EL-SUR

Sábado 13 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La cuarta transformación en el campo

Silvestre Pacheco León

Septiembre 09, 2018

(Primera parte)

Si sólo transitar por la cañada del río Azul me produce un profundo placer, ahora, en el tiempo de lluvias, ese placer se magnifica por el verde intenso color de los sembradíos de maíz que ahora están espigando.
Milpas de tamaño uniforme, compactas, bien desarrolladas y la mayoría con más de un jilote, se ven desde la carretera.
Después de aquella sequía al principio del temporal, la lluvia ha sido benévola con las siembras y en este mes casi todos los días llueve y el crecimiento de las futuras mazorcas, las vainas de frijol y las calabazas, cuyas guías se extienden por los surcos, crecen casi a a la vista.
Pero los productos de la buena cosecha que se espera ya no son comparables con los que en el siglo pasado nos alimentaron.
El alto rendimiento que se espera de la siembra en la presente temporada se debe a la semilla mejorada en los laboratorios de las trasnacionales Bayer Crop Science, Dow Agro Science, Monsanto, Pioneer Dupont y Syngenta.
Ya casi nadie en la cañada selecciona y guarda sus propias semillas. El maíz criollo está desapareciendo, esas semillas de maíz blanco, grande y dulce propio para el pozole, los elotes y las tortillas, igual que el maíz prieto de las tortillas azules, y del colorado que se utiliza para la conserva del maíz reventado, casi todo se ha perdido.
En el medio siglo reciente las empresas trasnacionales han hecho del campo una extensión más de la industria que ahora controlan mediante la venta de semillas y paquetes de insumos y, sin saberlo, los campesinos y sus familias se han rendido a esa conquista sin oponer resistencia porque nuestros gobiernos lo han propiciado. Ahora hasta los gustos alimenticios de las nuevas generaciones dependen (dependemos) de la política trasnacional que ha dictado los gustos por los productos que ellos fabrican, y tiene ahora la llave de nuestros estómagos porque ya los productores del campo ya no cultivan para el autoconsumo.
Las milpas, como se le llama a esa variedad de plantas sembradas asociadas en un territorio llamado parcela, han dado paso al monocultivo como método de rentabilidad.
Las familias del medio rural buscan la ganancia en sus siembras a costa de todo. No les importa si sus productos resultan nocivos para la salud con el empleo de tantos insecticidas cancerígenos. Envenenan los campos y las fuentes de agua sin ninguna consideración, exactamente como lo hacen quienes cultivan enervantes.
La tierra, sus productos y el ambiente están todos envenenados como resultado de esa política atroz que en aras de la sustentabilidad buscó la rentabilidad.
Ya ninguna familia produce para el autoconsumo, todos siembran pensando en vender.
Ya no hay amas de casa que hagan nixtamal para fabricar sus propias tortillas, así que nadie se fija en la calidad del maíz que consume.
Los campesinos del siglo pasado casi todos han desaparecido y los que quedan se han modernizado empleando líquidos fumigantes costosos y a discrecionalidad para tener limpio el suelo y prevenir las plagas sembrando las semillas llamadas mejoradas resistentes a las plagas, a la sequía y a la fuerza del viento.

La morena utopía

El primer obstáculo para la idea lopezobradorista de la autosuficiencia alimentaria, son los sujetos del cambio.
No hay en el campo relevo para los campesinos que se han muerto. Sus herederos que siembran ya no piensan en al autoconsumo y el autoempleo que vivieron sus padres. Nadie quiere ser campesino porque del campo no vendrá la solución de trabajo e ingreso.
El campo como ahora se cultiva requiere del subsidio que llega de las familias que viven en el medio urbano. Así se compran los insumos y se comparte el gasto.
Junto con la política de liberalización financiera, el gobierno mexicano que sigue los dictados del Senado Virtual como lo bautizara el lingüista estadunidense Noam Chomsky, el campo se ha transformado a gusto de las empresas trasnacionales.
En el campo se ha dejado de comer sano porque sus habitantes han mudado sus gustos de acuerdo con el interés de las empresas productoras de alimentos chatarra.
Los ejotes, las calabazas con sus flores, el chipile y los quelites en general, así como las frutas y verduras de la estación, ya no están en la mesa de los campesinos. Ahora sus familias consumen como lo hacen quienes viven en las ciudades, y para eso requieren un ingreso económico que no se los proporciona su empleo en el campo. De ahí la justificación del subsidio que sigue el modelo dependiente.
El otro gran problema en la Cañada para fomentar la producción es la escasez y baja calidad del agua. Ya no hay escurrimiento superficial de agua que no esté acaparada. Las mangueras que se la llevan dejando con sed a los animales se las encuentra uno en los lugares menos pensados, por más alejando y escondidos que estén.

La regeneración de suelo

Mi propuesta ronda en la iniciativa de ofrecer desde el gobierno la opción de la producción orgánica diversificada. La producción de alimentos sanos, sin químicos ni productos cancerígenos, limpiando y cuidando la calidad del suelo, me parece que sería la verdadera revolución que espera el campo mexicano, combatiendo la contaminación y el envenenamiento del suelo al que han contribuido con una eficacia nada edificante los nefastos gobiernos que hemos tenido.
Los alimentos orgánicos que se podrían ofrecer a los habitantes de las ciudades para mejorar su calidad de vida, tienen en el mundo una demanda creciente. Para ello no se requiere mucha tierra ni el viejo método de riego por inundación. se pueden producir los mismos cultivos que se conocen aprovechando el enorme potencial de jóvenes que han ido a la escuela y tienen la facilidad de aprender a través de la internet contribuyendo a nuestra autosuficiencia y seguridad alimentaria.
En vez de subsidiar la inversión en fertilizante químico y gastar en una planta como la que se pretende instalar en suelo guerrerense para seguir contaminando, habría que promover el composteo masivo de los desechos orgánicos y pagar desde el gobierno para subsidio de los proyectos orgánicos.
Si Guerrero es campeón en la producción de frutales como coco y mango, podría serlo también en la producción orgánica de plantaciones ya establecidas de ciruela, nanche, aguacate, durazno, y en los cultivos tradicionales de maíz, chile, jitomate, cacahuate y agréguele usted los que quiera.