EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

HABLEMOS DE LIBROS

La Constitución de Querétaro, 1916-1917; hoy hace 104 años

Julio Moguel

Noviembre 25, 2020

I. Apertura de la guerra por la validación de las credenciales
en el Constituyente

La 2ª Junta Preparatoria del Congreso Constituyente de Querétaro se llevó a cabo el 25 de noviembre de 1916 –hoy, hace 104 años–, en el Salón de Actos de la Academia de Bellas Artes, con asistencia de 147 presuntos diputados.
Fue justo en dicha sesión en la que se inició la guerra que abrió un núcleo no orgánicamente articulado de “radicales” contra las fuerzas carrancistas que tenían, en uno de sus ramales, personalidades que habían sido diputados en el Congreso en el que se avaló el golpe de Huerta contra el presidente Madero, y, en otro, liderazgos como el de Félix Fulgencio Palavicini –el más preclaro y directo brazo político del Varón de Cuatro Ciénegas en el Congreso Constituyente– o el de Alfonso Cravioto, entre otros.
Ciertamente, sabemos que había un pacto de unidad para que el Congreso diera los frutos maduros del poderoso árbol legislativo que había sido sembrado. Pero a todo mundo le quedaba claro que, dentro de ciertos márgenes, habría confrontaciones políticas e ideológicas en todos los campos y en todas las modalidades posibles, en primerísimo lugar en tres terrenos que definirían la “correlación de fuerzas” a conquistar en el Congreso, a saber, a). La validación de las credenciales de los presuntos diputados, b). El nombramiento de la Presidencia del Congreso, y c). El nombramiento de la Comisión de Reformas a la Constitución, encargada de revisar, redactar y proponer al pleno las propuestas específicas, artículo por artículo, de la reforma constitucional.
La discusión dirigida a establecer la legalidad de las credenciales de los presuntos diputados no tuvo entonces un carácter meramente administrativo. Constituido en su primera etapa como Colegio Electoral, el Congreso entró de lleno a revisar cada uno de los procesos electorales distritales. Obviamente, se abría el curso a las peticiones o exigencias de anular la validez de algunas credenciales, cuestionadas por hechos que hubieran sido “irregulares” y fraudulentos en los procesos de elección, pero el fondo del debate se centró desde el primer momento en lo que marcaba el artículo 4º de la Ley Electoral expedida por el presidente Carranza para la elección de los representantes al Constituyente: el rechazo a la validez de la calificación para pertenecer a esa magna asamblea a cualquiera que hubiera servido al gobierno de la Convención de Aguascalientes o al gobierno de Huerta.

II. El carrancismo defiende a muerte su presencia dominante en el Congreso

Ese 25 de noviembre el debate fuerte empezó con la discusión del caso del presunto diputado sinaloense Carlos M. Ezquerro, “por haber servido al régimen de la Convención”. Pero la línea de debate rápidamente se desplazó al ataque contra “los liberales carrancistas” Guillermo Ordorica, Crisóforo Rivera Cabrera, Alfonso Cravioto y Antonio Ancona Albertos, legisladores del Congreso Federal en el momento en que Huerta se había hecho del poder por vía de las armas, acusados en este caso de haber dado su voto a favor de la aceptación de la renuncia del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez cuando éstos ya habían sido hechos prisioneros.
El planteamiento, irrebatible, hubiera sido fatal para los acusados si el Primer Jefe, Carranza, no hubiera entrado de manera inmediata en el terreno de juego, con el envío de un telegrama leído en el pleno de la Asamblea por su destinatario, Manuel Aguirre Berlanga:

Tengo conocimiento de que hay el propósito de desechar las credenciales de unos diputados al Congreso, acusándolos de haber [sido] diputados de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión, después de los sucesos de febrero de 1913; pero sobre este hecho puede usted hacer, en el momento oportuno, la declaración de que yo di instrucciones al licenciado Eliseo Arredondo, para que las transmitiera a los partidarios de la revolución dentro de la Cámara, en el sentido de que, como sus servicios me serían menos útiles en las operaciones militares, continuaran en sus puestos, organizaran la oposición contra Huerta, procurasen que no se aprobase el empréstito que trataba de conseguir y le estorbaran en cuanto fuera posible, hasta conseguir la disolución del Congreso. A esto se debió que permanecieran en México y por eso he seguido utilizando sus servicios […]
Para los carrancistas agrupados en el Congreso quedaba claro, a partir de esta misiva del Primer Jefe, que los diputados imputados no podrían ser descalificados para ocupar legalmente sus respectivas curules. Pero no sobraban en su opinión mayores aclaraciones en el debate que corría. Por ello fue que el hidalguense Alfonso Cravioto, uno de los renovadores acusados, subió a la tribuna para reafirmar en otro tono la fórmula “aclaratoria”:
El día que se presentaron las renuncias de los señores Madero y Pino Suárez fue el siguiente al de [su] aprehensión y al de los fusilamientos horrendos de Bassó y de Gustavo Madero. La mayoría parlamentaria que había apoyado al presidente Madero se encontraba disgregada; unos diputados estaban presos, otros escondidos; los pocos que quedábamos logramos reunirnos en una de las calles cercanas a la Cámara para discutir qué era lo que convenía hacer. Todavía no se llegaba a un acuerdo definitivo cuando se presentó ante nosotros don Jesús M. Aguilar, pariente de Madero, y nos puso de manifiesto la situación. Madero y Pino Suárez ya habían firmado las renuncias. El cuartel general decía estar dispuesto a hacerlos salir al extranjero inmediatamente que el Congreso aceptara la dimisión; en caso contrario, si los diputados maderistas rompían el quórum o impedían por otros medios que las renuncias fueran aceptadas, entonces se procedería militarmente. Aguilar, por lo tanto, en nombre de la familia Madero, se acercaba a nosotros para suplicarnos que asistiéramos a la sesión y votásemos las renuncias […]
El discurso de Cravioto se clavó como dardo envenenado en los oídos de “los radicales”, pero la misiva que el presidente Carranza había enviado para ser leída en el Congreso en favor de los acusados dio a éstos un cierto rango de inmunidad.
En la siguiente entrega podremos saber cuál y en qué tono fue la respuesta de “los radicales”.