EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

La colección 21 Para el 21

Humberto Musacchio

Septiembre 06, 2021

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

Suele decirse que los libros regalados no se aprecian, que quienes los reciben no los leen y que lo mejor es que los compren. Contra esa idea está la riquísima experiencia de la Brigada para Leer en Libertad, la que dirige Paloma Saiz, a quien acompañó en su creación Paco Ignacio Taibo II, ahora director del Fondo de Cultura Económica, que acaba de lanzar la colección 21 Para el 21, en tirajes de cien mil ejemplares que se distribuirán gratuitamente a miembros de las fuerzas armadas, clubes de lectura, a las agrupaciones interesadas, a becarios de Conacyt y a estudiantes normalistas, de escuelas técnicas y otros centros de estudio. Para que se tenga idea de lo que representa el inmenso tiraje, digamos que una edición normal es de unos dos mil ejemplares. Por eso, es justo decir que se trata de la más importante campaña por la lectura que se haya realizado en México en toda su historia. De ese tamaño es el proyecto e igualmente importantes, trascendentes, serán sus resultados, porque, en su mayoría, aquellos que reciban libros de esta colección acabarán por leerlos.

Títulos y autores importantes

En la colección 21 Para el 21 están incluidos títulos indispensables para un buen lector, como El laberinto de la soledad, de Octavio Paz; Los de abajo, de Mariano Azuela; La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán; Canek, del inolvidable Ermilo Abreu Gómez, y Tiempo de ladrones, obra de teatro de Emilio Carballido. Todo un acierto es que se hayan incluido, muy merecidamente, libros de siete escritoras: Y Matarazo no llamó…, de Elena Garro; Balún Canán, de Rosario Castellanos; El libro vacío, de Josefina Vicens; Río subterráneo, de Inés Arredondo; Paseo de la Reforma, de Elena Poniatowska; Tiene la noche un árbol, de Guadalupe Dueñas y Muerte en el bosque, de Amparo Dávila. No menos importante es la Antología de poesía mexicana del siglo XIX, preparada por Ezra Alcázar y prologada por Edith Negrín, cuyos créditos merecían aparecer en portada.

Clásicos de las ciencias sociales

En este apartado destacan obras como Tomóchic, mezcla feliz de historia y bellas letras de Heriberto Frías; Pueblo en vilo, de Luis González y González; La revolución de Independencia, de Luis Villoro; Crónicas de amor, de historia y de guerra, colección de textos del indispensable Guillermo Prieto y la Breve historia de la guerra con los Estados Unidos, obra aparecida originalmente en 1947, de José C. Valadés; El libro rojo de la Independencia, trabajo escrito al alimón por dos enormes figuras de nuestras letras decimonónicas: Vicente Riva Palacio y Manuel Payno, de quienes aparecen siete textos sobre los próceres del periodo indicado. A esta lista se agrega Noticias biográficas de insurgentes apodados, de Elías Amador, obra y autor que el firmante de esta República confiesa no conocer. Mención aparte merece Apocalipstick, de Carlos Monsiváis, uno de los últimos libros (o tal vez el último) que publicó en vida nuestro peculiar cronista. Por último, hay que felicitar a Laura Esponda, quien diseñó espléndidamente, a sólo dos tintas, las 21 portadas de la colección.

En México no hay provincias

Las “provincias”, en plural, no las tenemos en México. En cambio, subsiste el uso del término “provincia” para referirnos a todo lo que no es la capital de la República. El Diccionario del español de México da como primera acepción de provincia “conjunto del territorio de un país, exceptuando su capital”, definición que no comparte el mamotreto de la Real Academia porque le importa un comino el uso que damos los mexicanos a ciertas palabras. El lexicón de doña María Moliner, más sensible a las diferencias geográfico-lingüísticas, ofrece como definición de provincia “el resto de las ciudades de un país en contraposición a la capital”, aunque en realidad el término abarca no sólo ciudades, sino también pueblos, rancherías y hasta bosques, ríos, lagos y desiertos.

Exposición sobre el México Textil

Se abrió en el Museo de Cultura Popular la tercera exposición México Textil, que ofrece valiosos ejemplos de lo que produce el centro del país en la especialidad. En el acto de inauguración, Walther Boelsterly, director de la institución, en presencia de Marina Núñez Bespalova, subsecretaria federal de Cultura, destacó “la importancia que tiene la biodiversidad, no sólo en términos prácticos de los productos y la materia prima, sino también como fuente inspiracional en que se fundamenta la representación iconográfica de muchas obras” y señaló que exposiciones de este carácter son “una ventana a la conservación del patrimonio cultural y natural”, en tanto que Vanessa Bohórquez, secretaria de Cultura de la Ciudad de México, destacó la importancia de “reconocer y proteger el trabajo de los artesanos textiles del país”.

Sobre el patrimonio cultural

Sexenios van y vienen y el saqueo del Archivo General de la Nación continúa. Marcos Palafox, director de Asuntos Jurídicos, informó que se ha creado la Subdirección para Protección y restitución del Patrimonio Documental y prometió que se actuará para recuperar lo perdido (al menos lo que aparezca, suponemos). ¿Y para evitar nuevos robos?