EL-SUR

Miércoles 28 de Septiembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

La economía de los pobres

Héctor Manuel Popoca Boone

Noviembre 19, 2016

El pasado domingo Efrén Valdez, coordinador de eventos de Movimiento Ciudadano, me invito a almorzar a la comunidad de Sal si Puedes, anexo de los Bienes Comunales de Cacahuatepec. Acepté y llegamos a la casa de un hombre de respeto en aquella zona y de experiencia grande de vida. El desayuno fue solo de convivencia social.
Camino a Sal si Puedes, Efrén me hizo la recomendación de no abordar ni opinar sobre el proyecto fallido de la presa de La Parota, para no agriar el halo de cortesía y confianza que nos brindaba el dueño de la casa, Don José F. Hernández Ángel, nuestro anfitrión, hombre mayor, recio y curtido por la vida; afable y de buena hospitalidad. En esos días tenía dolor fuerte en el corazón por el fallecimiento por cáncer de uno de sus hijos. Eso no fue óbice para atendernos como invitados distinguidos, cosa que le agradezco.
En el preámbulo y antes de pasar a la mesa, nos comentó sobre los estragos que ocasionaron en aquellos pueblos las tormentas tropicales Manuel e Ingrid, al reventarse la presa de La Venta, aguas arriba. El desbordamiento con grandes cantidades de agua acumulada, convirtió la zona en un gran lodazal, quedando los pueblos incomunicados totalmente, al haberse destruido los caminos. Las tierras de labrantío y los potreros resultaron totalmente siniestrados. Con la mortandad de los animales y sin granos de maíz, la hambruna se enseñoreó de la zona a lo largo de las riveras del río Papagayo.
En ese tema estábamos conversando, cuando llegó un hombre joven, con cachucha beisbolera. No lo reconocí porque no llevaba su afamado sombrero vaquero de fieltro negro. Era Marco Antonio Suástegui, vocero del Cecop. Se sentó a la mesa, en forma callada y sencilla; atento a escuchar lo que estaba conversando con Don José, al recordar que años atrás participamos juntos (yo como funcionario estatal y él como líder campesino) en la lucha por elevar el precio de la copra que estaba por los suelos –debido a la libre importación de aceite filipino subsidiado– y por eso los industriales del ramo la compraban a tres pesos el kilo.
La justa indignación y angustia económica orilló a los copreros de ambas costas de Guerrero a trasladarse a la Ciudad de México. Llevaron camiones tortons repletos de “gruesas” de coco para tirarlas en pleno Paseo de la Reforma; así como obsequiárselos a los transeúntes y automovilistas que transitaban por la principal avenida de la capital del país, como protesta por el precio miserable prevaleciente, el cual no alcanzaba ni siquiera para bajar los cocos de los palmares.
Pronto la charla derivó en el asunto de las “gravilleras”, explicándome ahora Marco A. Suástegui en palabras simples pero contundentes, por qué no permitían más la explotación de ese material pétreo por empresarios externos a los pueblos. “Esas empresas solo vienen a saquear nuestros recursos naturales”. “Durante años han venido con sus camiones, maquinaria pesada y grandes cribas a llevarse toneladas de piedras de río y gravilla con valores de cientos de miles de pesos mensuales, a cambio de darles a los pueblos una bicoca.” Continuó: “Si son de los pueblos esos bancos de piedra, entonces que los pueblos los trabajen y vendan el producto sin patrón alguno, aun cuando sea en forma rústica; pero le aseguro a usted que recibirán más de un peso y más empleo que lo que reciben de esas empresas que extraen todo y no dejan nada”.
Terminó diciéndome el líder de la Cecop: “Se trata de fomentar una economía humana, no depredadora, ni de lucro económico, ni de voracidad monetaria, que al final no nos deja más que pura desolación”; sorprendiéndome la claridad innata de sus aseveraciones sobre la diferencia entre economías meramente extractivistas y economías inclusivas de los pueblos.
PD. Florencio Salazar mintió a los diputados locales. El funcionamiento del hoy abandonado, Centro contra la violencia a la mujer indígena de Ayutla está normado por el acuerdo estatal publicado en el No. 38 del Periódico Oficial del Gobierno del Estado, cuyo contenido fue consensuado previamente con la señora Inés Fernández Ortega. En fin, “lo que natura non da, Salamanca non presta”.