EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La consulta popular

Héctor Manuel Popoca Boone

Enero 16, 2016

Por invitación de mi apreciable discípula y flamante presidenta del Grupo ACA, Aleida M. Alarcón Domínguez, el miércoles pasado asistí al tradicional desayuno semanal de dicha asociación, donde el disertante fue el secretario de Planeación y Desarrollo Regional del Estado, David Guzmán, cuya plática versó sobre la realización de la consulta popular para la formulación del Plan Estatal de Desarrollo.
Están acudiendo a las diferentes regiones, escuchan y registran ponencias sobre los variados tópicos donde actúan los guerrerenses para lograr su bienestar familiar. Que en estos tiempos se sintetizan en sobrevivir, ante la violencia y delincuencia que nos azota de tiempo atrás.
¿Para qué sirve dicha consulta popular, me pregunté, si ya todos conocemos los problemas que nos aquejan de antaño, tanto en lo político, económico y social?
En primer lugar, la consulta sirve para actualizar dichos problemas y precisar si han disminuido, permanecido igual, o por el contario, han empeorado. Analizar si han cambiado las prioridades o se han acumulado otras. Por ejemplo: antes, lo principal era combatir la pobreza y la desigualdad social; ahora, además de eso, necesario es disminuir la violencia, la delincuencia y abatir la inseguridad pública.
En segundo lugar, sirve de desahogo social. Es útil como catarsis colectiva para despresurizar la tensión y la presión psíquica-social, provocada por la terrible realidad que estamos viviendo. Esta terapia grupal nos servirá bien sea para no llamar a las armas, o, será motivo para ir continuamente con el psiquiatra, por la grave depresión y frustración social que ya traemos a cuestas.
En tercer lugar, para que la consulta no tenga el triste destino de sus antecesoras, de quedar arrumbadas en el último cajón del archivo muerto gubernamental, habrá que ligar estrechamente las líneas prioritarias de acción que de ella se deriven, con el presupuesto público anual disponible. Y no caminar por diferentes carriles: donde la consulta y el plan indican lo que debe ser y el presupuesto es aplicado donde se antoja hacer. Agréguele a lo anterior, la descoordinación y simulación institucional existente de viejo cuño.
En cuarto lugar, es necesario alinear la demanda social que contendrá el Plan Estatal con el Plan Nuevo Guerrero, de índole federal, que, como todos sabemos, lleva más de dos años en operación, donde solamente los altos funcionarios de cuello blanco lo conocen pormenorizadamente. Sintonizar y armonizar los dos en uno solo, contando además con los planes de desarrollo municipal, para que los distintos órdenes de gobierno no anden cada cual por su lado, como llaneros solitarios, queriendo y no pudiendo resolver por sí mismos los ingentes problemas de estas tierras del sur profundo.
Es cierto, son tan graves y tan amplios los problemas que padecemos, que es imposible resolverlos de la noche a la mañana, ni con la harta y publicitada danza de miles de millones de pesos gubernamentales destinada a la atención del reclamo social. Pero sí podemos evitar todos que sigamos cayendo en picada libre, tal y como nos estaba sucediendo. “Guerrero nos necesita a todos”, (Héctor Astudillo, dixit).
En quinto lugar, para que la consulta valga, condición sine qua non es el cambio de hábitos y conductas en los gobernantes y sus equipos de trabajo. Es necesario que el erario público asignado al plan sea gastado en forma honesta, eficiente y eficaz. Con transparencia y con rendición de cuentas en su uso y con medición de resultados logrados. Sin que haya impunidad alguna que cubra cualquier lucro, ilícito o irresponsabilidad, individual o de grupo.
Y es ahí donde la puerca tuerce el rabo. Porque es mucho más fácil encontrar rosas en el mar que erradicar la corrupción, la dejadez, la ineptitud y las torpezas de altos burócratas y de conspicuos políticos. En fin, no nos queda más que otorgar el beneficio del “ojalá y nos vaya bonito”.
PD. Teniendo un cúmulo de pendientes legislativos que desahogar con perentoriedad, nuestros ínclitos diputados locales entraron en receso y no los veremos más sino hasta el mes de marzo. ¡Uf!