EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

La electricidad

Silvestre Pacheco León

Enero 15, 2024

Esa forma de energía que ha cambiado tanto la vida, es de invento reciente, apenas poco más de 200 años. Pero nos hemos acostumbrado tanto a ella que a muchos les cuesta imaginar cómo era la vida sin la energía eléctrica.
La historia dice que después de que el químico y físico inglés Michael Faraday la descubrió a mediados de 1800, fue el norteamericano Thomás Alva Edison quien inventó la bombilla eléctrica que permitió alargar las noches hasta desaparecer la oscuridad porque las casas pudieron tener luz todo el tiempo y la industria funcionar ignorando la noche y el día.
Pero a pesar de los beneficios de este invento que se popularizó utilizando combustibles fósiles y la energía de las corrientes de agua y del sol y del viento, recursos que en México abundan, sus beneficios son recientes y hay pueblos que todavía siguen careciendo de este servicio a pesar de que han pasado más de 66 años desde que la industria eléctrica se nacionalizó para iluminar todo México.
En mi lugar de nacimiento, la cabecera municipal que ahora tiene 15 mil habitantes, a pesar de que la hidroeléctrica en la que mi padre trabajó está a menos de 5 kilómetros de distancia, el servicio eléctrico llegó a nuestra casa cuando yo tenía la edad de 15 años, de manera que viví y crecí con la costumbre de alumbrarnos con el mechero de petróleo y con la luz de la veladora, o de plano utilizando una raja de leño de ocote cuando no había modo de conseguir el petróleo.
El trabajo en el campo y la vida de todos se regía por la luz del sol y todos estábamos más cerca de la idea mítica y ancestral de que era el canto de los gallos en la madrugada lo que hacía salir el sol para alumbrar el día. Solo los campesinos acomodados (los que habían pasado al Norte) recuerdo que usaban reflectores de pilas para alumbrarse.
Como el servicio de la red eléctrica era un negocio privado concesionado a empresas extranjeras, estas definían su mercado a partir de las poblaciones de mayores ingresos porque su elevado precio era prohibitivo para la mayoría, pero fue durante el gobierno cardenista cuando se determinó que dicho servicio se llevara a todo el territorio nacional aún subsidiándolo.
La responsabilidad de la CFE para electrificar el país se estableció en el año 2009 y actualmente cuenta con casi 94 mil trabajadores reconocidos por el inconfundible color café con su casco amarillo como uniforme, que atienden a 46 millones de clientes cuyo número se incrementa a razón de un millón por año.
El tamaño del mercado y las materias primas abundantes para la generación de electricidad fueron siempre apetecibles para las empresas dedicadas a la generación de la energía eléctrica que fueron las primeras en establecerse en el país hasta que el presidente Adolfo López Mateos consideró la importancia de que fuera el Estado mexicano el que pudiera tener el control energético con la Comisión Federal de Electricidad y su lema “Electricidad para el Progreso de México” siempre a la cabeza.
Pero con la llegada de los panistas al poder se crearon las condiciones para la entrega de esta empresa emblemática de los mexicanos a las empresas extranjeras, pensando quizá que eso sería benéfico para el país, o más precisamente para sus bolsillos con el argumento de que nuestro método de producción era obsoleto y dañino al planeta por lo contaminante que resulta el uso del combustóleo y el gas en la generación de electricidad.
Por eso bajo la simulación de que al gobierno mexicano le interesaba ingresar a la era de la producción de las llamadas energías limpias, mucho más baratas y sostenibles, le abrió las puertas a la española Iberdrola con las más amplias facilidades para instalarse en el país con sus grandes aldeas de ventiladores gigantes para aprovechar la fuerza del viento y un mercado creciente, con clientes privilegiados que recibían el servicio a bajo costo, pero no como parte de las ventajas en su producción, sino porque se le permitía utilizar “gratuitamente” las instalaciones de la red eléctrica de la CFE.
La historia de este fraude se conoció y popularizó porque fue uno de los temas al que se dedicó mucho tiempo en las conferencias mañaneras ilustrándolo con el caso de las tarifas que pagaban las tiendas Oxxo, con impuestos menores a los que paga cualquier consumidor de una casa popular.
A esa situación hizo referencia Manuel Bartlet, el director de la CFE en su informe del 11 de enero pasado cuando en la conferencia mañanera expuso que al principio del actual gobierno se tenía una proyección “fatalista” sobre el futuro de la CFE porque del 62 por ciento de la energía que se producía, siguiendo la tendencia observada, se calculaba que al término de este sexenio la participación de la CFE en la generación eléctrica llegaría a un “intrascendente” 16 por ciento. Eso fue lo que llevó a López Obrador a tomar la decisión de rescatar la empresa encomendando semejante tarea a un viejo y rudo lobo de mar criticado por la derecha y la izquierda, ya por acusársele de su inmensa riqueza inmobiliaria acumulada desde el poder y como operador del fraude electoral que se cometió contra el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 con la llamada “caída del sistema”.
Pero a pesar de esos antecedentes el hombre cumplió con la encomienda entregando resultados positivos y palpables de su gestión que se pueden observar a simple vista en las tarifas eléctricas que no crecieron más allá de la inflación, y en tareas descomunales como su participación en Acapulco para reparar lo que el huracán Otis destruyó, desplegando a miles de trabajadores que lograron el restablecimiento del servicio eléctrico en su totalidad en diez días, una hazaña que no tiene parangón a nivel mundial, lo que nos lleva a pensar que estará también a la altura para llevar el servicio telefónico y del internet a todo el territorio nacional en este año como ha sido la orden presidencial.
Cumplido el objetivo de rescatar a la CFE mediante la inyección de recursos “sin precedentes” en mantenimiento y construcción de centrales y redes eléctricas, se revirtió la tendencia para desaparecerla y a finales del presente sexenio alcanzará la meta de producción del 54 por ciento de la energía, dejando para la participación privada el 46 por ciento, de modo que se mantenga la rectoría del Estado en esa materia.
Dentro del marco normativo que pretendía la desaparición de CFE pero “con el apoyo de los trabajadores y el respaldo social del presidente” dice el director que hoy esta empresa está en posibilidad de llevar la energía a todo el país con el menor costo posible gracias al mantenimiento y construcción de centrales y redes eléctricas con 22 proyectos que producirán mil 500 mega wats en Puerto Peñasco más 8 mil mega watts que producen las 13 plantas de Iberdrola adquiridas por el gobierno de México.
Con las llamadas alianzas estratégicas la CFE contará con siete termoeléctricas, que generarán 3 mil mega watts, dos centrales en la península de Yucatán que producirán 331 mega watts en una zona tradicionalmente abandonada.
En síntesis, se revirtió la tendencia privatizadora, se fortaleció la empresa con ingresos que crecieron en 40 por ciento disminuyendo en 19 por ciento el monto de la deuda. Creció la producción de energía limpia y mejoró la calidad del servicio, se mantuvieron estables las tarifas y se garantiza el abasto de la demanda de todos sus clientes además de estar presente sirviendo a los proyectos emblemáticos como el Tren Maya, las sucursales del Banco de Bienestar y los parques industriales del tren interoceánico.