EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

La disputa geopolítica entre China y Estados Unidos por la crisis del COVID-19

Gaspard Estrada

Abril 15, 2020

La crisis sanitaria que vive el mundo está funcionando como un formidable acelerador de la historia. En poco más de tres meses, tres mil millones de personas, es decir, casi la mitad de los habitantes de todo el planeta, ha pasado a vivir algún tipo de aislamiento social, con el objetivo de evitar la diseminación del virus Covid-19. Si bien no estamos en tiempos de guerra, en particular en las Américas y en Europa, la situación que se vive es la de un estado de excepción, que va de la mano con una reevaluación del valor de la vida, en particular en sociedades como la europea. Sin embargo, es en el campo de las relaciones internacionales que las cosas están evolucionando con mayor transcendencia.
Contrariamente a todas las grandes crisis después de la caída del muro de Berlín, en 1989, en las cuales Estados Unidos había actuado como la potencia hegemónica, el vecino del norte está completamente rebasado por la crisis. Si bien continúa siendo la primera potencia económica y militar en el mundo, es en su territorio que se encuentra el epicentro de la pandemia en curso, en la ciudad de Nueva York, la metrópolis icónica del capitalismo estadunidense. Frente a esta situación, el gobierno comunista chino, después de haber ocultado en un primer momento la gravedad de la situación, ha pasado a usar esta pandemia como un instrumento de su política exterior. Para ello, reconvirtió parte de su aparato productivo para producir equipos médicos a gran escala, y así evitar que su economía entre en una recesión profunda y prolongada, que provocaría una onda de choque social en un país que vive una transición demográfica muy importante. En este mismo sentido, para que Pekín retome el sendero del crecimiento económico, es indispensable que el resto del planeta –en particular los países que importan sus mercancías– vuelva a crecer. Y para eso, es necesario que las crisis sanitarias y económicas sean lo más breves posibles. Pero también esta crisis es la posibilidad para el régimen chino de poner de relieve la centralidad que adquirió en el juego internacional, y en particular en las cadenas de valor en el sector de la salud. En efecto, más del 80 por ciento de las medicinas genéricas fabricadas en el mundo lo son en plantas chinas o hindúes. Más de la mitad de las máscaras utilizadas en el sector médico para protegerse contra los virus lo son en China, de la misma manera que los respiradores artificiales. Si bien la mayoría de las empresas que fabrican estos insumos son de capital extranjero, la dinámica de la globalización, tal como ha sido concebida hasta ahora, ha conducido a darle a China un papel preponderante en un sector estratégico como lo es el de la soberanía sanitaria. Y para los países que de la noche a la mañana han percibido su fragilidad, la respuesta ha sido nacional y poco coordinada, en particular Estados Unidos y la Unión Europea. Su rol como superpotencias ha sido claramente rediscutido en el aspecto sanitario.
Para salir de la crisis, queda claro que los estados deberán impulsar políticas anti cíclicas, para fomentar tanto el consumo de las familias como la reactivación del tejido económico, que será fuertemente afectado por esta crisis multidimensional. Y para ello, tener acceso a créditos será fundamental. La pregunta que muchos se hacen ahora es ver cuáles serán las estrategias tanto de Estados Unidos como de China y de la Unión Europea en este contexto. Apenas, el G-7, compuesto por Estados Unidos, Canadá y los principales países europeos, desafió al G-20, grupo donde la voz de China tiene un peso singular, al prometer reestructurar la deuda de los países más pobres del mundo en el caso que el G-20 esté de acuerdo. Para muchos países, en particular en Asia y en África, pero también en América Latina, una restructuración de la deuda es la única alternativa para financiar los programas sociales y económicos que serán imprescindibles para relanzar las economías de estos países. Falta saber si habrá disposición política de parte de China para hacerlo.

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.

Twitter: @Gaspard_Estrada