EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La Constitución de Querétaro, 1916-1917; hoy, hace 104 años

Julio Moguel

Diciembre 02, 2020

I. El debate en torno al diputado Ezquerro: guerra contra la Convención

27 de noviembre de 1916. En la sesión de ese día, en la 4ª Junta Preparatoria realizada en el Teatro Iturbide –las reuniones anteriores se habían llevado a cabo en la Academia de Bellas Artes–, vuelven a enconarse los ánimos en el límite de las voces concurrentes cuando se retoma el tema de la validación de la credencial del diputado Ezquerro, de quien la Comisión encargada del dictamen había presentado a la Asamblea, en una segunda calificación, una tajante negativa a aceptar que el mencionado presunto diputado pudiera ser diputado legítimo del Congreso.
La razón principal aducida por la Comisión –ya habíamos registrado el hecho– era que “Carlos Ezquerro [había] sido empleado público en la administración del Gobierno de la Convención [de Aguascalientes], y que el artículo 4º de la Ley Electoral, emitida por Carranza para “tener derecho a formar parte del Constituyente”, decía con todas sus letras que no podrían formar parte de la tan honorable Asamblea aquellos que hubiera servido al gobierno de Huerta o quienes hubieran formado parte de la mencionada Convención.
El diputado José María Rodríguez quiso poner los puntos sobre las íes:

“[…] ¿Cómo quiere el señor Ezquerro que la Comisión vaya a dictaminar para que este Congreso […] lo acepte como diputado, cuando ha sido […] empleado público del Gobierno de Eulalio Gutiérrez, y el artículo 4º terminantemente dice que no pueden ser diputados los ciudadanos que hayan sido empleaos públicos de una facción enemiga del Gobierno constitucionalista? […]; él ha sido el primero en confesar que ha […] cometido un error político […]; si el señor Ezquerro no hubiera sido director del Timbre en tiempos de la Convención no habría tenido ninguna dificultad […]”

La defensa del propio Ezquerro sobre la validación de su credencial no se hizo esperar. En su turno señaló sin bajar la guardia y sin respiro:

“Todos mis amigos saben que fui de los contados renovadores que, cuando el cuartelazo, el 29 del mismo mes, salí para Nueva York para dirigirme al lado del señor Carranza y ponerme a sus órdenes […] Sí, señores […]: serví vente días al llamado Gobierno de Eulalio Gutiérrez; [porque] un hombre no falta a su honor cuando va por un camino que cree es el verdadero y que, cuando a su tiempo sabe que no es el verdadero, vuelve sobre sus pasos, y ya he dicho, señores, que el mismo Primer Jefe ha seguido honrándome con su confianza […]”

El debate se alargó en dimes y diretes en torno a un tema que, pudo suponerse, no era de particular importancia para “los radicales”, pues sabían que Ezquerro no era pieza mayor o de peligro en el tablero.
El resultado de la votación en torno al tema mostró que ese sería finalmente el espíritu de la contienda, pues 117 de los 156 diputados presentes concedieron su voto a favor de que Ezquerro formara parte del Congreso.

II. Luis Manuel Rojas: presidente del Constituyente. Pieza de un juego fino de ajedrez

30 de noviembre de 2016. Ese día, en la 10ª Junta Preparatoria, quedó prácticamente establecida la legalidad de la mayoría de las credenciales de quienes conformarían el cuerpo del órgano constituyente. El tiempo impediría que el Congreso, en su función de Colegio Electoral culminara su tarea –se daría los próximos días para hacerlo–, sobre todo porque urgía pasar al punto clave de nombrar la Mesa Directiva de la magna asamblea.
De tal forma que, ya en la sesión vespertina, se llevó a cabo el escrutinio para el mencionado nombramiento, quedando Luis Manuel Rojas para presidente, con 86 sufragios a su favor frente a Manuel Aguirre Berlanga que contabilizó 68. Lejos quedaron en la elección Cándido Aguilar, con 4 boletas a su favor, y Heriberto Jara con sólo dos.
Tal relación de votos reflejaba el acuerdo “de las partes” de dejar a la cabeza a un personaje sin mácula política, inclinado hacia el bloque carrancista pero que no carecía de perfil y personalidad propios para hacer un buen papel en el juego político que venía.
Establecido este esquema táctico de unidad se pasó de inmediato a “la protesta” relacionada, en la que Rojas hizo la protesta para:

“[…] cumplir leal y patrióticamente el cargo de diputado al Congreso Constituyente, que el pueblo me ha conferido, cuidando en todo por el restablecimiento del orden constitucional de la nación, de acuerdo con el Plan de Guadalupe del 26 de marzo de 1913 y sus adiciones expedidas en la heroica Veracruz el 12 de diciembre de 1914, reformadas el día 14 de septiembre del corriente año”.

III. En la apertura del Congreso “las blancas” las lleva el carrancista Cravioto; “las negras el “radical” Múgica

El primero en hablar en esa sesión del 30 de noviembre, justo después de que Rojas tomara el mando del Congreso, fue el diputado Cravioto, en el entendido de que en ese juego de ajedrez los carrancistas llevaban las blancas:

“Señores diputados: […] desde este momento inolvidable tenemos una inmensa responsabilidad ante la historia, porque de aquí saldrá la nueva Constitución que regirá los destinos del pueblo mexicano. Os conjuro, pues, a que olvidemos nuestros resentimientos personales y dejemos a un lado todas nuestras bajas pasiones y, levantando el espíritu hasta la excelsitud de la patria, fija la mente tan sólo en los grandes ideales, en perfecta solidaridad y en completa unión, trabajemos solamente por la mayor solidez de nuestras instituciones políticas, por la mayor grandeza de la patria, por la gloria de la revolución […]”

Pero no podía dejar de seguir a continuación la voz del más eminente personaje de “los duros”, quienes tenían que responder el Peón 4 Rey planteado por Cravioto. ¿Y quién si no Múgica para responder la jugada?:

“Ciudadanos diputados: ¡Delenda est Cartago! Estas palabras resonaron allá en la ciudad eterna, en la capital del mundo antiguo, durante toda la época en que un gran hombre enérgico, el soberbio Catón, alentó para luchar por su patria […] Que no entre en vosotros el desaliento, que no decaiga en vosotros la soberbia energía del revolucionario, porque vosotros sois la representación genuina de toda esa gleba que ha muerto combatiendo por la patria y toda esa pléyade de hombres que se agitan del Bravo al Suchiate en pos del grandioso ideal que persigue la revolución constitucionalista […]”

Detrás de toda esa retórica se escondían los cuchillos, se guardaban las armas. Era necesario levantar un vuelo unitario, y en ello se encontraba la clave de cualquier posibilidad. En ello se escondía la condición absoluta del mencionado “pacto unitario”.