EL-SUR

Viernes 19 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La democracia como punto de partida

Silvestre Pacheco León

Enero 29, 2024

No es un tema menor la afirmación de que la democracia es un punto de partida para realizar las grandes transformaciones sociales, y no un punto de llegada como sostiene la derecha, indicando que todo está resuelto, incluso el problema de la desigualdad que desde su punto de vista es solo un asunto de actitud porque sostiene que todas las condiciones están dadas para que quien se disponga a progresar pueda hacerlo, ya que para su modo de pensar en el mundo seguirá habiendo pobres por su propia indolencia, y que por eso hemos llegado al fin de la historia.
Son varios los teóricos y líderes de izquierda que insisten en que la conquista de la democracia es el punto de partida para iniciar los grandes cambios que requiere la sociedad, mientras que desde la derecha la democracia capitalista es la culminación de todos los cambios.
Para la izquierda la construcción de ese andamiaje superestructural del Estado es para legalizar la desigualdad que se justifica con argumentos falsos de que quienes nacieron pobres morirán igual porque se niegan a progresar.
La izquierda por su parte sostiene que los pobres y marginados a la que todo mundo trata de ocultar y que sirve para que los ricos sientan curadas sus culpas entregándoles limosnas, es la que bajo este régimen capitalista seguirá incrementándose y nunca podrá encontrar empleador ni mucho menos emplearse por su cuenta para poder salir de la pobreza por su cuenta porque así funciona la lógica del capital, por eso se debe pensar en un modelo nuevo, debatido por la sociedad como ya lo hacen en Colombia donde el Estado entrega en propiedad de las organizaciones sociales las empresas en las que trabajan como son los cooperativas de pescadores y de productores agropecuarios. La izquierda piensa en una sociedad donde no haya más pobres y que todos gocen de lo básico para emprender en igualdad de condiciones la aventura de vivir en el mundo haciendo cada quien lo que le gusta como aportación a sus semejantes.
El tema ha tomado sentido ahora que se insiste en el llamado Estado de Bienestar cuyos fundamentos se encuentran en el lema de Primero los pobres, traducido en los programas de Bienestar y en el enorme volumen de recursos públicos que se han dispersado entre millones de familias pobres como una medida de justicia histórica para los invisibilizados de siempre y que define a la izquierda que se propone darle continuidad al proyecto que encabeza Andrés Manuel López Obrador para profundizar las transformaciones que nos pondrán a la cabeza del desarrollo y será ejemplo ante el mundo del Humanismo mexicano.
La democracia como conquista social reciente constituye un punto de partida para emprender las grandes transformaciones que se traducirán en un mejor nivel de vida para todos gracias a la recuperación de las riquezas estratégicas del país que, sin demagogia, harán la felicidad del pueblo.
Para los mexicanos de mi generación que nos tocó luchar bajo el régimen del partido de Estado conocido como PRI, un partido creado y mantenido desde el poder, era como pelear contra Sansón a las patadas, sin preguntarnos si en esas circunstancias podríamos ganar y si nuestra lucha no era una causa perdida, pero nos mantenía la idea firme de que, al final, la historia nos daría la razón.
Es cierto que muchos compañeros murieron sin saber que el triunfo de la izquierda estaba a la vuelta de la esquina y a ellos debemos recordar por su entrega y generosidad que hizo posible respirar los aires de la transformación profunda que busca la justicia y equidad.
Gracias a que nunca transigimos con nuestro deseo de cambio, llegó el momento en que nuestras ideas y propuestas fueron banderas enarboladas por la mayoría que se hizo gobierno, la misma que ahora tiene la tarea de formular un mañana que sea favorable para todos.
Después de la matanza del 2 de octubre de 1968 perpetrada por el gobierno de Díaz Ordaz bajo el argumento de que la protesta estudiantil era promovida por fuerzas extranjeras que querían desestabilizar al gobierno en esa época de la Guerra Fría encabezada por Estados Unidos como representante mundial del sistema capitalista y el de la Unión Soviética como líder del sistema socialista, se veía desde el gobierno mexicano como una osadía que ese poder tan distante influyera en los jóvenes al grado de movilizar a miles que marchaban por las calles demandando democracia.
Cuando el ingeniero Heberto Castillo Martínez quien había liderado la coalición de maestros que dio respaldo al Consejo Nacional de Huelga llamó a la creación del partido Mexicano de los Trabajadores junto con el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo, el primer obstáculo que encontró fue dentro de sus propios compañeros quienes lo calificaron de “aperturo” porque quiso hacer valer la palabra de Luis Echeverría que fue quien planteó la “apertura democrática” como vía para pacificar el país que ardía en la sierra atoyaquense.
El otro día en su programa televisivo de Largo Aliento la escritora Sabina Bergman entrevistando a Paco Ignacio Taibo II repetía el dato de cómo se reparte la ganancia producida en los diversos países del mundo y resulta que en Estados Unidos la mitad de la riqueza que se produce es para los patrones y la mitad para los trabajadores, mientras que en Europa la relación es de 70 y 30 por ciento, pero México es ejemplo de donde peor les va a los trabajadores porque el dato más reciente dice que dos terceras partes de la riqueza está en manos del 10 por ciento más rico del país y el uno por ciento de los más ricos acapara más de un tercio.
Para tener mejor idea de esa desigualdad entre el número de ricos y del que no lo son tomaremos el dato que ha publicado Oxfam el año pasado (valorada en 42 billones de dólares), calculó que el uno por ciento más rico del mundo acaparó casi dos terceras partes de la riqueza generada desde el 2020 a nivel global, lo que nos da una idea de la gran desigualdad contra la que se debe luchar.
En lo único que estamos todos de acuerdo es que la democracia es una conquista reciente en el país que se asentó plenamente con el triunfo de la izquierda en las elecciones federales del 2018, pues en todas las demás se ha descubierto la presencia de un Estado faccioso que favoreció a la derecha mediante el uso de los recursos públicos y la imposición de su voluntad en cada uno de los poderes.
Algo que faltaba en el caso mexicano para dar paso al debate de las ideas en esta moderna realidad democrática por la vía de la confrontación pública entre la conferencia mañanera de López Obrador y la anunciada por Xóchitl Gálvez, que parece haberse cancelado antes de iniciar en el mes de febrero, era un acontecimiento esperado que ayudaría mucho a la politización para que la derecha vociferante pudiera armarse de intelecto para argumentar la razón de sus posturas como la de estar a favor del gobernante argentino Javier Milei y en contra de la afirmaciones del papa Francisco sobre su definición del comunismo.
Hubiera sido todo un acontecimiento que frente a los mexicanos Xóchitl Gálvez explicara la razón de estar en contra de la pensión universal, del aprovechamiento del petróleo y del rescate de la CFE y conocer su opinión sobre la política salarial de la 4T y la reivindicación de los pueblos originarios.