Silvestre Pacheco León
Febrero 24, 2025
A un mes de iniciada la campaña nacional de afiliación del partido Movimiento de Regeneración Nacional, mejor conocido como Morena, su dirigencia encabezada por Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán, anunció haber alcanzado un millón de afiliados que representa ya el diez por ciento de la meta propuesta de 10 millones de ciudadanos en todo el país cuya cifra, de acuerdo con la estrategia del partido, pretende ser el voto duro que sea garante del triunfo en las elecciones venideras, con afiliados organizados en 70 mil comités seccionales, con un modelo, guardando las proporciones, similar al partido de masas que le permitió al PRI su permanencia en el poder por siete décadas.
Pero en las condiciones optimas para formalizar la adhesión de la mayoría de los 36 millones que respaldaron el triunfo de la presidenta Claudia Sheinbaum, los dirigentes de Morena perecen estar perdiendo la perspectiva para construir en México el partido de izquierda moderno, poderoso e influyente, necesario para acompañar y dirigir los cambios que supone la construcción del segundo piso de transformaciones, teniendo como filosofía lo que ha dado en llamarse la doctrina del Humanismo Mexicano, modelo que pone por delante primero la atención de los pobres, cuyo fundador y dirigente histórico ha sido Andrés Manuel López Obrador.
El principal indicio de esa pérdida de perspectiva de Morena ha sido el exceso de pragmatismo en que ha caído, afiliando a un numeroso grupo de priístas con un negro y sucio pasado repudiados dentro y fuera del partido, con un desprestigio que ahora será Morena quien lo asuma, sin dejar clara la ventaja en términos políticos que eso tiene, pero creando bastante suspicacia en sus bases por la experiencia que esos afiliados tienen en corromper y traficar con influencias para saquear la riqueza de la nación y desviar los recursos destinados a combatir la pobreza y la desigualdad.
La falta de iniciativas para que la militancia no se relaje y continúe siendo útil al proceso de transformación corre el riesgo de que se convierta en una masa informe y obediente solo para tareas electorales como antes se usó a la base priísta, cuando más falta hace que se movilice y se haga notar para enfrentar las acometidas del presidente Donald Trump y para acompañar las acciones y decisiones de la presidenta cuando necesite el amplio respaldo popular.
Si bien se entendió y fue justificada la negociación con la veracruzana y panista familia Yunes para obtener el voto requerido para hacer mayoría calificada en el Senado, a cambio de darles protección contra las acusaciones que pesan en su contra por nepotismo y corrupción, logrado el propósito, la afiliación a Morena del senador Miguel Ángel Yunes se ha visto como un exceso porque con ello se busca cubrirle las espaldas aunque eso implique olvidar los ataques y agresiones que sufrieron tanto el propio López Obrador como la actual gobernadora Rocío Nahle. Y todavía más porque Miguel Ángel Yunes Márquez el titular de la senaduría veracruzana ahora ha recibido el premio de presidente de la Comisión de Hacienda.
Ese es el pragmatismo al que se debe poner un límite y no mencionar que ya el ex presidente López Obrador lo inauguró con su amplia estrategia de alianzas electorales en 2018 ampliamente criticada pero justificada porque en esa elección se trataba de ganar con una diferencia tal de votos que impidiera cualquier intento de nuevo fraude.
Sin embargo, después de afianzado en el poder, con una oposición política reducida a su mínima expresión, la situación para el partido de Morena es desahogada y bien pudo establecer desde el principio un filtro tal para prevenir las viejas y malas prácticas de personajes de la oposición que infiltrados en las filas de Morena puedan actuar como “quinta columna” cuando teniendo ya el carnet de Morena puedan crear grupos afines a la oposición y contrarios a la propia política de transformaciones a favor de la justicia y la igualdad. No olvidemos las consecuencias que ha tenido el error de invitaciones como la que en su momento aprovechó la desquiciante senadora Lilly Téllez.
Por eso antes de extenderles su credencial de afiliados y recibirlos con apapachos, convendría que se les cuestionara públicamente sobre su pasado para que en esa medida se les calificara si verdaderamente han mudado de parecer y de práctica como para sumarse a este proyecto político que tiene el serio compromiso de transformar la realidad de desigualdad que oprime a la mayoría de los mexicanos por culpa de los partidos tradicionales.
Estas coyunturas que estamos viviendo deberían ser aprovechadas para avanzar en la educación política y prevenir a los mexicanos de vanguardia contra los ataques ahora sofisticados del imperialismo encabezado por Trump quien embelesó a su pueblo igual como lo hizo Javier Milei con los argentinos, ambos creídos que nos engañan a todos con su idea fascista de que los ricos, supermillonarios lo son por inteligentes y que tienen la bondad de interesarse en un futuro para la humanidad, cuando han dado muestras bastantes de su formación clasista y su ignorancia que los lleva a oponerse y a negar la grave situación y riesgo que hoy padece el mundo como consecuencia de la falta de conciencia ambiental de parte de los dueños de las grandes empresas e industrias que han contaminado al planeta.
Ese es el debate principal en que deberían estar ocupados los mexicanos que son vanguardia en los cambios que se están realizando en nuestro país para convertirnos en una potencia mundial que enseñe y construya el camino por donde transiten los pueblos de ciudadanos que piensan que otro mundo es posible.
Recordemos que el sentido de estar organizados en un partido no solo se limita a votar y participar en las campañas para que ganen sus candidatos, sino a una serie de acciones para debatir y actuar modificando el entorno adverso que afecta a la mayoría.
Si en el estado de Guerrero se cuenta con una militancia abnegada no se ve la razón de que se tenga una dirigencia ocupada en promover su obediencia y poniendo límites a quienes lanzan iniciativas.
Sería una pena que el enorme esfuerzo de tantos mexicanos empeñados en construir un futuro de justicia e igualdad se vea traicionado por dirigentes que carecen de una visión amplia y no entienden que el partido es un órgano que pertenece a los afiliados, y que organiza, educa y dirige la energía para el cambio.