EL-SUR

Jueves 11 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La deforestación, un crimen que debemos detener

Silvestre Pacheco León

Noviembre 15, 2007

Celsa Valdovinos Ríos y Silvestre Pacheco León

En memoria de Jesús Rosas,
víctima de la atroz violencia
que no cesa.

A nombre de todas las compañeras de la sierra de Petatlán organizadas para la defensa de los bosques y la producción
sustentable, queremos darles la más cordial bienvenida y agradecerles la atención que tuvieron para nuestra convocatoria
asistiendo a este foro regional en el que esperamos encontrar personas y organizaciones que compartan nuestras
preocupaciones y acciones que ayuden a detener el deterioro ambiental que cada día es más grave.
Quienes leyeron nuestra convocatoria recordarán que en ella nos propusimos conocer más a fondo la gravedad del problema de
la deforestación en esta región.
A propósito insistimos ante las autoridades federales para que compartieran con nosotros la información que ellos tienen, con
datos y números que nos den más idea del tamaño del problema.
Pero independientemente de la respuesta que ahora tengamos del gobierno federal, nosotras hemos pensado que cada quien
desde el lugar donde vive se da cuenta de que los problemas del medio ambiente crecen todos los días y que sus efectos no
distinguen entre ricos y pobres, pobladores del campo o de la ciudad.
Con el sudor de nuestros cuerpos presente todos los días y a todas horas todos nos damos cuenta que ya estamos sufriendo el
calentamiento global porque el los efectos del daño que hemos provocado todos al planeta nos alcanzó más rápido de lo que
pensamos.
Hasta el nombre de “calentamiento global” lo hemos tenido que aprender para explicarnos la razón de que el sol caliente más
que otros años.
Allá arriba en la sierra la sed nos despertó hace quince años. Vivimos la pesadilla de sufrir por la escasez de agua, y no tuvimos
más remedio que hacer lo que estaba a nuestro alcance para detener lo que a nuestro juicio era la causa de la sequía.
Frente a nuestros ojos los bosques de pino poco a poco iban desapareciendo. Unos decían que era bueno aprovechar la
oportunidad de que hubiera compradores de la madera. Que valía la pena pelar los montes aunque nos quedáramos sin bosque
con tal de salir de pobres.
Otros decían que hasta le hace bien a los árboles nuevos que se corten los más viejos.
El hecho fue que se acabó el bosque y la gente se hizo más pobre y para colmo nos afectó a todos la sed, porque con la
deforestación el agua se fue junto con los troncos que son transportados por las carreteras.
El agua se va como llega: rápido, en cuanto cae del cielo, si no hay árboles ni plantas que la detengan.
Sin la piel verde de los árboles y plantas, la lluvia se lleva con ella lo mejor del suelo, arrastra por los ríos lo más nutritivo que da
vida en la tierra.
Sin suelo fértil donde producir, estamos condenados para siempre.
Por eso tiene importancia hablar de la deforestación, porque es un crimen que debemos detener.
Tenemos que ayudar a los pobladores del campo para que entiendan la gravedad del problema.
Nosotras en los años que llevamos de lucha organizada aprendimos que no debemos perder tiempo esperando que el gobierno
haga su parte. Lo que no seamos capaces de hacer, nadie lo hará por nosotras, por eso más nos conviene poner manos a la obra
desde ahora y desde el lugar donde cada quien vive.
Nuestros maridos hace 15 años llamaron primero al gobierno para que conociera el daño que se estaba provocando al bosque la
tala inmoderada, pero el gobierno puso oídos sordos y dejó que el problema de la escasez de agua continuara.
En vez de venir a inspeccionar el modo en que se explota la madera para asegurarse de que se cumple la ley, dejaron que los
conflictos estallaran sin mostrar ninguna preocupación. El resultado ha sido una descomposición social difícil de arreglar.
Cuando no hay agua todas las calamidades suceden: hay más enfermedades y entonces más pobreza. La gente busca el modo de
sobrevivir. Las mujeres y los niños sufrimos más el desastre porque al secarse los arroyos y los ríos, nos toca buscar el agua y
traerla de más lejos.
No quiero decirles la tristeza que se siente de ver morir de sed a los animales que no encuentran agua, y peor el sufrimiento para
los árboles y las plantas que no pueden caminar para buscarla.
En nuestra región, además de la explotación de la madera, el bosque se acaba porque los ricos prefieren potreros, quieren pasto
en vez de árboles, aunque luego las vacas se mueran de sed.
Pero el bosque sufre no nada más por obra de los ganaderos que tienen todo el apoyo del gobierno, sino también por culpa de
los campesinos que no saben ni quieren aprender otra manera de cultivar la tierra que no sea tumbando el monte y quemando.
Como echarle lumbre al monte resulta fácil y barato, todos lo hacen, aunque sepan que el daño que provocan es mayor que el
beneficio que sacan.
La ganadería y la agricultura de temporal son los principales problemas que nosotros vemos que están dañando a la tierra. Todo
eso es por la falta de educación y de conciencia en los habitantes del campo pero también se debe a la falta de aplicación de la
ley. Las leyes que protegen la biodiversidad no se aplican, porque al gobierno no le interesa aunque a eso le llaman falta de
presupuesto y de personal para vigilar y prevenir.
En estas condiciones nosotras las mujeres ecologistas de la sierra de Petatlán decidimos trabajar sin esperar el apoyo de alguien.
Lo hicimos nomás por la necesidad y la creencia de que nadie nos salvará del desastre si no somos nosotras mismas nuestras
propias salvadoras.
Empezamos por nuestra casa que es la cuenca del río Petatlán. Ahora casi todos respetamos y cuidamos los recursos naturales.
Nuestro río está limpio, cada pueblo tiene un lugar adecuado para depositar la basura. Nuestros hijos ya no son aquellos de las
resorteras que le tiran y matan todo lo que se mueva.
La reforestación la empezamos en agosto del 2003. Aprovechamos que nos regalaron los árboles en el vivero de la Sedena.
Aunque era ya la salida del temporal, no desperdiciamos la oportunidad de repoblar nuestros bosques.
Ese año sembramos 150 mil árboles de cedro rojo entre los habitantes de 8 poblados y nos preparamos con tiempo para el
siguiente año porque queríamos aumentar la cantidad de árboles sembrados.
En el año 2004 nos encontramos con la novedad de que ya no quisieron regalarnos más árboles. A ruegos conseguimos 35 mil
nuevos cedros, ya grandes porque eran las sobras en el vivero del cuartel. Así los sembramos y se lograron.
En el año 2006 de plano dejaron de surtir de plantas. El vivero de Petatlán fue clausurado y por confiarnos, nos quedamos
esperando las plantas. Ese año no pudimos proseguir con la siembra de más árboles, sólo nos dedicamos a cuidar y prevenir el
daño de los incendios formamos 8 comités de lumbreros organizados para el cuidado del bosque.
Por eso, para no estar atenidas al gobierno en el presente año nos propusimos hacer nuestro propio vivero con los recursos y
apoyos que están a nuestro alcance. Estamos reproduciendo plantas con las semillas de cedro, frijolillo, roble y cacahuananche.
De las experiencias que hemos tenido nos interesa compartir con ustedes la manera como ahora aprovechamos los recursos
naturales, con una visión nueva a la que le llamamos sustentable:
Estamos produciendo o mejor dicho, juntando semilla de árboles apreciados. La semilla la vendemos. Hasta la Conafor nos ha
comprado, a buen precio para beneficio de quienes trabajan con los árboles semilleros.
Aprendimos que es mejor cuidar los árboles para cosechar su semilla que tumbarlos para sacar madera. Así no sólo cuidamos el
suelo y el agua, sino el clima y la biodiversidad.
En nuestros traspatios estamos produciendo hortalizas orgánicas para mejorar la alimentación de las familias. Así aprovechamos
mejor el agua y el suelo y también el trabajo cooperativo de todos los miembros de la familia, lo que nos permite ahorrar dinero y
no sufrir mucho de hambre.
Lo último que hemos logrado es que ahora los campesinos ya no tienen que tumbar los árboles que sirven para los panales de las
abejas que dan la miel de palo. Nosotras estamos domesticando los enjambres y haciendo apiarios para producir más miel,
cuidando las flores de las que se alimentan las abejas.
En este año nosotras hemos oído hablar de que habrá más atención del gobierno para la recuperación del bosque. Se dice que se
apoyará a quienes siembren árboles, pero nosotras no entendemos porqué se nos niegan esos apoyos.
Dicen que dinero sí hay pero que nosotras no sabemos el camino para llegar donde está. Sin duda eso ha de pasar porque hace
unos meses iniciamos gestiones en la Conafor para que nos apoyaran. Cumplimos todos los requisitos, pero nos quedamos con
las puras ganas del apoyo porque hizo falta una firma del presidente del comisariado ejidal. En Chilpancingo rogamos y
explicamos pero de nada valió. Al funcionario no le importó la explicación ni entendió razones. El comisariado ejidal no firmó
porque lo mataron. Lo que importaba era la firma y punto. No hubo firma, no hubo apoyo.

* Mensaje de la Organización de Mujeres Ecologistas de la Sierra de Petatlán AC, en el Foro Regional sobre Deforestación y
Reforestación, el pasado 7 de julio en Petatlán.