el candidato de la continuidad, bajo el supuesto de que podría captar el voto de ese casi 70 por ciento de aprobación que ha mantenido Vicente Fox. El castigo que recibió el domingo pasado de parte de los panistas, en la primera votación interna para la elección de candidato presidencial, le ha mostrado que la gente no quiere más de lo mismo, aún cuando Vicente Fox no les parezca una mala persona.

Obviamente este giro es un ajuste de cálculo político, pero provocado también por el berrinche. La mayoría de los militantes panistas no se sienten plenamente identificados con el gobierno de Fox y lo están haciendo saber ahora que escogen candidato a la Presidencia. Por lo mismo, Creel se readapta de la misma manera en que lo haría cualquier otro político con sentido de oportunidad, y hace sin ningún empacho este giro de 180 grados. Pero también es una reacción iracunda a lo que considera un golpe bajo de parte de Fox. Como es sabido, el presidente recibió en audiencia privada a Felipe Calderón a mediados de semana a manera de reconciliación, y a la vez como una aceptación del triunfo del guanajuatense. Fox se ha dado cuenta de que su plan A (Creel) y su plan B (Cárdenas Jiménez) están en proceso de fracasar, y no le queda más remedio que aceptar al candidato de su partido. Aceptarlo, y recibirlo en audiencia, equivale a martillar los últimos clavos del ataúd en la candidatura de Creel. De allí la reacción furibunda de parte de éste.

Sin embargo, más allá de las razones coyunturales que llevan a Creel a deslindarse de Fox, hay otras explicaciones de fondo. A mi juicio el carácter de Creel exhibe fallas estructurales que ayudan a entender los motivos por los cuales su candidatura ha fracasado. Los que tuvimos oportunidad de conocer al Creel consejero del IFE, al ciudadano demócrata, relativamente progresista e intelectualmente sensible, honestamente preocupado por el país, podríamos sospechar que fue objeto de un secuestro alienígena. Trino diría que fue abducido; Denise Dresser cree que fue objeto de alguna lobotomía de la que no nos enteramos. Yo creo, simplemente, que el Creel de los años noventas y el Creel a partir del 2000 son dos personajes distintos, como fue distinto el Creel académico director de Derecho en el ITAM o el Creel abogado corporativo de despachos trasnacionales.

Creel se mimetiza de tal manera con los distintos roles que le toca desempeñar, que termina deslavado de su pasado. No me refiero al talento camaleónico que todo político lleva dentro. Madrazo es un político profesional capaz de declarar su amor a Elba Esther Gordillo una semana y despeñarla a un barranco en la siguiente semana; o hacer una declaración emotiva y vehemente en un sentido o justamente en el sentido opuesto, sin creer en ninguna de ellas. Pero en el fondo es congruente con su oportunismo y sus hábitos de sobrevivencia política. Es decir, en el fondo es un perfecto rufián, antes, durante y después.

Creel en cambio en cada nuevo ciclo pareciera dejar de ser lo que fue antes, para encarnar un nuevo rol. Todos los miembros del gabinete foxista mantuvieron su personalidad y su agenda, salvo Creel. Ya sea Castañeda, Derbez, Abascal o Usabiaga hicieron de su paso por el gabinete una continuación de sus anteriores trayectorias. Justamente ese fue el problema del gabinete, que no constituyó un equipo sino un aglomerado de individualidades. Pero el caso de Creel es distinto. Cuesta trabajo adivinar en ese secretario de Gobernación anodino y carente de ideas o iniciativas, al activista por la democracia que ayudó a cambiar a este país. Creel se incorporó al foxismo con el espíritu de optar por el “voto útil”, como la vía más rápida para sacar al PRI de Los Pinos y profundizar la democracia. Pero terminó confundiendo el fin con los medios. Resultó más foxista que el propio Fox. Se desprendió de convicciones, visión de largo plazo y densidad intelectual como si su cerebro hubiera vuelto a nacer, pero esta vez en Zamora o San Cristóbal, Guanajuato.

Como precandidato del blanquiazul ahora intenta convencer a los panistas que él es más panista que Felipe Calderón y ha terminado por subsumirse en ideales y doctrinas que no son las suyas. Las ha adoptado con tal fiereza que, una vez más, se ha perdido todo vestigio de Santiago Creel, si es que alguna vez hubo alguno.

El fracaso de la candidatura de Creel frente a Felipe reside en esta falla estructural. Ningún candidato gastó tal cantidad de dinero para decir nada. Todo su mensaje se redujo a vendernos la idea de que es una persona decente. El debate o sus anuncios no revelan algo más porque no hay algo más. Un actor haciendo aspavientos, gestos y frases hechas. Felipe puede gustar o no gustar, pero sigue siendo Felipe antes y durante la candidatura. Creel también, pero resulta imposible saber quien es.

 

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