Florencio Salazar
Julio 28, 2025
Nada produce tanta satisfacción
como un interés general por la vida misma.
Bertrand Russell.
A veces la vida parece sin sentido. El círculo —medida perfecta de las figuras geométricas— parece rodar llena de picos destrozando todo a su paso. Por mucha que sea la distancia geográfica deleznables acontecimientos están próximos a nosotros; nos indignan y avergüenzan.
Leer la prensa, mirar videos y escuchar a comentaristas digitales, un día y otro, son testimonios de la falta de humanismo de los líderes responsables u omisos de la muerte de miles de personas pacíficas. Asumen la tragedia como éxito de sus dictados de locura.
Las naciones enfrentadas en el pasado, ahora pactan alianzas ante el distanciamiento de Estados Unidos de Europa. En caso de ser derrotada Ucrania, Rusia podría seguir con Polonia –corredor hacia Europa–, lo cual hizo Hitler después de ocupar Austria, por lo cual desató la II Guerra Mundial.
La Unión Europea se está armando a toda prisa para no requerir la intervención de Estados Unidos. Los viejos enemigos, Alemania y Gran Bretaña han firmado un acuerdo para fabricar armamento de última generación. Durante las últimas décadas, se ha mantenido la política del armamento disuasivo. Es decir, el poder nuclear que poseen las potencias aniquilaría a todos. Qué paradoja: el exceso de armas ha garantizado la paz… hasta ahora.
El alcance de las armas nucleares puede hacer de cualquier parte del globo un blanco posible.
Puede parecer descabellado afirmar que una guerra nuclear entre Estados Unidos y sus adversarios –China y Rusia– afectaría a México, pero no lo es: las radiaciones llegarían a nuestro país. Para el actual inquilino de la Casa Blanca México es un lastre. Sin embargo –nos guste o no– somos como los personajes de Fuga en cadenas porque estamos atados a nuestros vecinos del norte.
Donald Trump es el caso extraño de un Jefe de Estado que parece disfrutar abriendo frentes simultáneos, tanto en lo interno como en lo externo; en reñir con sus aliados dentro y fuera de su país. A los adversarios se les confronta uno por uno, pero no a todos al mismo tiempo, y tampoco se generaliza la pugnicidad. John Wayne podrá abatir a muchos apaches, pero esa posibilidad sólo existe en las películas, ya que un individuo —así sea hábil y diestro— por la simple suma de los contrarios, será derrotado.
En México se han emitido opiniones sobre la conveniencia de que los candidatos a la Presidencia de la República, sean sometidos a exámenes siquiátricos; lo cual se ha visto como un absurdo. Se supone que los partidos eligen a sus mejores militantes, que pasan por muchos filtros a lo largo de sus trayectorias políticas. Pese a todo, hay patologías mentales como la de los narcisistas –encubiertas en los sujetos probables–, que se caracterizan por ser excelentes comunicadores y por la severidad de sus denuncias hacia todo aquello que, en realidad, comparten.
“Resulta desconcertante para muchos –según Wikipedia– el hecho de que el narcisista suela exhibir una aparente autoestima formidable y, socialmente, aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad, con ello el narcisista esta camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima (…) Al descubrir una pésima imagen de sí mismos, se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico”.
Basta revisar algunos gobernantes para advertir decisiones deliberadamente perjudiciales para la sociedad que representan. Los narcisistas carecen de empatía y, por ello, pueden causar graves daños sin alterar un músculo de su cara. Ejemplos: Covid sin vacunas, niños con cáncer sin medicinas, separación brutal de las familias, expulsión de mano de obra necesaria, destrucción de instituciones democráticas, exigencia de subordinación absoluta y reiterada descalificación de los opuestos.
Nada de lo humano me es ajeno, dijo Publio Terencio Africano. El mundo hoy está al alcance de cualquier pantalla digital y a la velocidad del rayo nos enteramos de lo que en él ocurre. Desde la aparición del Homo sapiens se considera que han trascurridos 300 mil años. Esa larguísima evolución puede hacerse humo por la neurosis, arrebato o egolatría de cualquiera que pueda colocar los dedos en el botón nuclear.
Podemos –y debemos– poner en duda todo aquello que nos trascienda. Ese ejercicio del pensamiento es la racionalidad para decidir nuestros actos. La reflexión estimula el conocimiento para que el deseo –propio de nuestra naturaleza– nos impulse hacia la convergencia en la pluralidad, en la diversidad de lo colectivo. Dudar es no creer a ciegas, el previo para decidir y actuar. Dudar en el vacío es situarse en el vacío de la existencia.
Llenar nuestros vacíos de humanismo hará posible que nuestra especie persista. Es indispensable enfocarnos en lo que importa: el respeto a los derechos humanos con libertad y justicia. Elevemos el pensamiento. El tiempo es inacabable. Sigamos con ventura lo que venga, pensando siempre que el otro también soy yo. Todos somos uno, gregarios e individualistas, simples y com-plejos, contradictorios y lúcidos. No olvidemos: caminamos en la cuerda floja.