EL-SUR

Martes 27 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La disputa por la Sierra y la Montaña

Héctor Manuel Popoca Boone

Marzo 17, 2005

 

A la memoria de Don Reemberto Valdez Ortega.  

La Sierra Madre Occidental atraviesa el estado de Guerrero longitudinalmente; dividiendo y definiendo geográficamente a varias regiones surianas, entre ellas, destacadamente, la Sierra y la Montaña. Ambas por su orografía abrupta e insuficiencia de vías de comunicación han estado relativamente aisladas y marginadas. La Sierra tiene recursos naturales con penuria de aprovechamiento en unos casos, como los frutales, el café, las actividades silvo-pastoriles y minerales; o bien irracionalmente explotados como el macizo boscoso. La montaña además de la tala, la degradación geológica de sus suelos enmarcan la extrema pobreza que la caracterizan.

Lo escabroso de sus relieves y la hoy todavía endeble infraestructura carretera, han provocado durante décadas un vacío, un hoyo negro, de programas de desarrollo rural en beneficio de los serranos y montañeses que en su mayoría son ejidatarios o comuneros gracias al reparto agrario realizado principalmente en tiempos del presidente de la República, Lázaro Cárdenas del Río.

A partir de la década de los cuarenta, dado su valor económico, la explotación de los bosques deviene en la principal actividad económica en términos de mercado. El presidente de la República, Miguel Alemán, empieza a otorgar concesiones de explotación forestal por más de cincuenta años a un pequeño número de personas y empresas privadas externas a esas regiones, la mayoría de ellas ni siquiera del estado de Guerrero.

Los ejidos y los bienes comunales de ambas regiones empiezan a ver pasar su madera, cortada por los talamontes, sin recibir mayor beneficio económico que las reducidas y ridículas cuotas que les daban por derecho a explotar el monte. Ante la falta de capital y asesoramiento técnico las comunidades se convierten en rentistas de sus propios bosques, a cambio de verdaderas bicocas.

Hubo núcleos agrarios que se resistieron a ser sujetos contemplativos de la destrucción de su riqueza forestal oponiéndose a la tala inmoderada. Para los talamontes no fue obstáculo insuperable: aplicaron la máxima de corrompe, divide y vencerás. Compraron conciencias de autoridades de pueblos y servidores públicos agrarios, manipularon asambleas ejidales o comunales, provocaron conflictos inter-intra ejidales o comunales y lo más doloroso, concitaron muertes entre los propios campesinos e indígenas.

No es sino con el surgimiento de los movimientos guerrilleros encabezados por Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas en la sierra cuando el gobierno federal decide invertir en caminos y establecer, en Atoyac, el Instituto Mexicano del Café para apoyar el cultivo de ese aromático en la región. Por su parte el gobierno estatal crea la empresa pública Forestal Vicente Guerrero, que desplaza a los concesionarios forestales privados en el aprovechamiento de los macizos boscosos. A la extinción de esa empresa, con más pena que con gloria, es cuando regresa la modalidad del rentismo forestal.

A la par, en ese tiempo, cobra gradualmente auge en la Sierra la siembra de la mariguana, aprovechándose de la pobreza de los serranos y la carencia de actividades productivas rentables que les permitieran tener mayores ingresos económicos y bienestar familiar. En la década de los ochenta del siglo pasado y a consecuencia de la operación militar Cóndor de erradicación de estupefacientes en la sierra de Sinaloa, los narcotraficantes norteños encuentran en la Sierra de Guerrero, y posteriormente en La Montaña, ámbito propicio para cultivar la amapola. Así, el dinero que circuló en esas regiones, producto de esos cultivos ilícitos, supera en mucho hasta ahora, el generado por la madera, el café u otras actividades productivas rurales lícitas.

La expansión del cultivo de estupefacientes en La Montaña se da en la década de los noventas del siglo pasado. Es la región de mayor pobreza en Guerrero. Allá, en las comunidades indígenas, el narco provoca estragos en la cohesión social de las mismas; agudizándose en grado sumo lo anterior con un factor nuevo y diverso: la presencia y actuación de los partidos políticos que provocan también, pero por razones distintas, la pérdida de la identidad y unidad comunitaria indígena.

Por eso importa mucho promover y tener paz productiva en esas regiones. Tal parece que el Estado mexicano, con sus tres órdenes de gobierno, está perdiendo la batalla. La Sierra y la Montaña requieren mayor solidaridad y canalización de recursos públicos para atender todos los aspectos del desarrollo regional que propicie la reivindicación digna, social y económica de los campesinos e indígenas. Los intereses económicos del narcotráfico se vuelven cada vez más poderosos e insolentes con el correr del tiempo.

 

PD1. 1) A cambio de supuestos votos a favor de Héctor Astudillo, Juan Salgado Tenorio, secretario estatal de Desarrollo Económico dio entrada en Agroindustrias del Sur a copra acaparada por corruptos líderes priístas, auténticos coyotes de sus hermanos de clase. 2) En el 2004, en forma anómala, el secretario de Finanzas del gobierno del estado le da al pillo de Juan Salgado Tenorio dos millones de pesos para proyectos del Cecoco. Dinero que nunca llegó a ese organismo público. 3) En concordancia con la perversa estrategia electoral Faro 2005, Juan Salgado Tenorio fue uno de los principales operadores políticos de Héctor Astudillo para coordinar las actividades de los funcionarios públicos estatales a favor del derrotado candidato priísta; dedicando ilegalmente incluso tiempo, dinero y esfuerzo de carácter institucional para tal fin. 4) Efectivamente, el tristemente afamado por pasmado del huracán Paulina, Juan Salgado Tenorio es un hombre de lealtades, pero a sus inescrupulosidades, corruptelas y perversidades.

 

PD2. Es verdaderamente miope que los priístas busquen la razón de sus fracasos y derrotas en las externalidades y circunstancias ajenas a ellos mismos. Ni ciento treinta traidores pueden ser la causa del apabullante diferencial de ciento treinta mil votos en contra del PRI; eso fue obra de la mayoría del pueblo guerrerense que votó el 6 de febrero pasado. Es hora de que se atrevan a tener valor para verse en el espejo de Dorian Gray.