EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La Constitución de Querétaro, 1916-1917, hoy hace 104 años

Julio Moguel

Noviembre 26, 2020

I. Múgica ubica cuál es el fondo del debate y muestra en una primera intervención su liderazgo

Habíamos visto, el día de ayer, cómo el 25 de noviembre se había iniciado “la guerra” entre “los radicales” y los carrancistas en el debate legislativo, con un encendido discurso del diputado Cravioto contra aquellos que querían anular las credenciales de un núcleo de presuntos diputados –carrancistas de pura cepa– que habían sido diputados en el Congreso que votó a favor de la renuncia de Francisco I. Madero a la Presidencia.
Los dados habían sido cargados a favor de tales presuntos diputados por una carta que Carranza envió para ser leída en el Congreso de Querétaro, en la que “explicaba” las razones por las cuáles, siendo fieles a su causa, las credenciales de dichos representantes parlamentarios no debían ser anuladas.
La balanza parecía inclinarse en ese lance a favor del núcleo carrancista, pero “los radicales” decidieron contraatacar. Rafael Martínez Escobar inició la maniobra del contrataque, pero luego siguió Francisco J. Múgica, quien hasta ese momento había optado por tener, en las sesiones, una presencia de bajo perfil:

“Con respecto a los diputados renovadores, creo que en esta Asamblea no se ha llegado a concretar el punto del verdadero ataque, pues no hay verdadero espíritu de oposición para todos y cada uno de sus miembros; los actos de esos diputados renovadores, no obstante que son los mismos que permanecieron en la Cámara después del momento en que el señor Madero fue apresado por el Ejército, se les tiene en distinta estimación. [Los ataques, en lo fundamental] van dirigidos [en realidad a] dos personas: a Palavicini y a Macías.
“Hay en todos los diputados del Congreso Constituyente [un] movimiento de repulsión ¿Por qué? Porque se han examinado los antecedentes políticos de Macías y Palavicini y han dicho muchos de ellos, allá en la intimidad: ¿Cómo vamos a considerar que fuera a obrar de buena fe una persona que ha servido a la dictadura de Díaz? ¿Cómo vamos a pensar que obre de buena fe el que urdió una calumnia y una acusación en contra del señor Madero? ¿Cómo vamos a creer a aquel que ha tenido algunas flaquezas en momentos de prueba, como el señor Palavicini? Yo no quiero hacer ningún cargo de esta naturaleza. Los menciono porque ése es el criterio que prevalece en la mayoría de esta Asamblea; porque esos hechos se [dirigen contra] dos personalidades de los diputados al Congreso maderista y que se llamó bloque renovador […]”
Esta línea de intervención de Múgica trazaba el sentido profundo del combate parlamentario que estaba a punto de iniciarse. En la lógica de su discurso, el problema de fondo no era si los cuatro ex renovadores cuestionados habían votado a favor o en contra de la aceptación de la renuncia de Madero y Pino Suárez, sino que sus jefes políticos, Palavicini y Macías, habían servido en diferentes momentos y niveles a la dictadura de Porfirio Díaz y habían actuado en contra de Madero.

II. Múgica remata su intervención atacando al presunto diputado Cravioto

Las palabras de Múgica cayeron como un balde de agua helada sobre el bloque de los carrancistas. El desnudamiento era extremo, prácticamente una provocación, sobre todo porque ya era del conocimiento público que Palavicini y Macías eran las cabezas del grupo redactor de la iniciativa de reformas constitucionales que el 1º de diciembre –ya en puertas– presentaría a la Asamblea el Varón de Cuatro Ciénegas.
Múgica no quiso abandonar la tribuna sin hacer una crítica expresa a la historia que había contado Cravioto:

“Me proponía sólo hablar para calificar credenciales; pero hay argumentos de Cravioto con los cuales no estoy de acuerdo, y quiero atacar […]. Cravioto dice que el error más grande [cometido por] los renovadores fue haber aceptado la renuncia de Madero, y explica que un miembro de la familia del presidente, diputado del bloque maderista, le suplicó a nombre de la familia votasen la renuncia del apóstol para liberarlo así del patíbulo. El argumento ya se ha repetido muchas veces, y cuantas veces lo he examinado he visto que es sólo un argumento de corazón, de sentimiento, [pero] la política no es atributo de la sensiblería […].
“El grupo legalista tenía el deber de no aceptar la renuncia de Madero, y no la aceptó. Los diputados legalistas fueron consecuentes con sus principios; ellos dijeron que se trataba de salvar la ley y no a los hombres; ¡hicieron muy bien! Por eso todos los revolucionarios nos inclinamos respetuosos ante un Luis Manuel Rojas e hicimos lo mismo cuando vimos allá en el Norte a un Francisco Escudero. Dice Cravioto que salvado el hombre había esperanzas de la restauración. ¡Eso es mentira! No había esperanzas de restauración. Los renovadores hicieron muy mal en pensar que iban a salvar a un hombre que trataban de libertar, porque Madero en la proscripción, mendigando el apoyo exterior para restaurarse, hubiera sido un ludibrio, hubiera sido un guiñapo. No es, pues, señores, de considerarse ese argumento […]”.

III. Con el silencio, Palavicini marca su raya y define “su jerarquía”

Un murmullo general envolvió la sala de sesiones cuando Múgica bajó del podio para dirigirse a su curul. Pero los carrancistas sabían que no era el momento crucial de la batalla.
Los “amigos de Carranza” tenían aún muchísimo parque que quemar, y no lo iban a hacer en infiernillos, mucho menos si, como sabían, por los acuerdos generales previamente establecidos no perderían el punto de ser aceptados finalmente como diputados “a ley” por el Congreso.
Por ello Palavicini, no sin cierto dejo de arrogancia, hizo uso de la tribuna sólo unos segundos para decir que esperaba “tranquilo todos los cargos que con justicia [pudieran] hacerse a los diputados renovadores que figuran en el dictamen, para contestarlos si es necesario. En tal virtud, suplico al presidente se sirva preguntar a la Asamblea si está suficientemente discutido el punto.”