EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La Constitución de Querétaro 1916-1917; hoy hace 104 años

Julio Moguel

Enero 15, 2021

 

(Vigésima segunda parte)

I. El diputado Heriberto Jara
reabre la ofensiva municipalista

La respuesta del diputado Heriberto Jara a la deshilachada intervención del presidente de la 2ª Comisión de Constitución fue inmediata, y se desplegó sin titubeo alguno ni con medias tintas:
“He escuchado las razones que ha expuesto el señor Machorro y Narváez y que según él fueron las que dominaron a la mayoría de la Comisión para dictaminar en el sentido que lo hizo, respecto a la base 2ª de la fracción VI del artículo 73. No sé por qué va a haber incompatibilidad entre los poderes federales y el Municipio: si esto tuviéramos en cuenta, entonces admitiríamos que no es posible la existencia del pacto federal en la República. Si fuésemos a admitir que los poderes federales se lesionan por alguna disposición municipal, entonces admitiríamos también que las disposiciones municipales no pueden existir en donde residen los poderes de un Estado, porque existe la misma relación. Los poderes municipales, en relación con los poderes del Estado, están en igual proporción que los poderes municipales en relación con los federales de la ciudad de México. No hay por qué temer que exista un conflicto”.
Y continuó Jara sin perder el aliento:
“El deseo de centralizar ha hecho que la ciudad de México vaya perdiendo poco a poco su autonomía como Municipio Libre. Si la ciudad de México tiene su Municipio o su Ayuntamiento que fija sus destinos y al frente una persona o personas honradas que lo administren, indudablemente que no se distraerán los fondos, indudablemente que se destinarán al objeto al que deben destinarse, y se encontrará perfectamente la ciudad, porque tiene muchísimos recursos de qué disponer para lograr su mejoramiento, no de relumbrón, sino efectivo, no como se ha hecho, asfaltando las calles céntricas de la ciudad y dejando abandonado lo demás, porque esto es bochornoso”.
Frente a esa sólida argumentación, el diputado Félix Palavicini, jefe de los “liberales carrancistas”, entendió que le tocaba realizar una “sólida y docta contraargumentación”, a sabiendas de que, justo en este tema, los vientos soplarían a su favor.

II. La contraofensiva de los “liberales carrancistas” en la voz de Palavicini frente al voto particular de Heriberto Jara

Ya habíamos señalado que el problema sobre la temática municipal desde lo que definía la propuesta del artículo 73 se convirtió, en aquella memorable Sesión Ordinaria del Congreso de Querétaro del 14 de enero de 1917, en un eje de definición en el que no había pocos puntos de coincidencia entre una parte de los “radicales” o “liberales obregonistas” y la mayoría –si no es que todos– de los “liberales clásicos o carrancistas”.
Los denominados “independientes” –recordemos la “aritmética” del diputado Rojas en torno a este grupo “intermedio” entre los dos polos clave de la ecuación–, o una buena parte de ellos, no estaban muy seguros en cuanto al planteamiento de Jara sobre si ese “extremo” federalismo tendría que aplicarse al caso específico del Distrito Federal. Después de todo, parecía prevalecer la idea de que México requería de un “Ejecutivo fuerte”, sin contrapesos tales como aquellos poderes que, como los prevalecientes en la capital desde mucho tiempo atrás –incluso desde antes de la Conquista, cuando la ciudad era la Gran Tenochtitlán– casi siempre se habían manifestado como una fuerza capaz de imponer en cualquier momento su simple y santa voluntad.
Por tal razón ahora, en el desquite, los “liberales carrancistas” pensaron que el estoque decisivo tendría que venir de su jefe mayor en el Congreso.
Bajo esa tesitura, ni tardo ni perezoso, el diputado Palavicini hizo uso de la tribuna para exponer, en su típico estilo aristocrático, que la ciudad de México era una especie de gran parásito que vivía de los recursos de la federación, razón que la hacía incompetente para formar parte a piel del “pacto democrático federal”:
“La ciudad libre desde el punto de vista municipal, en su origen histórico, es la ciudad que tiene todos los recursos para subsistir, que vive de sí misma. Cuando el diputado Jara quiere que los munícipes de la ciudad de México, en un cónclave especial, en un congreso propio, dispongan de todas las obras materiales, de todas las obras públicas, tengan libertad para contratar y resolver todos los asuntos cuantiosos de la ciudad de México, se imaginan que es propio de la ciudad de México lo que se va a invertir. Pues no, señores diputados, lo que ha invertido toda la vida la ciudad de México ha sido los fondos de la Federación”.
No faltaron a Palavicini otras razones para aducir que, en definitiva, los habitantes de la ciudad de México tenían que entrar en el mencionado régimen de excepcionalidad que se le había prescrito a los Territorios. Con un ejemplo “supremo” que le ayudó a redondear su discurso:
“Ya se sabe que en la ciudad de Washington los habitantes no tienen voto y no deben tenerlo, porque, en realidad, no pueden administrar una ciudad que está pagada por la Federación. El gobierno de Washington está integrado por una comisión designada por el Ejecutivo y propuesta al Congreso de la Unión de modo que el Gobierno de aquella ciudad priva a los habitantes de votar para munícipes”.
Las palabras de Machorro y Narváez y del diputado Palavicini podían haber sido resumidas en ese momento en una sola y única frase convertida en consigna: “Todo el poder al Ejecutivo; todo el poder a Don Venustiano Carranza”.
Las intervenciones del presidente de la 2ª Comisión de Constitución y de Palavicini no podían librarse de una respuesta seria y precisa por quienes vieron en ellas no pocos puntos frágiles y confusos. La referida respuesta estuvo a cargo del joven diputado Rafael Martínez de Escobar, a quien ya hemos conocido en esta serie por su gran facilidad de palabra y por su propia y muy peculiar manera de razonar. Sobre tal participación hablaremos en la próxima entrega.