EL-SUR

Martes 24 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

La cultura política en Guerrero

Héctor Manuel Popoca Boone

Abril 21, 2007


Doña Virginia López Valencia tuvo a bien obsequiarnos, a los que asistimos a uno de los
talleres de la Reforma de los Poderes Públicos, una conferencia del doctor Dieter Nohlen,
donde vierte una serie de reflexiones dignas de compartir con los lectores de El Sur, en las
que me atreví hacer agregados propios.
Si no hay un fortalecimiento de la cultura democrática en Guerrero, la reforma política está
destinada al fracaso o a tener escasos resultados. El espíritu, vigencia y durabilidad en la
renovación de las instituciones están fincados en el desarrollo y fortaleza de la cultura
democrática. Sin ella, la estructura institucional estará hueca y descimentada. La cultura
política sensibiliza y cohesiona a la estructura institucional pública.
Si entendemos por cultura política el conjunto de relaciones, ideas, valores, símbolos y
normas aceptadas y acatadas por una sociedad, para resolver sus contradicciones en
forma armónica y civilizada, entonces la cultura política en Guerrero no sólo es rupestre
sino rústica, todavía.
La cultura política deviene mentalidad colectiva y compleja que adquiere sentido en un
contexto y realidad social determinada. Guía y conduce el actuar y el sentir de los actores
políticos y de los ciudadanos en conjunto. La cultura se enraíza por un proceso prolongado
de construcción y reconstrucción de conciencias públicas. Es un elemento constitutivo y
adhesivo para el desarrollo político, económico y social de un pueblo.
No hay democracia sólida ni instituciones fuertes, sin cultura política ciudadana. Lo que
tenemos en Guerrero es todavía una democracia electoral a secas. Es una democracia de
baja calidad, semi-simulada, disminuida, que no ayuda en mucho a la consolidación del
proceso democrático. Al contrario, lo obstaculiza y pervierte en los momentos definitorios de
las campañas y de los procesos electorales; incluso, envilece a las instituciones públicas.
Por eso es que la cultura democrática requiere de un esfuerzo sistemático de todos en
materia de educación política, para que no esté ni devorada o enajenada por los intereses
inconfesables de los partidos políticos y del poder público. Éste último sin sensibilidad
política, carece de aprecio y apoyo moral.
La democracia no puede desarrollarse en ambientes de cultura política de niveles bajos,
con estructuras sociales atrasadas, con mayoría de población con escasa educación y en
la pobreza, con un machismo galopante y con desigualdades sociales que no terminan de
aumentar.
También, para una buena cultura política es necesario que haya confianza en las reglas, en
las instituciones y en los líderes políticos. ¿La hay en Guerrero? En este aspecto estamos
reprobados. Sin confianza no hay legitimidad y sin legitimidad hay poca gobernabilidad. Así,
la decepción y frustración social cunden rápidamente.
Requisito indispensable es que no prevalezca la corrupción. Está visto que el sistema
político nacional en el que estamos inmersos es en esencia un sistema amoral y de
impunidad. Produce hartazgo, desafecto y deformación institucional. En esto parece ser
que somos irredentos.
La corrupción, lamentablemente, no es ajena a un sistema político de transición y es un
mal público casi imparable, incurable y creciente. Es el irresistible provecho de lo público
para intereses privados. La corrupción sofoca y corroe los fundamentos de la legitimidad
del orden democrático y por supuesto de sus instituciones.
En la cultura política democrática, aspecto consustancial es la tolerancia, puesto que
constituye la esencia del pluralismo al admitir todo tipo de ideas divergentes y corrientes
del pensamiento. El derecho de expresar las propias y oír las ajenas. Es el respeto a la
comunicación humana, que debe observarse hasta el límite que unas no dañen o
supriman a las otras. Se trata de que haya reciprocidad en la convivencia ciudadana
civilizada, sin necesariamente tener la misma opinión todos en todo.
La buena educación política incita a la conciliación. Los actores políticos, sus partidos y el
poder institucional deben de tener la capacidad de llegar a compromisos, consensos y
acuerdos no vergonzantes y sí transparentes.
Se busca más el encuentro que la confrontación. Se evitan por desgastantes y paralizantes,
la polarización y la crispación. El encuentro mutuo legitima las políticas públicas
consensuadas. Es la antítesis de un ambiente político rijoso que nulifica e inhibe el
desenvolvimiento del buen ejercicio de la política y de la democracia. El enfrentamiento nos
hace perder el tiempo miserablemente.
La cultura política, para su sana operación y superación debe ignorar el campeonato
público de mentiras y falsedades recíprocas que emiten los políticos y sus partidos. Es
práctica perniciosa a la credulidad y confianza de los ciudadanos. No en balde los políticos
ocupan uno de los últimos lugares de verosimilitud y estima en el pueblo mexicano en lo
general y en el guerrerense en lo particular.

PD1 Una gran cultura política democrática sólo puede construirse a partir de un gran
sentimiento de amor y fraternidad; y no de la codicia y ambición rastrera.
PD2. Hay que militar en la poesía; pero también en las cosas concretas: ¿Dónde está
Gabriel Cerón Silva?
PD3. Carlos Ortiz Ortiz, te vas cuando te necesitamos. Nos vemos allá, para proseguir
nuestras amenas charlas.

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