EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

La crisis política como oportunidad

Jesús Mendoza Zaragoza

Julio 31, 2006

El escenario político que se ha abierto a partir de las elecciones y de la tensa espera para que sean calificadas por el tribunal electoral, resulta inédito y, por lo mismo, está cargado de temores. Hay visos de polarización y de radicalización del conflicto suscitado entre las dos mayores fuerzas políticas que se disputan la victoria en la elección presidencial y se advierte el riesgo de que la sociedad sea arrastrada por el torbellino de la violencia en una dirección no prevista e incierta.
Tenemos que reconocer que no estábamos preparados para este escenario que a algunos empieza a asustar, pero es necesario ubicarnos dentro del proceso de transición hacia la democracia para comprender esta particular coyuntura. Después de 70 años de un régimen de partido de Estado que tenía todo bajo control, estamos aprendiendo las primeras lecciones de la democracia, que no están siendo fáciles. En estos términos, podemos entender que la confrontación que se está dando entre las principales fuerzas políticas son un resultado de carencias y vacíos en las leyes, en las instituciones y en la cultura política de los ciudadanos. Tenemos la democracia que hemos podido construir, con muchos defectos e inconsistencias.
La real dimensión de la actual crisis política hay que encontrarla entre lo que hemos hecho ya y lo que nos falta por hacer para lograr una convivencia social justa y equitativa. En el fondo de ella, tenemos que reconocer a una nación que se debate entre la miseria de muchos y la opulencia de unos pocos privilegiados, entre la avidez de una clase política miope y una ciudadanía que se va abriendo paso en términos de participación y de responsabilidad social, entre un sistema caduco que excluye a muchos de los beneficios materiales y espirituales y una nueva forma de organizar la vida pública de manera incluyente y plural. No es que un partido represente lo antiguo y otro lo nuevo, uno lo bueno y otro lo malo, uno lo justo y otro lo injusto. No, la perspectiva maniquea que se está manifestando en la vida pública –y que los partidos están alimentando– es inoportuna y peligrosa. La crisis atraviesa a la sociedad entera, a los partidos políticos, a todas las instituciones públicas y a la misma ciudadanía. Y las contradicciones reales están más allá del terreno electoral y están en todas partes.
Esta crisis política nos deja ver lo mucho que hay que transitar aún, no sólo para lograr elecciones libres de sospechas sino, sobre todo, para lograr una democracia madura y consistente. Se trata, como se suele decir en estos casos, de una crisis de crecimiento. Por lo mismo, podemos mirar nuestro momento con todas sus tensiones y sus desencuentros como una oportunidad. Sí, una oportunidad para superar concepciones estrechas de la política, que son los factores de fondo de la actual crisis político-electoral. ¡Cómo no se va a polarizar el ambiente si las fuerzas contendientes manifiestan más un interés por el poder que por el bienestar de los mexicanos! De todos, sin distinción ni exclusión. La política tiene que ser otra cosa, que atraiga la simpatía de los ciudadanos y los induzca a participar de una manera activa y que beneficie sustancialmente a todos. La política secuestrada por los políticos tiende a polarizar a la sociedad, precisamente porque la margina o la excluye.
Estamos ante una oportunidad para construir una cultura política que supere los desgastes estériles que tuvimos en el sexenio que está por terminar, cuando los intereses partidistas se impusieron y no se lograron los acuerdos necesarios para sacar adelante las reformas necesarias para el desarrollo del país con el diálogo necesario e incluyente. La política no es arrebatar ni es anular al adversario; es, más bien, ponerse de acuerdo e incluir a quienes piensan distinto. Lo malo es que, en este momento, pocos, muy pocos, azuzados por la crisis postelectoral piensan así. Y ahí, precisamente, está el problema pero, también, la oportunidad.
Estamos ante una oportunidad para que los ciudadanos crezcamos y maduremos como tales, asumiendo la responsabilidad pública que nos toca. Es la oportunidad para desarrollar la subjetividad social, es decir, el escenario donde el sujeto fundamental de la política sea la sociedad organizada alrededor de sus muchas demandas y necesidades. Una sociedad que reconoce, acota y controla a las instituciones gubernamentales y a los partidos políticos, dándoles legitimidad y autoridad en la medida en que están al servicio de la nación.
En definitiva, más que temerle a la crisis política que se está manifestando, los ciudadanos tenemos que tomar la palabra a esta oportunidad de dar un salto hacia delante en la transición hacia la democracia.